De izquierda a derecha, 5,56x45mm, 4,6x30mm de HK, 5,7x28mm de FN y 9x19mm Parabellum. El tamaño del proyectil explica buena parte de lo que viene después (Foto: Grasyl / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).
Se ha cruzado en nuestro camino un artículo de David Fortier en Firearms News, titulado «5.7x28mm vs. 9mm — Which is Better?», en el que compara ambos cartuchos en varios aspectos ─coste, disponibilidad, variedad de cargas, recarga, velocidad, retroceso, capacidad del cargador, perforación de blindaje blando y rendimiento terminal─ para terminar quedándose con el 9 Luger si solo pudiera tener una pistola. No es ninguna novedad, ni para nosotros ni para quien lleve tiempo leyendo sobre el asunto, pero viene bien para retomar un debate que tratamos casi desde los inicios del blog y, sobre todo, para poner un par de cosas en su sitio con algo más de rigor del que suele acompañar a estas comparaciones.

Lo primero es recordar de dónde viene cada cartucho. El 5,7x28mm lo desarrolló FN a finales de los años 80 dentro de un proyecto de Arma de Defensa Personal [Personal Defense Weapon (PDW)] para la OTAN, con la idea de sustituir al 9 Luger en servicio. Aquello nunca llegó a ocurrir y el cartucho acabó en el mercado civil. Dispara un proyectil de .224 pulgadas ─el mismo diámetro que el de un 5,56─ y muy ligero, de entre 27 y 40 grains según la carga, a una velocidad alta para tratarse de una pistola. Por otra parte, el 9 Luger lo diseñó Georg Luger y lo presentó la alemana DWM en 1902, y desde entonces se ha convertido en el cartucho de pistola más extendido del mundo, adoptado por ejércitos, policías y tiradores civiles por igual. Son, por tanto, dos cartuchos con filosofías distintas y casi un siglo de diferencia entre ellos.
El FN P90, el arma para la que nació el 5,7x28mm dentro del programa PDW de la OTAN (Foto: FN Herstal).
Los aspectos menos relevantes entre calibres.
Las comparaciones entre calibres suelen desviarse hacia aspectos interesados que no son los más relevantes, tanto en un caso como en el otro. El 9 Luger gana de calle en coste, disponibilidad y variedad de cargas ─lo encuentras en cualquier sitio, en latón, acero o aluminio, en pesos que van de los 50 a los 147 grains y en casi cualquier diseño de proyectil imaginable─, y además se recarga sin problemas, algo que con el 5,7 se desaconseja porque su vaina lleva un lubricante seco para facilitar la extracción en un sistema de cierre retardado. Frente a eso, el 5,7 tiene a su favor ciertos atributos que no se le pueden negar. Su retroceso es más suave, su trayectoria muy tensa ayuda a distancias largas para una pistola y su cargador almacena más cartuchos a igualdad de tamaño, ya que la Ruger 57 lleva cargadores de 20 cartuchos de serie. También se diseñó para perforar el blindaje blando soviético, y con la carga adecuada atraviesa un nivel IIIA a más distancia que la mayoría de los 9 Luger, aunque la munición perforante no está disponible en el mercado civil, ni es su finalidad.
La FN Five-seveN, la pistola que popularizó el cartucho fuera del ámbito militar (Foto: Bruxton / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).
Fortier se extiende en su artículo al hablar de la velocidad, y ahí su propia medición resulta reveladora, porque las cargas estándar de 5,7 son más rápidas que las de 9 Luger de 115, 124 o 147 grains, pero en cuanto se baja el peso del proyectil del 9 ─con cargas de 50 a 65 grains─ la diferencia se estrecha muchísimo. Asimismo, las cargas de 5,7 que le dieron más velocidad resultaron bastante imprecisas, del orden de 4 a 6 pulgadas de agrupación a 25 yardas. Es decir, la velocidad extra se paga con dispersión, justo lo contrario de lo que uno necesita si de lo que se trata es de colocar el impacto en el blanco y no de disparar al bulto.
Todo eso está muy bien, pero no es tan relevante a la hora de decidirse por un calibre u otro para un arma de defensa. Quien compra una pistola para defenderse no lo hace por ahorrarse unos céntimos por cartucho ni por llevar 20 disparos en lugar de 17 en el cargador, sino porque espera que, llegado el caso, el disparo sirva para incapacitar a una amenaza. Y ahí es donde radica todo el debate de la comparación entre calibres.
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