«El tiro deportivo crea malos hábitos»: otra excusa de los mediocres, que ven fantasmas donde no los hay.

Hay excusas que duran y perduran por muchas vueltas que se le den. Una de las más perennes es la de que el tiro deportivo «crea malos hábitos» para el entorno táctico. Puede que la hayas escuchado una o mil veces, o que no la hayas escuchado todavía, pero es muy habitual entre los que nunca han pisado una competición. Nos vamos a ahorrar preparar una respuesta y te traemos la respuesta en forma de ironía que nos hemos encontrado en el perfil de Instagram @tactical.wook. No tiene desperdicio.

No es la primera vez que republicamos y comentamos contenido de Instagram en esta línea. Lo hicimos con «Sí, estáis todos equivocados. El tiro práctico es el mejor entrenamiento para policías y militares» ─no veas lo que le dolió a algunos─ y lo hicimos con Matt Pranka y su «el tiro práctico y la competición no son opcionales para quienes llevan un arma como forma de vida». Y lo seguiremos haciendo mientras haga falta, que por lo visto va para largo. Aquí tienes el texto de la publicación en español: 

«El tiro deportivo me creó malos hábitos…»

La comunidad táctica me lo advirtió. Tenían razón.

Mal hábito 1. Darle a lo que apunto.

Mal hábito 2. Recargar sin quedarme mirando fijamente el arma durante cinco segundos.

Mal hábito 3. Resolver problemas contra el cronómetro en lugar de hablar de ellos en Internet.

Mal hábito 4. Medir el rendimiento con datos en lugar de con sensaciones.

Mal hábito 5. Entrenar todas las semanas en lugar de discutir sobre equipo.

Mal hábito 6. Aprender a disparar en movimiento… en lugar de quedarme parado en el umbral de una puerta porque «eso es más táctico».

Cada vez que sale el tema del tiro deportivo, alguien dice que crea «malos hábitos». Llevo años oyéndolo.

Por lo visto es un mal hábito:

    • acertar a lo que apuntas;

    • procesar la información con rapidez;

    • tomar decisiones bajo presión;

    • recargar con eficiencia;

    • hacer el seguimiento de los elementos de puntería;

    • medir tu rendimiento con objetividad;

    • entrenar con constancia;

    • aceptar la rendición de cuentas que impone un cronómetro de tiro.

Lo gracioso es que nadie es capaz de explicar nunca por qué volverse más rápido, más preciso y más responsable de tus resultados es de algún modo un lastre.

La competición no sustituye al entrenamiento táctico. Es un laboratorio de rendimiento. Expone debilidades que se pueden ocultar fácilmente cuando no hay cronómetro, ni puntuación, ni consecuencias por los errores.

Si te preocupa que la competición te haga demasiado bueno en tiro… tienes un problema muy raro.

 

Los fantasmas que solo ven los mediocres.

La lista de «malos hábitos» de la publicación es pura ironía, pero ilustra la realidad de algunos «seres de luz». Los mediocres tienen una forma muy particular de ver las cosas para poder excusarse ante sí mismos y ante los demás. Cuando el cronómetro y los blancos les dicen que no están a la altura, les quedan dos opciones, entrenar hasta estarlo o inventarse una razón por la que medirse no vale. La primera cuesta tiempo, dinero y esfuerzo. La segunda sale gratis. Por eso la segunda triunfa tanto.

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