¿Quieres ser instructor de tiro o buscas a uno que te enseñe? ¿o en realidad solo quieres parecer instructor de tiro o buscas a uno que lo parezca?

Puede que estemos de acuerdo en que durante los últimos años se ha producido un fenómeno de proliferación de instructores y escuelas de formación, quizás en respuesta a la demanda de este tipo de servicios. Puede que tú mismo te hayas propuesto convertirte en instructor y abrir una escuela de ese tipo, o que te hayas planteado ponerte en manos de algún instructor o escuela. La cosa no es fácil, tanto si se trata de convertirte en instructor ─uno bueno, claro─, como si es cuestión de encontrar uno ─que sea bueno─. Hay instructores con vocación de servicio, pero también los hay con vocación de negocio; unos dan auténtica formación y otros se dedican a prostituir la formación. La clave es diferenciar entre lo que es un buen instructor y lo que es parecerlo, ¿pero cómo? Hay que tener claro que un instructor en parte nace y en parte se hace, es decir, tiene que contar con unas cualidades, conocimientos y experiencia ─nada nuevo que no se haya dicho ya─. Esas cualidades, conocimientos y experiencia no se consiguen poniéndose todo lo que sea táctico (botas, pantalón, cinturón) y una camiseta que lleve el rótulo «instructor» en la espalda. Y no se trata de una cuestión de experiencia nada más, porque ni siquiera con muchos años de experiencia por sí solos, se adquieren las cualidades y conocimientos necesarios para ser un buen instructor. Cualquiera no puede decir que haya certificado sus técnicas con la experiencia,  pero no es algo qu
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