
En una situación peligrosa hay solo dos cosas que puedas controlar: lo que haces y la velocidad a la que lo haces. Todo lo demás escapa a tu control. Si no tienes el control de tus actos, o dejas que agentes externos dicten la velocidad de tus actos, no haces más que reaccionar a lo que sea que te hagan. En otras palabras, siempre vas con retraso y, lo que es más importante, ¡te controlan!












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