
El combate con armas de fuego constituye el arte marcial de los profesionales de las armas de fuego, y también de los no profesionales que las tienen para defenderse. Como arte marcial que es, requiere un eterno peregrinaje formativo, que tiene un comienzo, pero nunca termina. Siempre hay espacio para continuar aprendiendo y mejorando. Al fin y al cabo, lo que está en juego en un combate con armas de fuego es la propia vida, o la de terceros, así que cuanto más preparados para afrontar esa realidad mejor.
Todo combatiente con armas de fuego quiere para sí las tácticas, técnicas y procedimientos (TTPs) más eficaces, que son las que le proporcionen las mayores garantías de éxito posibles, es decir, el mejor resultado posible. No se trata de una cuestión de gustos y preferencias personales ─que en parte también─, sino de eficacia. La eficacia será lo que ayude a un combatiente a prevalecer por encima de su contrincante. Sin embargo, no podemos olvidar que ─como decía el difunto Louis Awerbuck─ la victoria en un combate es un 95% de suerte.
No importa lo mucho que te adiestres y te prepares, el resultado de un combate se basa principalmente en la suerte. Puedes hacerlo todo correctamente y, aun así, perder el combate. Murphy nunca se va de vacaciones. (AWERBUCK, Louis)
Las mejores TTPs serán aquellas que nos proporcionen los mejores resultados, pero no en el campo/galería de tiro cuadriculado, sino en la realidad a la que van dirigidas, en la cual las amenazas no son de papel, no permanecen inmóviles y no son cosas irracionales, sino otras personas que cuentan con la determinación de acabar con nuestras vidas, y las de nuestros seres queridos, utilizando todos los medios a su alcance.
Estas circunstancias plantean un panorama nada prometedor, que no hace nada fácil la instrucción y adiestramiento en este arte marcial del combate con armas de fuego. De tal modo que tan importante resulta que las TTPs sean las más eficaces, como que la metodología de instrucción y adiestramiento sea la más eficaz. En ambos casos será el resultado el que determine qué es lo más eficaz.
Curiosamente, lo que resulta más eficaz para uno, no siempre es lo más eficaz para todos, aunque suele ser así, con algunos matices, propios de la idiosincrasia de cada individuo. Por tanto, normalmente todos acabamos utilizando las mismas TTPs y las mismas metodologías de instrucción y adiestramiento. Solo tenemos que fijarnos en nuestro entorno. Por ejemplo, ¿por qué los saltadores de altura saltan de espaldas a la barra? ¿por qué la mayoría de los mejores tiradores de IPSC utilizan una posición/postura isósceles moderna o modificada? ¿por qué la mayoría de los mejores instructores de combate con armas de fuego utilizan una metodología de progresión en el adiestramiento (gatear, andar, correr)? Y un largo etcétera. La respuesta suele ser la misma: porque es lo que resulta más eficaz de lo que se conoce en ese momento.
Por decirlo de otro modo, todo consiste en lograr batir a una amenaza antes de que sea ella la que te bata a ti. Se trata de combinar velocidad y precisión, o precisión y velocidad. Como dice el dicho, «la velocidad está bien, pero la precisión es definitiva» [Speed is fine, accuracy is final] (EARP, Wyatt). Y ello hay que lograrlo en las condiciones que determine la situación táctica en la que se desarrolle el combate con armas de fuego, incluido el dichoso e inevitable «estrés de combate», que en ocasiones parece utilizarse más como una excusa del bajo rendimiento que como un factor a tener en cuenta durante nuestra instrucción y adiestramiento.
No es ningún secreto que, en general, una metodología habitual de la instrucción y adiestramiento de TTPs de combate con armas de fuego consiste en explicar, demostrar y practicar cada una de ellas e irlas asimilando poco a poco, yendo de más a menos dificultad. El instructor explica cada TTP al detalle sobre cómo ejecutarla perfectamente, cuándo está indicada, en qué situaciones, por qué resulta esa TTP eficaz, etc. A continuación, demuestra a sus alumnos cómo se ejecuta (algo imprescindible en un instructor), es decir, la ejecuta él mismo delante de sus alumnos, aún a riesgo de hacerlo peor que ellos. Todo lo demás es practicar una y otra vez. Primero bajo la atenta mirada y supervisión del instructor, que se hará valer ayudando al alumno a alcanzar el objetivo, corrigiéndole, según sea necesario, y después de forma más autónoma. A base de repetir y repetir mejoran los resultados y se podrá llegar al deseado nivel de competencia inconsciente.
Dicho así parece fácil, pero ni el papel del instructor ni el del alumno son fáciles, y solo a base de trabajo y esfuerzo pueden conseguirse buenos resultados. Y no queda ahí la cosa. El objetivo final de la instrucción y adiestramiento consiste en poder afrontar un combate con armas de fuego con las mayores garantías de éxito posibles. Esto implica que no se puede perder la vista la realidad, y el estrés de combate que la acompaña. No obstante, prepararse para afrontar ese estrés de combate no consiste en intentar reproducirlo constantemente durante la instrucción y adiestramiento, porque lo que no puedas lograr en la tranquilidad del campo/galería de tiro cuadriculado no lo vas a lograr en otras condiciones más complejas. Hay que ir paso a paso: gatear, andar, correr. Dice el refranero español «vísteme despacio que tengo prisa» (en inglés se puede escuchar algo así como «fast is smooth, smooth is fast»). La cuestión es no precipitarse y no querer correr cuando todavía no se sabe andar.
No hay que ser ningún experto en Neurociencia ni demás historias, para saber que para tener ciertas opciones de ejecutar una TTP a pesar del estrés de combate, es preciso que dicha TTP se haya convertido en una respuesta casi automática ante un determinado estímulo, como una agresión, es decir, que se reproduzca subconscientemente, sin pensar. Viene siendo algo así como cuando estás acostumbrado a conducir, que manipulas los controles del coche de forma automática, sin pensar, incluso ante una repentina situación de peligro. O como sucede con la mecanografía, que los dedos van a su sitio sin que haya que pensar en ello. Para que una TTP se ejecute subconscientemente es necesario práctica, mucha práctica, repetir y repetir correctamente. Sin embargo, primero la instrucción y adiestramiento ha de llevarse a cabo con toda la tranquilidad y calma del mundo, y, más adelante, cuando el ejecutante esté preparado, en unas condiciones que intenten reproducir el estrés de combate.
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