Contracciones musculares involuntarias y la descarga involuntaria de un arma de fuego. Por el Dr. Roger M. Enoka.

Mantén el dedo fuera del disparador hasta que los elementos de puntería estén sobre el blanco y realmente vayas a disparar.

La tercera norma de seguridad con las armas de fuego reza «mantén el dedo fuera del disparador hasta que los elementos de puntería estén sobre el blanco y realmente vayas a disparar». Tiene su origen en la relación entre descargas involuntarias de un arma de fuego y contracciones musculares involuntarias, siendo uno de los autores más conocidos y citados sobre esta cuestión el Dr. Roger M. Enoka, que ─entre otros trabajos relacionados─ en febrero de 2003 publicó su artículo Contracciones musculares involuntarias y la descarga involuntaria de un arma de fuego [Involuntary Muscle Contractions and the Unintentional Discharge of a Firearm], cuya traducción se reproduce a continuación con la autorización del propio Dr. Enoka.

Esas contracciones musculares involuntarias se deben a la interacción o efectos entre extremidades, en inglés interlimb effects o interlimb interaction. Alguno ha venido en llamarlo efecto interlimb, pero sin duda resulta más adecuado utilizar el término en español, el cual resulta más explicativo y evita que alguien pueda creer que esta interacción o efectos entre extremidades guarde alguna relación con el sistema límbico o los limbos cerebrales, lo cual el propio Dr. Enoka nos ha desmentido al preguntarle directamente al respecto.

EBdT2: «Creemos estar en lo cierto al entender que la palabra «limb» se refiere a brazo o pierna a lo largo de todo su artículo y no tiene nada que ver con el cerebro o el Sistema Nervioso Central. Se lo preguntamos porque hay quien ha creído que «limb» significa «una de las partes del cerebro» o que guarda relación con el «sistema límbico». Asimismo, nos gustaría preguntarle si las contracciones musculares involuntarias que ha estudiado tienen algo que ver con el cerebro o el sistema límbico. Nos referimos a si esa contracción muscular involuntaria tiene su origen en el cerebro o el sistema límbico, o se trata únicamente de una consecuencia de los nervios que enlazan los músculos».

Dr. Enoka: «Sí, limb significa brazo o pierna. No se refiere al sistema límbico. Por definición, una contracción involuntaria puede implicar cualquier parte del sistema nervioso, excepto aquella necesaria para generar una activación voluntaria (es decir, la corteza motora)».


Contracciones musculares involuntarias y la descarga involuntaria de un arma de fuego

Dr. Roger M. Enoka, Catedrático del Departamento de Fisiología Integrativa de la Universidad de Colorado (EE.UU.) (traducido por Jorge Tierno Rey)

Cuando el dedo índice actúa sobre el mecanismo de disparo de un arma de fuego y se produce la descarga, tal acción suele ser voluntaria. Sin embargo, en determinadas circunstancias esta acción puede producirse incluso aunque la persona que empuña el arma de fuego no lo pretenda. Dado que resulta muy difícil simular dichas circunstancias en un laboratorio, no existen estudios científicos que analicen específicamente las descargas involuntarias de un arma de fuego. No obstante, existe suficiente información en la literatura científica para ayudarnos a entender las razones fisiológicas de la descarga involuntaria de un arma de fuego. El propósito de este texto consiste en describir tanto la base fisiológica de este fenómeno como los factores en los que los instructores de tiro podrían basarse para minimizar su ocurrencia.

¿Cómo es posible que la persona que empuña un arma de fuego realice una descarga involuntaria? La respuesta es que los músculos que se encargan de mover el dedo índice y así presionar el disparador lo hacen sin que el individuo se dé cuenta de que esto sucede. Para un fisiólogo esto no resulta tan inusual, dado que las personas no son conscientes de la mayoría de las acciones musculares que realizan durante las actividades de la vida diaria. Cuando se activa un músculo mediante una orden directa del cerebro, la acción es intencionada. Esto se conoce como contracción voluntaria (Prochazka, Clarac, Loeb, Rothwell y Wolpaw, 2000). Sin embargo, los músculos también pueden ser activados por señales procedentes de otros lugares del sistema nervioso aparte del cerebro y tal activación produce una contracción muscular que no es resultado de una decisión consciente. Estas acciones se conocen como contracciones involuntarias. Las descargas involuntarias, que no son descargas accidentales, son el resultado de contracciones musculares involuntarias que se producen durante el manejo adecuado de un arma de fuego. Este artículo explica cómo las contracciones musculares involuntarias pueden causar la descarga involuntaria de un arma de fuego.

ANATOMÍA DEL CUERPO HUMANO

La base del cuerpo humano es el esqueleto, que comprende unos cientos de huesos que se encuentran interconectados por las articulaciones a través de ligamentos y otros tejidos blandos. En los estudios biomecánicos del movimiento humano se suele considerar que el cuerpo se componer de aproximadamente 17 segmentos que se basan en la estructura del esqueleto, de forma que un segmento representa la parte del cuerpo comprendida entre dos articulaciones principales.

Cada una de nuestras extremidades comprende tres segmentos: la mano, el antebrazo y el brazo en el caso de los brazos y el pie, la pierna y el muslo en el caso de las piernas. El segmento del antebrazo, por ejemplo, se corresponde con las estructuras del cuerpo situadas entre el codo y la muñeca y el segmento del muslo se refiere a las estructuras del cuerpo que se encuentran entre las articulaciones de la cadera y la rodilla.

El movimiento implica la rotación de segmentos del cuerpo sobre segmentos vecinos, incluso cuando la acción consiste en moverse en línea recta de una posición a otra. Al andar el movimiento de una pierna implica que el segmento del muslo gira sobre la articulación de la cadera, la pierna gira sobre la articulación de la rodilla y el pie gira sobre la articulación del tobillo. Los músculos que comprenden las articulaciones entre segmentos adyacentes del cuerpo controlan estos giros. Por ejemplo, los músculos de la parte anterior (cuádriceps femoral) y posterior (músculos isquiotibiales) del muslo controlan el movimiento de la pierna sobre la articulación de la rodilla, tal como al doblar la rodilla. Los músculos se activan para producir tales acciones mediante las células nerviosas que se encuentran en la médula espinal, pero sólo después de que las propias células nerviosas hayan sido activadas por las señales procedentes o bien del cerebro (contracciones voluntarias) o bien de otras partes del sistema nervioso (contracciones involuntarias).

Hay dos aspectos de esta anatomía que son importantes a la hora de abordar las contracciones involuntarias en los músculos de la mano. El primero es que la posición de la mano mientras se está de pie depende de la orientación relativa de todos los segmentos del cuerpo situados entre la mano y el pie (Scholz, Schöner y Latash, 1999). Debido a este acoplamiento anatómico, el desplazamiento de cualquier segmento corporal intermedio hará que la mano se mueva. Y el segundo es que resulta básicamente imposible que un segmento del cuerpo realice una acción sin hacer que otros segmentos del cuerpo se muevan. Este segundo aspecto, que se hace más evidente en acciones rápidas y enérgicas, representa un acoplamiento biomecánico entre los segmentos corporales. Para evitar que el acoplamiento biomecánico provoque acciones involuntarias en otros segmentos del cuerpo, el sistema nervioso ha de activar otros músculos para contrarrestar este efecto (Darling y Cole, 1990; Galloway y Koshland, 2002; Sainburg y Kalakanis, 2000; Zedka y Prochazka, 1997). Esto sucede automáticamente sin que el cerebro decida conscientemente activar estos músculos. Por lo tanto, la actividad muscular que estabiliza el cuerpo durante la ejecución de un movimiento implica muchas contracciones musculares involuntarias.

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