
En noviembre de 1972 un periódico de Indiana publicaba un artículo titulado «el Prowler-Fouler puede ser peligroso». El Prowler-Fouler era la versión civil de un arma que disparaba saquetes de perdigones, fabricada por MB Associates, y se vendía como arma de defensa personal para el ciudadano corriente. Además, se vendía a pesar de las quejas de los policías de la época, que temían que acabara usándose contra ellos. 54 años después tenemos las lanzadoras Byrna, que disparan bolas del calibre .68 por aire comprimido, se venden como arma de defensa personal para el ciudadano corriente y prometen exactamente lo mismo. La idea no es nueva.
En este artículo hablaremos de un tipo de arma que se inventó hace medio siglo con una promesa, que se comprobó que no cumplía, que se retiró, que volvió mejorada, que volvió a fallar, y que ahora reaparece en el mercado civil presentada como el no va más con cifras que aporta quien la vende. En cuanto a su eficacia, la cuestión no es que no funcionen nunca, sino que no funcionan siempre, y que cuando no funcionan es justo cuando más falta hacían.
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