Si necesitas dispararle a un compañero de equipo ─o que te disparen a ti─ para demostrar o generar «confianza», el problema no es de confianza, sino de sentido común. Y ese problema no lo resuelve un chaleco blindado.
Existe una práctica que alguna unidad policial lleva a cabo ─no son equipos SWAT ni Delta Force, por ejemplo─ que consiste en disparar con munición real al pecho de un compañero protegido con un chaleco con placas balísticas. La justificación que ofrecen quienes lo practican suele girar en torno a dos argumentos: generar confianza entre los miembros del equipo y prepararse para el estrés de una situación real. Ambos argumentos son, como veremos, falaces y carentes de base científica. Vamos por partes.
El argumento de la «confianza»
La confianza entre los miembros de una unidad táctica no se construye con una bala. Se construye con cientos o miles de horas de entrenamiento conjunto, con la certeza de que tu compañero domina su trabajo, con la experiencia compartida en situaciones de alta presión ─reales o simuladas─ y con la profesionalidad demostrada día tras día. Es un proceso continuo que se forja a lo largo de meses y años.
Disparar a un compañero con chaleco blindado no demuestra confianza, sino temeridad. ¿Confianza en qué exactamente? ¿En que el chaleco funciona? Para eso existen los laboratorios de ensayo y las normas del National Institute of Justice (NIJ), que certifican la protección balística del blindaje personal sometiéndolo a un protocolo riguroso en el que se disparan al menos 6 impactos por chaleco en condiciones controladas, sobre un total de 14 juegos completos de blindaje. El NIST y el NIJ llevan desarrollando estos protocolos de ensayo desde los años 1970. El chaleco ya ha sido probado. No necesita que lo pruebes tú con un compañero dentro.
¿Confianza en el tirador? Pensemos un momento. Un tirador entrenado ─del nivel que sea─ puede fallar el disparo por una fracción de segundo, por un fallo mecánico del arma, por un movimiento involuntario del compañero o por una contracción muscular no intencionada. Recordemos lo que el Dr. Roger M. Enoka demostró en su investigación sobre contracciones musculares involuntarias: la fuerza media de una contracción involuntaria del dedo índice puede superar los 6Kg (14 libras) y en situaciones de estrés esa fuerza puede ser aún mayor. Basta con que el tirador o el compañero tengan un mal día para que el disparo vaya a donde no debe ir: al cuello, a la cara, a una extremidad, o al borde del chaleco que no cubre la protección balística.
La «confianza» que se pretende generar con este tipo de prácticas no es más que una ruleta rusa controlada. Y que salga bien 99 veces no significa que la número 100 no sea una tragedia y a ver cómo lo explicas ahora.
El argumento del «estrés real»
Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque la ciencia ya ha dicho bastante al respecto.
El entrenamiento con inoculación de estrés [Stress Inoculation Training, SIT] es un concepto desarrollado por el Dr. Donald Meichenbaum en los años 1970 y ampliamente estudiado desde entonces. Un metaanálisis del U.S. Army Research Institute concluyó que el SIT es un medio eficaz para reducir la ansiedad y mejorar el rendimiento bajo estrés. La RAND Corporation, en su estudio Enhancing Performance Under Stress: Stress Inoculation Training for Battlefield Airmen (2014), examinó la aplicación del SIT en entornos militares y confirmó que las habilidades adquiridas durante el SIT son transferibles incluso a estresores nuevos no incluidos en el entrenamiento (Driskell, Johnston y Salas, 2001).
¿Y en qué consiste el SIT? Consiste en tres fases: educación sobre el estrés y sus efectos, adquisición y ensayo de habilidades de afrontamiento, y aplicación progresiva en condiciones que se aproximan gradualmente al entorno real. Nótese la palabra clave «progresiva». No consiste en pasar de cero a «que te disparen con munición real». Consiste en exponer al individuo a niveles crecientes de estrés en un entorno controlado y seguro, de tal forma que el cerebro vaya creando puntos de referencia ─como explicaba Ken J. Good en su artículo sobre el Ciclo OODA─ que le permitan orientarse y tomar decisiones eficaces en una situación real.
Los ejercicios de doble acción [force-on-force] con armas marcadoras (Simunition, UTM), los simuladores de realidad virtual, los escenarios con figurantes, el uso de «efectos especiales», las restricciones temporales, la fatiga física inducida ─todo eso genera estrés real y medible sin poner en peligro la vida de nadie─. Eso es inoculación de estrés. Eso funciona.
Disparar a un compañero con munición real no inocula estrés. Genera un riesgo innecesario que, en caso de salir mal, no crea un combatiente más resistente, sino un compañero herido ─o muerto─ y un equipo marcado por la desgracia. No inocula nada que no puedas inocular por otros medios mucho más seguros y eficaces.
¿Quién hace esta prueba de confianza y quién no? ¿están más preparados por esa prueba?
Aquí viene la parte reveladora. Las unidades con mayor actividad operativa y experiencia real en combate del mundo no parece que practiquen esta aberración. Por ejemplo, la poco conocida por sus escasas acciones en combate ─nótese la ironía─ Delta Force (1st SFOD-D) no dispara a sus miembros con chaleco blindado como prueba de confianza.
DEVGRU (SEAL Team Six), la contrapartida naval de Delta Force, sigue un modelo de entrenamiento similar, con un énfasis brutal en la habilidad de tiro y en los ejercicios de doble acción.
El Dallas SWAT, una de las unidades tácticas policiales con más actividad operativa de Estados Unidos, entrena con escenarios realistas, simulaciones de estrés y ejercicios de doble acción con munición marcadora.
Ninguna de estas unidades ─que tienen muchísima experiencia real de combate─ necesita disparar a un compañero con chaleco blindado para generar confianza o inocular estrés. Y si algunas de las mejores unidades especiales del mundo no lo hacen, ¿por qué lo hacen otras? Pues puede ser que confundan la temeridad con la preparación, el espectáculo con el entrenamiento y el riesgo innecesario con el valor, además de seguir el mantra «porque siempre se ha hecho así».
Lo que realmente demuestra esta práctica
Dispararle a un compañero con chaleco blindado no demuestra confianza. No inocula estrés de forma eficaz. No desarrolla ninguna habilidad táctica. No mejora la capacidad de combate del equipo. Y no es una práctica respaldada por la evidencia científica sobre la preparación para situaciones de alto estrés.
Lo que sí demuestra es lo siguiente:
- Ignorancia sobre la inoculación de estrés. El SIT se basa en la exposición gradual y controlada, no en la exposición directa a un riesgo letal. Meichenbaum lo definió como «un conjunto de principios generales, no un conjunto de intervenciones enlatadas». Disparar a alguien con munición real no es inoculación de estrés; es jugar a la ruleta rusa con más de una bala en el tambor.
- Ignorancia sobre la gestión de riesgos. Todo entrenamiento militar o policial implica aceptar cierto nivel de riesgo. Pero ese riesgo debe estar justificado por un beneficio operativo que no pueda obtenerse por otros medios más seguros. En este caso, el beneficio ─si es que existe─ puede obtenerse sobradamente con ejercicios de doble acción, simuladores y escenarios realistas, sin poner en peligro la vida de nadie.
- Cultura del espectáculo por encima de la eficacia. Este tipo de prácticas suelen darse en unidades que buscan proyectar una imagen de «dureza» y «élite» que no se corresponde con su actividad operativa real. Las unidades verdaderamente operativas no necesitan hacer circo para demostrar lo que son. Lo demuestran con su trabajo.
¿Qué beneficios ofrece esa prueba de confianza?
La pregunta obvia para evaluar esa práctica temeraria es: después de recibir un disparo en el chaleco blindado, ¿en qué es mejor ese miembro de la unidad? ¿Qué habilidad ha adquirido? ¿Qué capacidad táctica ha desarrollado que no tuviera antes? ¿Dispara más rápido? ¿Es más preciso? ¿Toma mejores decisiones bajo presión? ¿Se comunica mejor con su equipo? ¿Se mueve mejor en un edificio?
Se percibe que la respuesta es: en absolutamente nada.
Recibir un disparo en el pecho protegido por un chaleco blindado no te enseña a disparar, ni a moverte, ni a tomar decisiones, ni a comunicarte, ni a resolver un problema táctico. No desarrolla ninguna de las habilidades que necesitas en un combate o enfrentamiento real. Lo único que «aprendes» es que recibir un tiro duele ─algo que ya sabías o deberías saber sin necesidad de comprobarlo─ y que el chaleco funciona ─algo que el fabricante y el NIJ ya han certificado por ti─.
Pensemos en ello con un mínimo de lógica. Imagina dos miembros de una unidad del mismo nivel que se someten a programas de entrenamiento diferentes durante un período de tiempo determinado. El primero dedica esa sesión a recibir un disparo en el chaleco. Lo recibe, lo nota más o menos, puede que le quede un moratón de recuerdo, termina la sesión y se va a casa tranquilamente. El segundo dedica esa misma sesión a un ejercicio de doble acción con munición marcadora (Simunition o UTM) contra un figurante que le devuelve los tiros, en un escenario que le obliga a tomar decisiones de tiro/no tiro, a desplazarse bajo presión, a comunicarse con su compañero y a resolver un problema táctico variable. ¿Cuál de los dos sale mejor preparado para una situación real? La respuesta es tan evidente que no deja lugar a dudas.
El miembro de la unidad que ha hecho el ejercicio de doble acción ha entrenado habilidades reales: observación, orientación, toma de decisiones y acción ─las cuatro fases del Ciclo OODA─. Ha tenido que gestionar el estrés de que le devolvieran los tiros. Ha tenido que identificar amenazas, evaluar el entorno, seleccionar blancos, ejecutar disparos precisos bajo presión y adaptarse a una situación dinámica. Todo eso son habilidades transferibles directamente a un enfrentamiento real.
El miembro de la unidad que ha recibido un tiro en el chaleco puede que haya pasado algo de miedo. Punto. No ha tomado ninguna decisión táctica. No ha tenido que disparar. No ha tenido que moverse. No ha tenido que pensar. Ha sido un blanco estático y pasivo. Ha hecho exactamente lo contrario de lo que necesita hacer en un combate real, donde su supervivencia depende de ser activo, rápido, preciso y capaz de tomar buenas decisiones.
Y aquí está la ironía. Si alguien cree que esa supuesta «prueba de confianza» prepara a un miembro de una unidad para el estrés de recibir un impacto en combate, está admitiendo implícitamente que su plan incluye recibir disparos. Las unidades de élite no entrenan a su gente para recibir disparos. Entrenan a su gente para no recibirlos ─moviéndose, usando cubierta, dominando el ciclo OODA, disparando antes y mejor que el adversario─. El objetivo del combate no es recibir impactos, sino evitarlos e hacerlos. Si tu modelo de entrenamiento se basa en acostumbrarte a que te peguen un tiro, tu modelo de entrenamiento está totalmente equivocado.
Un miembro de Delta Force, de DEVGRU, del Dallas SWAT o de cualquier unidad con mucha actividad operativa no es mejor por haber recibido un disparo en el pecho durante el entrenamiento. Es mejor porque ha dedicado miles de horas a perfeccionar las habilidades que realmente marcan la diferencia: tiro rápido y preciso, toma de decisiones bajo presión, trabajo en equipo, tácticas de entrada y limpieza de habitaciones, comunicación, y gestión del estrés mediante exposición progresiva y controlada. Eso es lo que separa a un profesional de un aficionado con chaleco blindado.
Referencias
- MEICHENBAUM, Donald H. Stress inoculation training: A preventative and treatment approach. In: WOOLFOLK, R.L. y SIME, W.S. (Eds.). Principles and Practice of Stress Management (3.ª ed.). New York: Guilford Press; 497-518, 2007.
- MEICHENBAUM, Donald H.; DEFFENBACHER, Jerry L. Stress inoculation training. The Counseling Psychologist, 16(1), 69-90, 1988.
- ROBSON, Sean; MANACAPILLI, Thomas. Enhancing Performance Under Stress: Stress Inoculation Training for Battlefield Airmen. RAND Corporation. Santa Monica, CA, 2014. Disponible en: https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/research_reports/RR700/RR750/RAND_RR750.pdf
- DRISKELL, James E.; JOHNSTON, Joan H.; SALAS, Eduardo. Does stress training generalize to novel settings? Human Factors, 43(1), 99-110, 2001.
- National Research Council. Testing of Body Armor Materials: Phase III. Washington, DC: The National Academies Press, 2012. doi: 10.17226/13390. Capítulo 8: Medical Basis for Future Body Armor Testing.
- ENOKA, Roger M. Involuntary Muscle Contractions and the Unintentional Discharge of a Firearm. Law Enforcement Executive Forum, 13 de febrero de 2003.
- NIST / NIJ. How Do You Test Body Armor? 2025. Disponible en: https://www.nist.gov/how-do-you-measure-it/how-do-you-test-body-armor
- PubMed (2024). Impact Location Dependence of Behind Armor Blunt Trauma Injury Assessed Using a Human Body Finite Element Model.
- GOOD, Ken J. ¿Tienes un segundo? El Ciclo OODA de Boyd en el entorno de combate cercano (CQB). Progressive Combat Solutions LLC, 2000. Traducción disponible en: https://tirotactico.net/2012/07/01/1939/




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