Difusión de información y opinión en español relativa al combate con armas de fuego y otras cosas relacionadas (o no).
Se apunta con los dos ojos abiertos, salvo que solo tengas uno: qué se pierde, qué se compensa y por qué perder un ojo no condena a tirar peor.
Esta pregunta puede que se la haya hecho más de uno al saber que José Marcano «fanboygun» solo tiene un ojo ─literalmente─ y no es que tenga un menor rendimiento en tiro que otra cualquier persona con dos ojos.
La respuesta corta es que perder un ojo no tiene por qué suponer rendir menos. La larga es este artículo, porque hay cosas que se pierden de verdad y hay que saber cuáles son, y hay otras que casi todo el mundo da por perdidas sin que lo estén. Y hay una idea muy repetida, la de que con un solo ojo se puede competir pero no defenderse, que tampoco es así considerando los datos.
Vamos a verlo con números, que es como hay que discutir esto, y también con lo que los números no dicen, que es igual de importante.
Lo que se pierde al cerrar un ojo.
El campo visual de cada ojo no es simétrico. Según la referencia clásica de exploración clínica, hacia la sien llega a unos 100º desde el punto al que miramos y hacia la nariz a unos 60º. Con los dos ojos abiertos, ambos campos se suman y cubren unos 200º en horizontal, y en el centro se solapan unos 120º, que es la zona que vemos con los dos ojos a la vez.
Si cerramos el ojo derecho, hacia la derecha ya no vemos los 100º que ese ojo nos daba por el lado de la sien, sino los 60º que nos da el izquierdo por el lado de la nariz. Perdemos 40º de 100º hacia ese lado, un 40%. La cifra hay que tomarla con sus matices, porque el límite exterior del campo visual cambia de una persona a otra y según cómo se mida. Los manuales lo sitúan entre 90º y 100º, y hay mediciones que llegan a 110º. Con esos valores, la pérdida hacia el lado del ojo cerrado queda entre un 33% y un 45%. Sobre el total del campo visual la pérdida es menor, en torno a un 20%, porque esos 40º se restan de unos 200º.
Campo visual horizontal con los dos ojos y con uno solo, visto desde arriba. La franja de color es la que se pierde hacia el lado del ojo que falta o que se cierra. Fuente: gráfica de EBdT2 a partir de Spector (1990).
Esa es la razón principal para no cerrar un ojo, pero no es la única. Cerrar un ojo es un esfuerzo muscular que hay que mantener disparo tras disparo. La pupila de cada ojo responde también a la luz que recibe el otro, así que tapar uno no deja al que queda abierto tal como estaba. Y ver con los dos ojos mejora la capacidad de detectar imágenes débiles. Un metaanálisis de 65 estudios publicados a lo largo de más de 5 décadas sitúa esa mejora de la sensibilidad al contraste por encima de un 40% respecto a mirar con un solo ojo. Hay que tener en cuenta que esa ventaja se mide en el límite de lo que se llega a ver, con imágenes muy débiles, que es lo que más se parece a tirar con poca luz o poco contraste, y no a tirar a pleno sol contra un blanco de cartón.
Para qué sirven los dos ojos con un visor.
Hay una objeción razonable que hay que atender. Para poner un punto rojo sobre el blanco no hacen falta dos ojos, y es verdad. Un ojo lo resuelve sin problema. Pero la ventaja de los dos ojos con un visor nunca ha estado en apuntar, sino en todo lo que pasa alrededor. El tiro enfocado en el blanco, que es la base del tiro con punto rojo, se hace con la vista puesta en el blanco y con todo el campo visual disponible, y la siguiente transición se prepara con la vista antes de que la pistola llegue.
No es una idea de instructor, está en el diseño de algunos visores. Trijicon cuenta en la historia de su ACOG que a Glyn Bindon, su fundador, le rondaba desde hacía años la ventaja de mirar por un visor con los dos ojos abiertos. Con los dos ojos abiertos y una retícula bien iluminada, el ojo que mira por el visor ve la retícula y el otro ve el blanco y el fondo. Son 2 imágenes distintas, pero el cerebro las junta en una y se queda con la del visor. Bindon lo llamó concepto de puntería Bindon [Bindon Aiming Concept], y la propia empresa reconoce que no pudo patentarlo, porque no era un invento, sino una forma de funcionar del cerebro.
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