
Cuando alguien carece de argumentos para defender «su opinión», enseguida aparece el tópico «todas las opiniones son respetables». En un panorama donde proliferan los vendehúmos y las sectas tácticas, ante la falta de formación y experiencia en una materia, fácilmente cada uno, no solo se crea su propia opinión, sino que la vende ─literalmente─ como válida, amparándose en que es tan respetable como cualquier otra. El problema viene cuando las opiniones son bastante absurdas o carentes de sentido, especialmente cuando pueden comprometer la seguridad de propios y extraños, como sucede al tratarse de opiniones que proponen acciones que vulneran las normas de seguridad con las armas de fuego. Tampoco es raro que alguno te salga con que «lo he investigado», e incluso hable de «estudio científico».












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