John «Shrek» McPhee: análisis crítico de la figura, su carácter y sus métodos.

Vaya por delante que en este blog hemos traducido y publicado en su momento varios artículos firmados por John McPhee, reseñas para SoldierSystems con títulos tan llamativos como Consejos para Guerreros, Los 10 Mandamientos del Guerrero o El Minuto Loco, su famosa prueba de nivel con pistola como filtro sencillo para que cualquiera compruebe en el campo de tiro si está realmente preparado para un enfrentamiento armado. Todo eso se mantiene, porque lo importante es el contenido y no quién esté detrás, aunque no deja de ser importante.

Sin embargo, no le haríamos honor a la verdad si no te contamos las críticas sobre John «Shrek» McPhee. Nos vamos a limitar a poner sobre la mesa la información disponible para que cada uno se haga su propia composición de lugar.

 

El currículum oficial: lo que está fuera de duda

No cabe duda que John McPhee estuvo más de 20 años en el Ejército de Tierra estadounidense, pasó por el 1er Batallón de Ranger, superó la fase de selección para Operaciones Especiales y acabó destinado en lo que en EE.UU. se conoce eufemísticamente como «la Unidad» ─el 1st Special Forces Operational Detachment-Delta, o Delta Force─. Participó en operaciones en Bosnia, Afganistán e Irak. Su apodo, Shrek, ya se lo había ganado entonces, por su corpulencia, y aparece literalmente con ese alias en el libro Kill Bin Laden de Tom Greer ─que escribe con el pseudónimo Dalton Fury─, que le describe como uno de los mejores elementos de reconocimiento de la unidad en la zona de Tora Bora a finales de 2001.

Toda esa información es verificable y no se cuestiona que que estuvo en unidades de operaciones especiales y participó en muchos combates reales. El problema empieza cuando se sale de lo verificable y se entra en el territorio del relato personal, las entrevistas en podcasts millonarios, las clases de pago y los libros pendientes de plublicar.

 

Las dudas en su currículum

Hace años que en la propia comunidad de operaciones especiales estadounidense ─especialmente entre antiguos Boinas Verdes y operadores de la SMU (Special Mission Unit, eufemismo habitual para no nombrar directamente a la Delta Force)─ se vienen señalando una serie de discrepancias muy concretas en lo que Shrek cuenta sobre sí mismo. No se trata de rumores anónimos, sino que hay nombres, fechas y, en algunos casos, documentación.

  1. El rango militar. Según las investigaciones de Valhalla VFT y otros canales especializados en exponer fraudes en la comunidad de operaciones especiales, McPhee fue degradado de Sergeant Major (Subteniente) a Master Sergeant (Brigada) antes de retirarse. Sin embargo, él se presenta como Sergeant Major retirado en su biografía pública, en sus cursos y en el material promocional de SOB Tactical (Sheriff of Baghdad Tactical, su empresa de formación). Este tipo de cosas no pasan desapercibidas en EE.UU. y es lo que llaman stolen valor ─el atribuirse méritos militares no merecidos─.
  2. La etiqueta SF (OEs). La Special Forces Association ─la asociación profesional de antiguos Boinas Verdes─ le retiró la etiqueta SF tras una relación extramarital con otra militar (ambos casados en aquel momento). Que la organización profesional de tus propios compañeros te retire el distintivo de OEs no es una broma.
  3. El salto paracaidista en Irak durante la Guerra del Golfo. En al menos una entrevista pública, McPhee contaba que saltó en paracaídas sobre Irak durante la Guerra del Golfo de 1991. El problema es que durante aquella guerra no hubo ninguna operación aerotransportada estadounidense y, en cualquier caso, en aquel momento McPhee estaba aun en el curso básico de soldado. Esa parece la mentira más evidente de la que alardeó públicamente sin medir las consecuencias. Cuando mientes una vez sobre algo así, fácilmente pierdes toda credibilidad en cualquier otra cosa que puedas contar.
  4. Las misiones «en solitario». En el episodio 2238 del podcast Joe Rogan Experience y en otras apariciones similares, McPhee alardea de haber realizado «cientos» de misiones en solitario ─singleton operations─ en Irak y Afganistán, conduciendo taxis por Bagdad para mover activos de la CIA, infiltrándose en territorio talibán él solo, etc. Sus críticos en la propia comunidad SOF señalan dos detalles que le ponen en evidencia. El primero, que una persona tenga ese volumen de misiones en solitario sin acreditar formación lingüística en pastún o árabe ─algo imprescindible para infiltrarse en zona talibán o bagdadí sin levantar sospechas─ no resulta creíble. El segundo, que muchos compañeros de promoción y de unidad no respaldan ese número de misiones individuales en absoluto. La narración del «Singleton», que da título a su próximo libro y a una serie de productos asociados, ha pasado de ser un marketing a dejarle totalmente en entredicho.
  5. El AK-47 chapado en oro de Saddam Hussein. McPhee lo enseñó en directo en el podcast de Rogan y lo presenta como una pieza sustraída en 2003. Coleccionistas y veteranos del despliegue inicial en Irak han señalado que el patrón decorativo del fusil no encaja del todo con la serie documentada de armas «de palacio» de Saddam y que en el saqueo posterior aparecieron miles de fusiles dorados procedentes de los palacios, sin trazabilidad clara. La pieza puede ser auténtica o una réplica posterior. Lo que chirría es que asegure que era de Saddam Hussein y no tenga pruebas que lo respalden.
  6. Denuncias. En septiembre de 2025 el medio Havok Journal recopiló denuncias por violencia doméstica y por presuntos malos tratos a detenidos durante un despliegue. Estas acusaciones llevan años circulando en círculos cerrados y han salido a la luz a raíz de la presión mediática reciente. No hay nada firme ni está claro de qué se trata, pero no deja de arrojar más leña al fuego.

 

El personaje

A todo lo anterior se le suma una cuestión de carácter, que es lo que salta a la vista cuando Shrek habla. No es precisamente lo que se llama un «profesional discreto», que es lo que cabe esperar de cualquier ex-miembro de la Delta. Habla mucho y frecuentemente, habla mucho sobre sí mismo y descalifica a otros. Está claro que cada uno se monta su marca personal como mejor le parece, pero inevitablemente genera fricción cuando se combina con esas dudas sobre currículum que acabamos de ver.

Se le suele citar junto a Tim Kennedy ─otro exmilitar metido a influenciador, que se ha visto envuelto en su propio escándalo de stolen valor en 2025─ cuando algunos veteranos hablan de los excesos de marketing en este sector. El podcast Ones Ready, en su episodio 502 (29 de agosto de 2025), dedica una hora larga a desmontar lo que llaman el «complejo industrial del falso guerrero», con Kennedy y McPhee como ejemplos centrales. Cuando los que te critican son tus propios compañeros de profesión, y no anónimos de Internet, la cosa cambia.

Hay un fenómeno psicológico que ya hemos tratado en otro artículo, el efecto Dunning-Kruger, que ayuda a entender una parte del problema: cuanto menos se sabe, más se cree saber. Sin embargo, McPhee no es exactamente un Dunning-Kruger porque sabe del tema, ha estado en combate, sabe disparar bien y tiene experiencia enseñando a otros. Lo suyo encaja mejor con otro patrón, el del profesional con experiencia real que, una vez se monta el negocio y descubre que lo que vende mejor son las historias personales, va inflando ─consciente o inconscientemente─ el relato hasta que algo empieza a fallar.

 

Los métodos

Puede que esto sea lo único que importa realmente y desde luego lo más interesante, los métodos que vende McPhee para enseñar. Si sus métodos de enseñanza son buenos, poco importante el personaje si funcionan. Este hombre tiene cosas que sí y cosas que no, aunque aparentemente puedan funciona.

El diagnóstico por vídeo, que era el corazón de su método de enseñanza, estaba ─o está, si es que lo sigue haciendo─ bien planteado. Grababa al alumno en vídeo, lo analizaba con la herramienta Coach’s Eye ─ya desaparecida─ y le señalaba fallos de empuñe, presentación, postura y posición de la cabeza. Hasta aquí, sin duda alguna, es una metodología útil. El diagnóstico por vídeo se utiliza con buenos resultados en el mundo de los deportes desde hace décadas, y aplicarlo al tiro con armas de fuego es lógico y funciona. Otro punto a su favor es la insistencia en los principios básicos del tiro ─empuñe, postura, presentación, control del disparador─, en línea con lo que vienen enseñando Brian Enos, Rob Leatham y compañía desde principios de los años 1980.

Sin embargo, hay cosas discutibles en mayor o menor medido. Por ejemplo, lo que McPhee llama super push ─súper empuje─, su técnica estrella para la presentación, consiste en empujar exageradamente con el hombro de empuñe hacia delante para fijar la plataforma de tiro. Algunos alumnos describen una mejora inmediata. Otros instructores de prestigio señalan que es una versión exagerada de lo que ya se enseña en la posición isósceles moderna y que, aplicada literalmente, puede generar tensiones musculares innecesarias. No es ni revolucionario ni un disparate, pero la presentación marketiniana de «lo nunca visto» pone a algunos colegas suyos en pie de guerra.

Otra cosa típica de Shrek es el ejercicio de «el gatillazo es un mito». En este ejercicio, McPhee mete el mango de una llave, un destornillador, o lo que sea, dentro del guardamontes de la pistola de un alumno y le da golpes con la mano para presionar el disparador, demostrando que aún así los impactos siguen entrando dentro de una zona aceptable a 3 metros. A partir de ahí lanza la conclusión rotunda de que «sacudir el disparador es un mito» y que basta con un empuñe sólido ─no le falta razón porque el problema está en la muñeca y hay muñecazo en lugar de gatillazo─.

The Gear Bunker, en un artículo bien argumentado de enero de 2024, le rebatió esto con una pregunta: ¿qué pasa cuando ese mismo experimento se hace a 50 metros, en movimiento, a una mano, con la mano no dominante o con un blanco pegado a la cabeza de un rehén? La respuesta es que el control del disparador deja de ser un mito y vuelve a ser un principio básico. La crítica no es que el ejercicio no demuestre nada ─demuestra perfectamente que con un empuñe sólido y a corta distancia el control del disparador se vuelve menos crítico─, sino que la conclusión rotunda y generalizada es falaz. Nosotros no somos tan exquisitos y nos mola ese ejercicio.

Sin embargo, puede que lo que más se le cuestione a McPhee es la distancia de tiro habitual en sus cursos: tres yardas (poco menos de tres metros) sobre pegatinas de 7,5cm sobre blancos de cartón. La lógica que hay detrás tiene todo el sentido. A corta distancia se diagnostican mejor los fallos del tirador, porque las agrupaciones de impactos «cantan». Pero si todo el tiro se reduce a esa distancia, el alumno se va a casa con un buen empuñe y muy poca capacidad para batir un blanco a 25 metros, en movimiento o tras una cubierta. Algunos alumnos satisfechos lo reconocen al volver a casa. Otros, en cambio, se quedan convencidos de ser tiradores muy capaces porque clavan agrupaciones pequeñas en el papel a tres metros, que no deja de ser una distancia a la que todos somos snipers, incluidos los malos.

 

Por qué hay que mentir si tu método funciona

Hay una pregunta muy sencilla que se le puede hacer a cualquier instructor, que lo coloca en una posición muy incómoda ─si es el caso─: si tu método funciona tan bien como dices, ¿por qué necesitas inflar tu currículum para venderlo? Una persona que ofrece un producto que da resultados verificables convence con resultados, no con relatos de guerra inverificables ni con mentiras de ningún tipo. Cualquier otra cosa no deja de ser prostitución de la formación, fraude en el currículum, vendehúmos.

Y aquí entramos en una cuestión de especial interés. En el mundo del tiro existen dos formas serias y públicas de demostrar que se sabe disparar. Una es batir blancos bajo la presión de un cronómetro, con árbitros, con normas escritas, con resultados públicos, en una competición de IPSC o USPSA. La otra es grabarse y publicar el vídeo que expone el rendimiento propio en pruebas estandarizadas de tiro o escenarios, donde se puede ver el tiempo del cronómetro, los impactos en los blancos, las distancias, e incluso hay alguien presente que pueda contrastar los resultados. Las dos formas se pueden manipular hasta cierto punto ─con cortes de vídeo, con blancos a tres metros y demás─, pero la primera es la que realmente permite comparar en igualdad de condiciones a todos los tiradores ante el mismo escenario, el mismo cronómetro y los mismos jueces.

Lo que parece claro es que la competición no es la opción elegida por McPhee. Buscando en los registros públicos de la USPSA y en los repositorios de resultados de competiciones (PractiScore, en EE.UU., recoge prácticamente todos las competiciones a partir de cierto nivel) no encontramos a John McPhee ─igual se nos ha pasado─. En la información disponible sobre McPhee no consta que tenga la categoría de Grand Master ni de Master en ninguna de las divisiones de la USPSA, como sucede con otros instructores del estilo, como Frank Proctor (Grand Master en Limited y Master en Stock Service Pistol de la IDPA), Pat McNamara (que organizó su propio club de tiro USPSA y competía mensualmente), Mike Pannone (que compite habitualmente y publica sus resultados), Matt Pranka., Matthew Little.

Esa ausencia, por sí sola, no demuestra que Shrek sea mal tirador, ¡faltaría más! Hay buenos tiradores que no compiten, por mil razones legítimas: no les gusta el formato deportivo, no quieren exponer su nivel real, no tienen tiempo, prefieren centrarse en el negocio. Pero al combinarse con todo lo anterior plantea una cuestión interesante: si tu método te ha hecho mejor que «todo el sector de la formación táctica» y, además, has sido «uno de los mejores miembros de la Unidad», ¿por qué no vas a una competición de la USPSA a nivel local y le pasas por encima al primero del ranking? Eso cerraría muchas bocas que pueda cuestionarle tanto a él como sus métodos.

Recordemos que Jeff Cooper ─el padre del arte marcial moderno del combate con armas de fuego, fundador de la IPSC, militar de carrera con dos guerras a sus espaldas─ siempre consideró la competición «principalmente como una herramienta de investigación y como un medio para mejorar la habilidad de uno para defenderse a sí mismo y a otros en un mundo cada vez más peligroso». No era una afición, era el banco de pruebas. Y no estaba solo entonces, ni lo está ahora, al decir que los recorridos de tiro son el mejor entrenamiento para el mundo real. La excusa de «yo soy de combate, no de competición» se cae sola cuando se mira quiénes son los referentes y dónde demostraron su nivel.

Y aquí entra la cuestión de la fiabilidad como argumento. Cuando se demuestra que una persona ha mentido en cuestiones verificables ─el rango, el salto en Irak en 1991, las misiones en solitario sin idiomas─, la carga de la prueba se invierte para todo lo demás. Es lógico y razonable. Si te miente en lo fácil de comprobar, ¿qué garantiza que no te está mintiendo en lo difícil de comprobar, que es justamente todo el «secreto» de su método? Nada. Por eso un tirador que necesita mentir para ganar adeptos y dinero, en lugar de demostrar rendimiento en competiciones o en pruebas estandarizadas grabadas y publicadas con todas las condiciones a la vista, ofrece una fiabilidad muy baja como referente. Otra cosa es que algunos de sus consejos puntuales ─diagnóstico por vídeo, fundamentos básicos─ tengan utilidad por sí mismos. Pero eso es porque vienen de tipos como Brian Enos, de Rob Leatham y de toda la escuela del IPSC moderno. No es de Shrek. Shrek lo ha empaquetado y revendido bien, eso sí.

 

El negocio de la formación

Hay que tener en cuenta un par de cosas para entenderlo todo. La primera es que el sector de la formación «táctica» en EE.UU. mueve mucho dinero ─cursos de 700 a 1.500 dólares por persona, suscripciones online a 50 dólares al mes, libros, vídeos, ropa, accesorios─, por lo que la «marca personal» tiene mucho peso. El que resulta más convincente con su historia gana cuota de mercado. La segunda es que, desde hace unos años, los propios veteranos, ya hartos del «complejo industrial del falso guerrero» ─como lo llaman en el podcast Ones Ready─, empezaron a comentar públicamente lo que antes quedaba reservado a conversaciones privadas. Tim Kennedy, John McPhee y otros han sido los protagonistas de estos comentarios.

¿Quiere decir esto que todo lo que ha hecho Shrek es mentira, que sus cursos no valen nada y que sus consejos hay que tirarlos a la basura? No. Lo cortés no quita lo valiente, por lo que el hecho de que haya cosas cuestionables no implica que todo sea cuestionable. Hay cosas útiles ─como el diagnóstico por vídeo o la prueba de nivel─ y hay cosas cuestionables ─como el súper empuje como solución universal o limitarse a distancias costas con blancos reducidos─.

 

Conclusiones

La formación «táctica» tiene un grave problema con los vendehúmos y los doctores liendres. Por mucho currículum que tenga un instructor, antes de confiar en él hay que confirmar primero que las tácticas, técnicas y procedimientos (TTPs) que enseña son los que enseñan también el resto de los mejores en su disciplina, que sus historias personales se sostengan al cruzarlas con fuentes independientes ─si miente va a ser difícil darle credibilidad en algo─ y que sus métodos generen alumnos competentes en diferentes situaciones, no solo a distancias reducidas sobre blancos reducidos.

Contrastar la fiabilidad de un instructor no es una falta de respeto, es una obligación. Como decía Pat Rogers, «un tío listo aprende de sus propios errores, pero un tío inteligente aprende de los errores de los demás». Hay que saber leer las pistas para elegir bien en manos de quién te pones.

En el blog puedes encontrar artículos que tienen a John McPhee como protagonista y no solo van a seguir ahí, sino que puede haya más en un futuro. Si el contenido es útil, el currículum de la persona no es lo importante y da igual quién sea. Sin embargo, las circunstancias que hay detrás de una persona sí cambian la forma de leer al personaje. Puede que con la información disponible Shrek ya no sea el oráculo intocable que algunos pretendieron vender, ni tampoco el fraude integral que pretenden algunos de sus enemigos en YouTube. Simplemente es un señor que combatió en lugares difíciles, que sabe disparar bien, que ha construido un negocio rentable a partir de eso y que por el camino ha ido aderezando su biografía hasta el punto de que sus propios compañeros le han desmentido algunos aspectos. Ahora ya cada uno que se lo tome como quiera.

 

Referencias:

  • Havok Journal: When Valor Becomes a Lie. 15 de septiembre de 2025.
  • Valhalla VFT (canal de YouTube): vídeos de denuncia con documentación militar presuntamente acreditativa.
  • Ones Ready Podcast, Episodio 502: Tim Kennedy & Shrek McPhee: Why Stolen Valor Still Plagues Special Operations. 29 de agosto de 2025.
  • The Gear Bunker: Trigger Jerk is Not a Myth, You’re Just Compensating. Enero de 2024.
  • Joe Rogan Experience #2238 (entrevista de octubre de 2024).
  • Frontier Partisans, Notes From The Range, abril de 2024 ─AAR positivo de un curso reciente─.
  • Civilian Gunfighter, AAR Gunfighter U Online Training, septiembre de 2017.
  • Breach Bang Clear / Zero Lethal: actualización sobre Shrek McPhee, agosto de 2025.
  • South Florida Conservative: John «Shrek» McPhee vs. The Digital Firing Squad, agosto de 2025.
  • Greer, Tom (Dalton Fury). Kill Bin Laden: A Delta Force Commander’s Account of the Hunt for the World’s Most Wanted Man. St. Martin’s Press, 2008.
  • USPSA: registro público de clasificaciones y resultados de competición (https://uspsa.org/match-results-search).
  • PractiScore: repositorio público de resultados de competiciones de tiro práctico en EE.UU. (https://practiscore.com/results)