Cascos de combate, del acero de 1915 al corte alto. Lo que sabemos de verdad sobre cuánto protegen.

En los últimos años el casco de combate de corte alto [high cut] ─el que deja libres las orejas─ ha pasado de las unidades de operaciones especiales a la infantería de algunos ejércitos. Deja sitio para los cascos de comunicaciones y de protección auditiva, pesa menos porque tiene menos carcasa y lleva raíles para todo lo que hoy se monta en un casco. A cambio, deja sin cubrir parte de los laterales de la cabeza. ¿Importa eso? Para responder con datos y no con opiniones hay que mirar atrás, porque el dilema entre cubrir la cabeza y dejar oír al combatiente tiene más de 100 años.

En este artículo repasamos la historia del casco de combate desde 1915, lo que aportó cada modelo, lo que dicen los estudios sobre el trauma que evita un casco y cuánta cabeza cubre cada diseño. Al final vemos qué sabemos y qué no sabemos del corte alto, y hasta dónde llega la lógica cuando faltan los datos.

 

Cronología de los cascos citados en este artículo, con lo que aportó cada uno. Gráfica de elaboración propia con los datos de las referencias. Fuente: El Blog de Tiro Táctico.

 

Por qué volvió el casco en 1915.

En 1914 los ejércitos fueron a la guerra con gorras de tela y cascos de cuero. La artillería y la guerra de trincheras llenaron los hospitales de heridos en la cabeza, y en pocos meses quedó claro que hacía falta volver al casco de metal.

Francia se adelantó. La historia oficial del Cuerpo de Sanidad del Ejército de EE.UU. cuenta que el general Adrian supo de un soldado que salvó la vida porque llevaba bajo la gorra su cuenco metálico de comida. Es una anécdota, no un dato, pero explica la idea. En 1915 los franceses recibieron primero unos casquetes de acero para llevar bajo la gorra y poco después el casco Adrian, de acero fino y con una cresta en la parte superior.

Casco Adrian modelo 1915, con la cresta que lo caracteriza. Foto de Rama, licencia CC BY-SA 2.0 FR. Fuente: Wikimedia Commons.

Los británicos adoptaron ese mismo año su propio diseño, el Brodie, de acero al manganeso. Cuando EE.UU. entró en la guerra lo fabricó como M1917. Era una chapa con un 13% de manganeso y 0,89mm de espesor que tenía que detener un proyectil de pistola del .45 de 230 grains a unos 183m/s. Según la misma fuente, el casco británico tenía 2 veces la resistencia balística del francés, y hasta el armisticio se fabricaron unos 2.700.000 M1917. El Ejército estadounidense encargó además nuevos diseños a Bashford Dean, conservador de armas y armaduras del Museo Metropolitano de Nueva York, al que nombró comandante del Departamento de Material [Ordnance Department] para dirigir su unidad de blindajes. Ninguno de sus prototipos se adoptó antes del final de la guerra.

Soldados del 11.º Batallón del Regimiento de Cheshire con cascos Brodie en una trinchera alemana ocupada cerca de Ovillers-la-Boisselle, en la batalla del Somme, julio de 1916. Foto de John Warwick Brooke, Imperial War Museums (Q 3990), dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

Alemania tardó algo más. Friedrich Schwerd, de la Escuela Técnica Superior de Hannover, diseñó el Stahlhelm a partir de septiembre de 1915. Se probó en el frente en diciembre y se empleó desde febrero de 1916 en Verdún. Sus faldones bajaban hacia la nuca y hacia las orejas.

Todos estos cascos se diseñaron contra fragmentos. Según el Consejo Nacional de Investigación de EE.UU., detener un proyectil de fusil quedaba fuera de su alcance por peso, pero proteger frente a fragmentos ya justificaba dar casco a toda la tropa.

Y aquí aparece el dilema de este artículo. El faldón del Stahlhelm dificultaba oír. En agosto de 1918 el Ministerio de la Guerra alemán encargó 100.000 cascos con unas escotaduras junto a las orejas para oír mejor, según las fuentes de coleccionismo que han estudiado este modelo. No eran para llevar auriculares. Recortar el casco para oír mejor es, por tanto, una idea de 1918.

Casco alemán M1918 con las escotaduras junto a las orejas. Foto de Landskenet, licencia CC BY-SA 4.0. Fuente: Wikimedia Commons.

 

El M1 y el siglo del acero.

Entre guerras, EE.UU. buscó un casco que cubriera más, resistiera más y se sujetara mejor. La Junta de Infantería [Infantry Board] describió en 1941 el casco ideal. Debía proteger la frente sin tapar la vista, bajar por los lados todo lo que permitiera el uso del fusil y bajar por detrás todo lo posible sin que el casco se fuera hacia delante al tumbarse. Hace 85 años ya sabían que la cobertura se paga en compatibilidad con el resto del equipo y con la postura del combatiente.

El resultado fue el M1, normalizado el 30 de abril de 1941. Tenía 2 piezas, una carcasa exterior de acero Hadfield y un forro interior independiente con una suspensión adaptada de los cascos de fútbol americano de Riddell. Pesaba en total unos 1,4kg, cubría más los laterales y la nuca que el M1917 y tenía que detener el mismo proyectil de pistola del .45 a unos 244m/s. Como ese impacto abollaba mucho el acero, se dejó una separación de unos 2,5cm entre la carcasa y la cabeza. Entre agosto de 1941 y agosto de 1945 se fabricaron 22.363.015 cascos M1 ─eso sí que era fabricar en masa─.

El M1 dejó también una lección muy actual. En el norte de África, en 1943, se vio que el gancho rígido del barbuquejo no se soltaba con la onda de una explosión cercana. El casco tiraba de la cabeza con violencia y causaba fracturas y luxaciones de las vértebras del cuello. En 1944 se adoptó un cierre que se abría con una fuerza de unos 7kg.

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