Una visión alternativa del poder de parada [Stopping Power] de una pistola, por Greg Ellifritz. 8 de julio de 2011.

Lo que comúnmente se ha venido en conocer, en mi opinión erróneamente, como poder de parada [stopping power] constituye un tema de debate y discusión que parece no pasar de moda. Muchos se han pronunciado a este respecto, algunos inclinándose a considerar tal concepto como una realidad y otros a considerarlo sencillamente un mito. Lo cierto es que existen datos de todo tipo que permiten apoyar una y otra postura. Esos datos, que proceden de enfrentamientos armados reales, generan estadísticas a partir de las cuales se pueden extraer conclusiones condicionadas en muchos casos por la propia interpretación personal de cada autor.

Entre los varios estudios de esos datos disponibles podemos encontrar el siguiente artículo, titulado An Alternate Look at Handgun Stopping Power [una visión alternativa del poder de parada de una pistola], escrito por Greg Ellifritz y publicado con fecha 8 de julio de 2011 en la página web Buckeye Firearms Association, que hemos traducido y reproducido a continuación con autorización de Clint Lake, responsable de la citada página web.

Este artículo no descubre nada nuevo que no fuera ya conocido sino que aporta un punto de vista diferente sobre los datos recopilados personalmente por su autor a partir de enfrentamientos armados reales. Parece quedar claro que lo más importante al tratar de incapacitar inmediatamente a una persona  radica en la colocación de los impactos y que las diferencias entre calibres como el 9 Luger, el .40 S&W o el .45 ACP no resultan tan relevantes como algunos afirman. Juzga por ti mismo tras leer este artículo y si entonces todavía tienes dudas sigue el consejo del autor y realiza tu propio estudio.


Una visión alternativa del poder de parada [Stopping Power] de una pistola

8 de julio de 2011

Por Greg Ellifritz

 

Hace mucho tiempo que me interesa la cuestión del poder de parada [stopping power] de un arma de fuego. Recuerdo leer sobre este tema en la revista Handguns allá por finales de los años 1980 cuando Evan Marshall escribía artículos sobre sus estudios del poder de parada. Cuando en 1992 salió a la venta el primer libro de Marshall me lo compré inmediatamente a pesar del hecho de ser un estudiante universitario que realmente no podía permitirse los $39 que marcaba su etiqueta del precio. A lo largo de los años me compré todos los demás libros de Marshall así como cualquier otra cosa que pudiera encontrar sobre este tema. Incluso tengo un ejemplar de la primera edición del libro Gunshot Injuries [Heridas de Bala], de Louis Lagarde, publicado en 1915.

Cada fuente que leo recoge apreciaciones diferentes. Algunas fuentes afirman que los datos aportados por Marshall son brillantes. Otras sugieren que son estadísticamente imposibles. Unos abogan por balas grandes y pesadas. Otros se decantan por balas más ligeras y más rápidas. No hay ningún consenso. Cuanto más leo más confundido me encuentro.

Una cosa que recuerdo haber leído que me pareció muy lógica fue en un artículo de Massad Ayoob, en el que hizo públicos sus propios datos sobre el poder de parada, más o menos cuando Marshall publicaba su libro Handgun Stopping Power [poder de parada de una pistola]. En ese artículo Ayoob aceptaba las críticas y sugería que quien no creyera sus datos debería obtener los suyos propios y sacar sus propias conclusiones. Me pareció algo coherente así que eso fue exactamente lo que hice. Siempre tuve un ligero reparo con la metodología del trabajo de Marshall y Sanow. Por motivos de coherencia SOLO consideraron impactos sobre el torso y SOLO consideraron los casos en los que la persona recibiera un único impacto. Los casos de impactos múltiples desmontaban sus conclusiones, así que los excluyeron. Esto condujo a un porcentaje de poder de parada tan alto que no resultaba realista, porque no se tuvieron en cuenta muchos de los casos en los que no se paró a la persona. Tenía que considerar los impactos en cualquier parte del cuerpo de forma que obtuviera una visión realista del verdadero poder de parada sin importar cuántos impactos llevara conseguir parar a la persona. Así que empecé a recopilar datos.

Durante un periodo de 10 años estuve tomando nota de los resultados sobre el poder de parada de todo tiroteo que pude encontrarme. Hablé con los participantes en algún tiroteo, me leí los informes policiales, asistí a las autopsias y escudriñé los periódicos, las revistas e Internet en busca de cualquier dato fiable sobre lo que le sucedía al cuerpo humano cuando recibía un disparo.

Recopilé todos los datos que pude, anotando el calibre, el tipo de proyectil (si se sabía), dónde impactaba el proyectil y si la persona era incapacitada o no. También analicé los datos sobre víctimas mortales, tomando nota de qué proyectiles eran más propensos de producir la muerte y cuáles no. Fue un trabajo exhaustivo pero estoy contento de haberlo hecho y me alegra presentarte a continuación los resultados de mi estudio.

Antes de entrar en los detalles tengo que advertirte que no tengo ningún interés en esta guerra. No me dedico a vender munición. No recibo compensación alguna de ningún fabricante de armas o munición. Llevo muchas pistolas diferentes para defensa personal. A lo largo de las dos últimas semanas he portado una pistola calibre .22 Magnum, otra .380 Auto, un revólver .38 SPL, tres pistolas 9 mm diferentes y una .45 Auto. No pretendo convencerte de nada. Si estás contento con tu 9 mm me alegro por ti. Si crees que todo el mundo debería tener un .45 (porque no hay un .46) también me alegro por ti. Yo me limito a presentarte los datos. Si no te gustan, sigue el consejo del Sr. Ayoob y realiza tu propio estudio.

 

Algunas aclaraciones sobre terminología empleada

Puesto que se trataba de mi estudio tuve que determinar las variables a tener en cuenta y sus definiciones. Aquí tienes las variables que analicé:

  • Número de personas a las que se disparó.
  • Número de disparos que impactaron.
  • Cuántos impactos necesitó de media una persona para cesar su acción violenta o resultar incapacitado. Para este número consideré los impactos en cualquier parte del cuerpo. Para considerarse incapacitación inmediata utilicé un criterio similar al de Marshall. Si el agresor estaba golpeando o disparando a su víctima el impacto  tenía que detener inmediatamente el ataque sin que se lanzara otro golpe o se realizara otro disparo. Si la persona sobre la que se disparó se encontraba realizando la acción de correr (tanto alejándose del tirador como acercándose a él) habría de haber caído al suelo antes de recorrer 1,5 m.
  • Excluí también todos los casos de disparos accidentales o suicidios. Cada disparo analizado en este estudio se realizó durante un combate militar o un enfrentamiento con un delincuente.
  • Porcentaje de enfrentamientos armados en los que se produjeron víctimas mortales. Para ello consideré únicamente impactos sobre la cabeza o el torso.
  • Porcentaje de personas que no resultaron incapacitadas sin importar cuántos impactos recibieron.
  • Precisión. Porcentaje de impactos sobre la cabeza o el torso. Analicé este factor para comprobar si las variaciones podrían afectar al poder de parada. Por ejemplo, si con un calibre hubiera un enorme porcentaje de impactos sobre los brazos podemos esperar que el poder de parada de ese cartucho no parecería tan bueno como el de un calibre con el que la mayoría de los impactos fueran sobre la cabeza.
  • Porcentaje de incapacitaciones producidas con cada impacto calculadas a partir de dividir el número de incapacitaciones entre el número de impactos. Como en los datos de Marshall únicamente consideré los impactos sobre el torso o la cabeza para este cálculo.
  • Porcentaje de personas que fueron incapacitadas inmediatamente por un solo impacto sobre la cabeza o el torso.

Aquí están los resultados

 

Discusión

Realmente me hubiera gustado desglosar los datos individualmente según el tipo de proyectil pero no disponía de los datos suficientes como para llegar a un nivel de significado estadístico. Recopilar los datos puntuales sobre casi 1.800 enfrentamientos armados fue un trabajo duro. No podría imaginar desglosarlos más allá de lo que lo hice aquí. Asimismo creo que los datos relativos a los calibres .25, .32 y .44 Magnum han de considerarse con recelo. Sencillamente no dispongo de los datos suficientes (en comparación a los otros calibres) como para realizar una comparativa rigurosa. Incluí en mi estudio los datos de los que dispongo, pero, en realidad, ¡no creo que un .32 ACP incapacite a una persona en mayor medida que el .45 ACP!

Otra cuestión a tener en cuenta son los datos sobre el 9 mm. En un gran número (más de la mitad) de los enfrentamientos armados con pistolas calibre 9 mm, se utilizó munición blindada. Creo que eso desvirtuó negativamente los resultados del estudio. Resulta razonable esperar que la munición blindada (FMJ) no pare tan bien como un proyectil expansivo (JHP) moderno. Personalmente, creo que el 9 mm constituye un mejor parador de lo que aquí indican los números, pero puedes sacar tus propias conclusiones a partir de los datos que se presentan.

 

Algunos descubrimientos interesantes

Creo que la estadística más interesante es el porcentaje de personas que fueron incapacitadas inmediatamente por un solo impacto sobre la cabeza o el torso. No existía mucha diferencia entre calibres. Entre los calibres de defensa más comunes (.38, 9 mm, .40 y .45) había una dispersión de tan sólo ocho puntos porcentuales. No importa el calibre con el que dispares, sólo puedes esperar que poco más de la mitad de las personas a las que dispares acaben incapacitadas inmediatamente con el primer impacto.

La media de impactos hasta la incapacitación también resultó notablemente similar entre calibres. Todos los calibres de defensa más comunes requirieron aproximadamente 2 impactos de media para incapacitar. Otra cuestión a la que prestar atención aquí es lo que se refiere a la cadencia a la que se puede disparar con cada pistola.

Probablemente el .38 SPL tenga la cadencia de fuego más lenta (largo recorrido del disparador de la doble acción del revólver y un fuerte retroceso en los revólver pequeños) y el menor número de impactos hasta incapacitar (1,87). En cambio, entre los calibres más comunes, probablemente sea el 9 mm el calibre con el que se puede disparar más rápido y fue con el que se necesitaron más impactos hasta incapacitar (2,45). El .40 (2,36) y el .45 (2,08) se reparten el resto.

En mi opinion, no existe mucha diferencia entre cada uno de estos calibres. El hecho que con algunas pistolas se pueda disparar más rápido que con otras es lo único que produce la diferencia percibida en poder de parada. Si a una persona le lleva una media de 5 segundos pararse tras recibir un impacto, el defensor que dispare una pistola con un retroceso más ligero puede lograr más impactos en ese mismo periodo de tiempo. Podría ser que con menos impactos se hubiera parado igualmente al agresor (dado el tiempo suficiente), pero la capacidad para disparar más rápido desembocó en la colocación de más impactos sobre el agresor. Puede que no tenga nada que ver con el poder de parada del proyectil.

Otro dato que me lleva a pensar que la mayoría de proyectiles comúnmente utilizados para defensa tienen un poder de parada similar es el hecho por el que los cuatro tienen índices de no incapacitación muy similares. Si te fijas en el porcentaje de enfrentamientos armados que no conllevaron la incapacitación del individuo los números son prácticamente idénticos. El .38, el 9 mm, el .40 y el .45 obtuvieron todos unos índices de no incapacitación entre el 13 % y el 17 %.

Habrá quien a la vista de los datos crea «¡nos está diciendo que todos tenemos que llevar pistolas en calibre .22!», pero eso no es cierto. Aunque este estudio demuestra que los porcentajes de incapacitaciones inmediatas por un solo impacto resultan similares entre casi todos los cartuchos de pistola hay mucho más que decir. Fíjate en dos números: el porcentaje de personas no incapacitadas (sin importar cuántos impactos recibieron) y el porcentaje de incapacitaciones por cada impacto. Los proyectiles de calibres más pequeños (.22, .25, .32) obtuvieron un índice de no incapacitación casi el doble que en el caso de los proyectiles de calibres más grandes. Generalmente el porcentaje de incapacitaciones por cada impacto (para lo que consideré todos los impactos en cualquier parte del cuerpo) tiende a ser más alto a medida que el cartucho resulta más poderoso. Esto nos dice un par de cosas.

En un cierto (bastante alto) porcentaje de enfrentamientos las personas cesan sus acciones agresivas tras recibir un impacto, independientemente del calibre o la colocación del impacto. Probablemente estas personas NO resultan incapacitadas fisiológicamente por el proyectil sino que simplemente no quieren recibir otro impacto y abandonan. Llámalo incapacitación psicológica si quieres. Seguramente cualquier combinación de calibre y proyectil arrojará resultados similares en tales casos. Afortunadamente para nosotros se producen muchas de tales «incapacitaciones psicológicas».

El problema lo tenemos cuando no logremos una incapacitación psicológica. Si nuestro agresor lucha contra el dolor y continúa victimizándonos podríamos necesitar un proyectil que produzca el mayor daño posible. En esencia vamos a confiar más en una «incapacitación fisiológica» que no en una «psicológica». Para obligar físicamente a alguien a cesar en sus acciones violentas tenemos que darle en el Sistema Nervioso Central (cerebro o parte superior de la médula espinal) o provocarle una hemorragia lo suficientemente severa como para que caiga inconsciente. En eso parecen mejores los calibres más poderosos.

Otra cuestión a tener en cuenta es que la mayoría de estos enfrentamientos NO supusieron disparar a través de barreras intermedias, cubiertas/parapetos o ropa gruesa. Si en tu vida prevés tener que hacerlo (esto es, eres policía y puede que tengas que disparar a alguien en un coche), una vez más, me inclinaría hacia los calibres más grandes y poderosos.

Lo que creo que demuestran mis datos es que en la mayoría de los enfrentamientos armados la persona sobre la que se dispara simplemente abandona sin una auténtica incapacitación por el impacto. En tal caso, casi cualquier proyectil responderá satisfactoriamente. Si quieres estar preparado para poder hacer frente a una persona que no abandone tan fácilmente, o quieres disponer de un buen rendimiento incluso tras disparar a través de una barrera intermedia, yo escaparía de «pistolillas» en calibres .22, .25 y .32.

Ahora compara las cifras para los calibres de pistola con las cifras generadas por fusiles y escopetas. Para mi realmente no existe un debate sobre el poder de parada. ¡Todas las pistolas son caca! Si quieres incapacitar a alguien, ¡usa un fusil o una escopeta!

Lo que resulta más importante incluso que el calibre es la colocación de los impactos. Para todos los calibres, si desglosas las incapacitaciones en función de dónde impactó el proyectil, descubrirás cierta información de utilidad.

Impactos en la cabeza = 75% de incapacitación inmediata

Impactos en el torso = 41% de incapacitación inmediata

Impactos en las extremidades (brazos y piernas) = 14% de incapacitación inmediata

No importa el calibre que utilices, ¡tienes que impactar sobre algo importante para incapacitar a alguien!

 

Conclusión

Terminar este estudio me llevó mucho tiempo y esfuerzo. A pesar del trabajo que requirió estoy contento de haberlo hecho.

Los resultados que obtuve de este estudio me llevan a creer que realmente no existe tanta diferencia entre los proyectiles y calibres de pistola más defensivos. Ninguno constituye un rayo de la muerte, pero la mayoría funcionan adecuadamente, incluso el modesto .22.

He dejado de preocuparme por intentar encontrar el proyectil «definitivo». No existe.

Y he dejado de sentir la necesidad de aferrarme a mi .45 cada vez que salgo de casa por miedo a que mi 9 mm no tenga suficiente poder de parada [stopping power].

¡Señoras y señores, porten lo que gusten! El calibre no resulta realmente tan importante.

Echa un vistazo a los datos. Espero que te ayuden a decidir qué arma portar. No importa la pistola que elijas. Escoge una que sea fiable y adiéstrate con ella hasta que puedas conseguir impactos certeros y rápidos. ¡Además de eso realmente nada importa!

 

Greg Ellifritz es el instructor en tácticas defensivas y armas de fuego de una policía local de Ohio. Está certificado como instructor o maestro instructor en más de 75 sistemas de armas diferentes, programas formativos en tácticas defensivas y especialidades policiales. Greg tiene un máster en Gestión y Política Pública [Public Policy and Management] y es instructor tanto para la Academia de Policía de Ohio [Ohio Peace Officer’s Training Academy] como para el Tactical Defense Institute. Para mayor información o contactar con Greg visita la web de su centro de formación Active Response Training.