Difusión de información y opinión en español relativa al combate con armas de fuego y otras cosas relacionadas (o no).
Si solo tienes una referencia o referente, por bueno que sea, no tienes con qué contrastar y fácilmente te quedas obsoleto y sin evolucionar.
En topografía nadie es capaz de situarse en el plano con una sola dirección a un punto conocido. Una sola visual te dice hacia dónde miras, pero no dónde estás. Hacen falta al menos dos, mejor tres, para triangular la posición. Con el conocimiento pasa exactamente lo mismo. Si solo tienes una referencia o un referente, por bueno que sea, no tienes con qué contrastar lo que te han enseñado, ni forma de saber dónde estás realmente. Y el que no sabe dónde está no puede trazar rumbo a ninguna parte, por mucho que camine.
Este artículo va de los que un buen día coronaron a determinada persona como su mayor y único referente para todo lo que hacen, y desde entonces adoptan al pie de la letra todas sus enseñanzas, sin contrastarlas ni cuestionarlas, solo porque proceden de su gurú de turno. Va también de los gurús que viven de ello ─y recientemente te hablamos de uno que encaja muy bien aquí─. Y va, sobre todo, de por qué ese camino lleva derecho a la obsolescencia y a la venta de humo. No es una opinión nuestra. Es un comportamiento humano tan viejo y tan bien estudiado que tiene nombre, mecanismo y bibliografía, como vas a ver a continuación.
Cómo se corona a un gurú.
El caso típico empieza con un curso. El alumno llega sin apenas referencias previas, el instructor tiene tablas, carisma, una biografía atractiva y respuestas para todo, y el alumno sale deslumbrado ─la juventud e inexperiencia ayudan a ser deslumbrado por el ser de luz que tiene delante─. Hasta aquí nada raro. El problema empieza cuando ese alumno repite curso con el mismo instructor, y luego otro, y luego los que hagan falta, siempre con el mismo, hasta que ese instructor deja de ser una referencia y se convierte en «la» referencia. A partir de ahí ya no hay con qué comparar, sencillamente porque comparar lo cuestionaría todo.
Ese proceso no es casualidad ni tontería del alumno. Es la suma de varios mecanismos psicológicos perfectamente documentados que actúan a la vez.
El primero es el efecto halo [halo effect], descrito por Thorndike hace más de un siglo. Una cualidad llamativa de una persona ─el carisma, el currículum militar o policial, la popularidad en redes sociales─ contamina el juicio sobre todo lo demás que esa persona hace o dice. Si el instructor impresiona, sus enseñanzas parecen buenas por extensión, sin necesidad de comprobar ninguna.
El segundo es el efecto gurú [guru effect], que describió Dan Sperber en 2010. Cuando una fuente con autoridad dice algo que no llegamos a entender del todo, no concluimos que se explica mal o que aquello no tiene sentido, sino que es profundo. Juzgamos profundo precisamente lo que no hemos logrado comprender. La oscuridad inspira reverencia, y por eso la jerga rimbombante ─como hablar de hoplología─ funciona tan bien como herramienta de captación. Un ejemplo de manual lo tienes en el artículo sobre tapar el alza y el punto de mira, donde se vendía humo aprovechando la ignorancia.
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