Aquí tienes los vídeos del caso, que incluyen la grabación de la cámara corporal del agente Carlos Baker, que es la que recoge la mayor parte de la secuencia, incluido el disparo y los minutos posteriores, así como la de Rivera y la del propio interior del piso:
El 17 de abril de 2026, casi once meses después de los hechos, la Civilian Office of Police Accountability (COPA) [Oficina Civil de Responsabilidad Policial de Chicago] publicó las grabaciones de las cámaras corporales de los dos policías implicados en el incidente en el que la agente Krystal Rivera (36 años, 4 años de servicio en el Policía Municipal de Chicago) muere por un disparo de su compañero, el agente Carlos Baker (3 años de servicio).
La publicación llegó tras una orden de un tribunal de apelación que tumbó la decisión inicial de un juez del condado de Cook de mantener selladas las imágenes. El caso ya estaba bajo escrutinio público por una demanda por homicidio doloso presentada por la familia de Rivera, que alega que ambos policías habían mantenido una relación sentimental ─Krystal la había roto un mes antes del incidente al descubrir que Baker convivía con otra mujer─ y que Rivera había solicitado el cambio de compañero por considerar a Baker imprudente.
Toda la documentación oficial publicada por COPA ─los dos vídeos de cámaras corporales, el vídeo de la cámara de seguridad del piso, las transmisiones del centro de gestión de emergencias, el Informe Táctico de Respuesta (TRR) y los partes del caso─ está disponible en la página oficial del expediente 2025-0002747 de COPA.
Los hechos
Los hechos suceden el jueves 5 de junio de 2025, en torno a las 21:50 horas, en el número 8200 de South Drexel Avenue, en el barrio de Chatham, en el South Side de Chicago. Rivera y Baker forman parte de un equipo táctico del 6º Distrito (Gresham). En la calle ven a un hombre ─posteriormente identificado como Jaylin Arnold, 28 años, narcotraficante, en libertad condicional por una condena previa por tenencia ilícita de arma de fuego─ con lo que parece una pistola con un cargador de tambor en la cintura. Inician un control de identidad. Arnold echa a correr y los dos policías inician una persecución a pie.
Arnold entra en un edificio de viviendas y los dos policías llaman a varios timbres hasta que les abren. Desde el momento en que entran al portal hasta que se efectúa el disparo, transcurren 11 segundos. Suben dos tramos de escaleras a la carrera. Baker, que en este punto va por delante de Rivera, llega a una puerta tras la que se ha metido el sospechoso, le pega una patada y la abre. Dentro del piso no está solo Arnold, sino también un segundo individuo ─Adrian Rucker, 26 años, en espera de juicio en el momento de redactar este artículo─, que apunta a Baker con un fusil tipo AR desde detrás de un sofá.
En ese instante Baker pivota hacia su derecha, pierde el equilibrio ─en sus propias palabras ante los investigadores: «pensé que iba a morir en aquella puerta porque la acción, como nos enseñan, gana a la reacción»─ y su pistola dispara un único tiro. Ese disparo no le da a Rucker. Le da a Rivera, que iba detrás de Baker, en el pasillo exterior, y todavía no había cruzado la puerta. El proyectil entra por el hueco entre las placas del chaleco blindado y le alcanza por la espalda.
Rivera cae al suelo. Su cámara corporal recoge un grito de mujer y deja de grabar poco después.
A partir de aquí los hechos están registrados en la cámara de Baker:
- Baker grita por radio «¡Disparos contra la policía! 10-1, 10-1, ¡disparos contra la policía!» ─lo que sugiere que el disparo lo ha realizado el sospechoso, no él─ y sube corriendo otro tramo de escaleras hasta el rellano superior.
- Aproximadamente 25 segundos después del disparo, grita: «Krystal, ¿estás bien?». Sin respuesta.
- Pide una ambulancia por radio: «No puedo llegar a mi compañera». Pide también un equipo SWAT.
- Baja unos peldaños, vuelve a subir, se sienta en las escaleras. La grabación muestra cómo recupera el aliento.
- Aproximadamente 90 segundos ─según unas fuentes, hasta 2 minutos según otras─ después del disparo, Baker baja, se acerca a Rivera y empieza a arrastrarla hacia la planta baja del edificio.
- En las imágenes publicadas no se aprecia que se preste ningún tipo de atención sanitaria a Rivera antes de la llegada de las primeras unidades de apoyo.
- Posteriormente, Rivera fue introducida en un coche patrulla para su traslado urgente al hospital. Ese vehículo sufrió un accidente y se incendió en el camino, por lo que finalmente fue evacuada en ambulancia.
Rivera muere en el hospital. La autopsia clasifica la muerte como homicidio. Arnold fue detenido el 19 de junio de 2025; en abril de 2026 se declaró culpable de un solo cargo de tenencia ilícita de arma de fuego por reincidente y fue condenado a 8 años de prisión, después de que la Fiscalía retirara 90 cargos adicionales, 65 de ellos delitos Clase X (los más graves del estado de Illinois después del homicidio). Rucker continúa en espera de juicio. Baker ha sido apartado del servicio ─aunque por una incidencia posterior ajena al disparo, una agresión a una agente fuera de servicio en un bar de Wicker Park─ y a día de hoy no afronta cargos penales por este incidente.
Hasta aquí los hechos. Vamos al análisis de la situación táctica.
La decisión de entrar al edificio: el «pasillo letal» que no es la cuestión
Una parte del debate público se ha centrado en si los dos policías debieron o no entrar a la carrera tras un sospechoso armado en un edificio de viviendas. Bill Kushner, antiguo policía táctico del propio 6º Distrito, defendió la actuación: «si tienen una buena descripción del individuo y van en persecución, no quieres esperar, porque no sabes a quién más estás poniendo en peligro dentro del edificio». Es un argumento legítimo: la persecución de un sospechoso armado no permite el lujo de planear una operación de asalto al estilo de un equipo de operaciones especiales. La doctrina policial estadounidense ─con sus aciertos y sus errores─ asume que en estos casos hay que entrar.
Lo que sí merece análisis es cómo se entra. Y aquí ya empezamos a hablar de combate cercano [Close Quarters Battle (CQB)], de discriminación de blancos y, sobre todo, de seguridad con las armas de fuego.
Como bien explicaba George E. Hand IV ─brigada retirado del 1st SFOD-D (Delta Force)─ en aquel artículo titulado «Nadie entra en una habitación como un Delta Force», el CQB es por definición un asalto que se apoya en tres principios: sorpresa, velocidad y violencia de acción. El problema es que los tres principios solo funcionan si vienen acompañados de unas habilidades muy desarrolladas de discriminación de blancos. Le preguntaban a Hand cómo podían los Delta entrar en un objetivo desde múltiples puntos sin causar bajas por fuego amigo. Su respuesta: «sencillamente no nos disparamos entre nosotros; solo disparamos a los malos». Pero esa frase, aparentemente trivial, sale de un nivel de adiestramiento en el que «por una descarga accidental ─de un arma real, simulada o de pintura─ contra el suelo, el techo, la pared, lo que sea, te vas un año mínimo antes de poder volver a intentarlo». Esa es la diferencia.
Lo que se ve en el vídeo de Chicago no es una entrada controlada. Son dos policías subiendo a la carrera unas escaleras, con la pistola en la mano, en una secuencia muy similar a la del incidente de Lafayette (Indiana, EE.UU.) del 8 de enero de 2019, en el que también un policía le dispara accidentalmente a una compañera tras una secuencia muy comprimida de movimiento, puerta y descarga involuntaria.
La descarga involuntaria: las cuatro normas de seguridad, otra vez
Aquí es donde está el meollo. Independientemente de cómo se llegara a esa puerta, lo que pasa al cruzarla es lo que mata a la agente Rivera. Y lo que pasa es que el dedo del agente Baker está sobre el disparador en un momento en el que ─como él mismo declaró a los investigadores─ pivota, pierde el equilibrio y trata de buscar protección. Eso es una contracción muscular involuntaria del dedo índice sobre el disparador en una situación de estrés agudo. Es exactamente el escenario que describió el Dr. Roger M. Enoka en su trabajo sobre contracciones musculares involuntarias y descargas no intencionadas de armas de fuego.
Repasemos las cuatro normas de seguridad de Jeff Cooper:
- Trata todo arma de fuego como si estuviera siempre cargada.
- No dirijas la boca de fuego del arma hacia nada ni nadie sobre lo que no pretendas disparar.
- Mantén el dedo fuera del disparador hasta que los elementos de puntería estén sobre el blanco y realmente vayas a disparar.
- Asegúrate de cuál es tu blanco (y de lo que hay delante, detrás y a los lados).
¿Qué normas se vulneran aquí?
- La norma número 2: en el momento del pivote y la pérdida de equilibrio, la boca de fuego de Baker barre todo el arco de su movimiento, incluido el pasillo exterior donde está su compañera. Una pistola que se pasea sin control con el dedo en el disparador acaba apuntando, en algún momento de su recorrido, a algo o a alguien que no debe.
- La norma número 3: para que el disparo se produzca, el dedo tenía que estar dentro del guardamontes en el momento del pivote. Si el dedo hubiera estado estirado por fuera del guardamontes ─como exige la norma─ no se habría producido el disparo, por mucho que se contrajera involuntariamente.
- La norma número 4: aunque la conciencia de la situación es prioritaria, la posición relativa del propio compañero forma parte del entorno del blanco. Saber dónde está tu compañero cuando vas a disparar es una de las primeras cosas que se entrenan.
Hay un detalle importante, el proyectil le entra a Rivera por el hueco entre las placas del chaleco blindado, por la espalda. Es la misma «mala suerte / buena suerte» que ya comentábamos en el caso de Lafayette ─si el disparo le da en el chaleco, no pasa nada; si le da medio palmo más arriba, en la cabeza, no sobrevive─.
La acción gana a la reacción
Baker dijo a los investigadores que disparó porque «la acción gana a la reacción». Esa frase, atribuida originalmente al ciclo OODA del coronel John Boyd y popularizada en el ámbito de la formación policial y militar, es cierta como descripción de una dinámica ─el que actúa primero suele tener ventaja sobre el que reacciona─. Pero no es una autorización para disparar primero y comprobar después. Tampoco es una excusa para presionar el disparador antes de tener identificado el blanco y controlado el entorno. En tal caso dejaría de ser un principio táctico y se convertiría en un intento de justificar errores.
En el documento de Mitos y Realidades en enfrentamientos armados con policías implicados que en su día tradujimos del Equipo de Investigación Interagencia de Lane County, ya se explicaba que el policía siempre se encuentra «en modo reacción», pero que esa desventaja se compensa, no con un disparo prematuro, sino con mejor entrenamiento, mejor disciplina del arma y mejor consciencia de la situación. Realizar el disparo antes de saber qué hay delante no es velocidad de reacción, sino disparar al tuntún. Y disparar al tuntún, como ya escribimos a propósito de la actuación de la subinspectora del PDI en Maipú, Santiago de Chile, es la diferencia entre sobrevivir y ganar. Aquella mujer sobrevivió. En el caso de Chicago la agente no sobrevivió.
La radio: «disparos contra la policía»
El primer mensaje de Baker por radio, inmediatamente después de su propio disparo, es «¡Disparos contra la policía!». Ese mensaje ─a falta de la valoración interna del COPA y de las autoridades judiciales correspondientes─ es engañoso. El primer informe táctico (Tactical Response Report) presentado tras los hechos llegó incluso a indicar que «el sujeto desconocido disparó un arma de fuego contra el agente implicado, causándole una lesión mortal», cosa que el propio vídeo desmiente.
No vamos a entrar a especular sobre la intencionalidad de ese primer mensaje ─es perfectamente posible, como el propio Baker declaró, que en el caos del momento creyera que el disparo procedía del fusil que tenía delante; declaró también que solo se dio cuenta de que había sido él quien había disparado al revisar la pistola en la comisaría y notar que faltaba un cartucho─. Pero hay una enseñanza importante en todo esto. Y es que bajo estrés agudo el cerebro construye una historia coherente con lo que esperaba que pasara, no con lo que realmente pasó. Por eso las cámaras corporales son útiles. Por eso también los protocolos exigen que el primero mensaje por radio sea descriptivo, no interpretativo: «un disparo, agente abatido, necesito ambulancia y refuerzos en la dirección X». Lo demás se aclara después.
Los 90 segundos: el agujero negro del TCCC
Y llegamos al punto que más controvertido de la situación. Tras el disparo, transcurren entre 90 segundos y 2 minutos ─según las distintas fuentes que han cronometrado el vídeo─ durante los cuales el agente Baker permanece en el rellano superior, agachado, recuperando el aliento, llamando por radio, mientras su compañera está en el suelo del rellano inferior, con un disparo en la espalda que entra por encima del chaleco, sangrando y respirando con dificultad ─Baker llegó a oír su jadeo, según declaró posteriormente─.
En el contexto de las Directrices de Tratamiento Táctico de Heridos en Combate (TCCC) y de su equivalente civil para fuerzas y cuerpos de seguridad (TECC), la fase de Care Under Fire admite, perfectamente y con razón, que un primer interviniente no se exponga a disparos en curso para atender a un herido. Eso no es discutible. El problema es que en el vídeo, una vez Baker sube al rellano superior, no hay disparos. Hay un sospechoso armado en un piso, sí, pero hay también una compañera sangrando a metro y medio, en una zona que ─con el ángulo apropiado o el uso del propio movimiento como cubierta─ se puede llegar a ella. De todas formas, teniendo en cuenta el lugar de la herida, posiblemente no hubiera podido hacer nada más que consolar a su compañera mientras llegaba la ayuda.
Como recordábamos en aquel artículo sobre el Trauma Kit NOW! de Blue Force Gear, la diferencia entre herido y baja la suelen marcar los primeros segundos tras el disparo. Una herida en el tronco con afectación de grandes vasos puede ser mortal en ese marco de tiempo. Sin entrar en si Rivera era o no era recuperable ─eso lo dirán la autopsia y los peritos─, en las imágenes publicadas no se aprecia ningún intento de control de la hemorragia ni de evaluación del herido por parte de su compañero antes de la llegada de los refuerzos.
El sindicato (Fraternal Order of Police, Lodge 7) ha defendido que «muchos agentes habrían bajado las escaleras inmediatamente, exponiéndose a recibir disparos, y entonces tendrías dos agentes heridos en la escalera». Es una defensa razonable de la decisión de no exponerse al fuego, pero va a ser difícil explicar el no haber hecho nada durante 90 segundos.
Lo que queda
Hay tres elementos del caso que se escapan ─y que además están ahora mismo bajo investigación administrativa y judicial─:
- La relación previa entre los dos agentes y la posibilidad ─alegada por la familia y negada por la defensa de Baker, que la reduce a «no más de tres encuentros íntimos»─ de que esa relación influyera en la actuación.
- El historial disciplinario de Baker (al menos 11 expedientes de mala conducta en menos de tres años de servicio, varias suspensiones, una solicitud inicial de incorporación al equipo táctico denegada por el propio Jefe de Patrulla por motivos disciplinarios y una segunda solicitud, posteriormente, aprobada por su Jefe de distrito).
- La supuesta existencia de imágenes de cámaras corporales no publicadas que, según los abogados de la familia, comprenderían los momentos posteriores al disparo y que ellos sí habrían visto, pero que no figura en lo difundido por COPA ─que ha publicado dos vídeos de un total de al menos una docena que tiene en el expediente─.
Sobre el primero y el segundo punto no se puede concluir nada sin más datos. El primero porque entra en el terreno de la intencionalidad ─un terreno que, como bien explicaba el documento del Lane County IDFIT, requiere mucho cuidado, mucho dato y mucho menos Hollywood del que se suele aplicar─. El segundo porque el sistema de promoción policial estadounidense, con sus pruebas, sus revisiones internas y sus cadenas de mando, no es directamente comparable al nuestro y exige un análisis aparte. Sobre el tercero, hay que esperar a la resolución del proceso judicial.
Lo que sí es objetivo es lo que se ve en el vídeo. Y lo que se ve en el vídeo presenta tres cosas:
- La importancia inflexible de las cuatro normas de seguridad con las armas de fuego, especialmente la del dedo fuera del disparador hasta el momento del disparo, y muy especialmente cuando hay otro compañero por delante o por detrás del arco de la propia boca de fuego.
- La importancia de la disciplina de la radio en los segundos posteriores a un incidente.
- La importancia de cumplir las directrices de tratamiento de heridos ─las que sean, TCCC o TECC─ en los primeros segundos, muy especialmente cuando el herido es tu compañero.
Lo demás lo dirán la investigación de COPA, el procedimiento penal y el procedimiento civil pendiente. Aquí, como siempre, intentamos identificar lecciones o errores ─incluso los cometidos por personas a las que no conocemos, en países que no son el nuestro y en circunstancias que no hemos vivido─, porque esa es la única forma de mejorar. La excelencia, decía Paul Howe, se consigue siendo siempre críticos, incluso en los buenos resultados. Aquí no ha habido buenos resultados, sino una agente está muerta. Descanse en paz Krystal Rivera.
Fuentes:
- Expediente oficial 2025-0002747. Civilian Office of Police Accountability (COPA), Ciudad de Chicago ─incluye los vídeos completos de cámara corporal, la grabación de la cámara de seguridad del piso, las transmisiones del centro de gestión de emergencias y los informes oficiales del incidente─.
- Nota de prensa de COPA sobre la publicación del material. 17 de abril de 2026.
- Bodycam video released in fatal shooting of Chicago Police Officer Krystal Rivera by her partner. Police1. 17 de abril de 2026.
- Bodycam video shows Chicago cop took cover for 90 seconds after fatally shooting his partner Krystal Rivera. WBEZ Chicago / Illinois Answers Project. 17 de abril de 2026.
- Video Shows Cop Who Shot Krystal Rivera Waited Nearly 2 Minutes Before Helping Her. Block Club Chicago. 17 de abril de 2026.
- Partner Who Fatally Shot CPD Officer Krystal Rivera Waited Almost 2 Minutes After Shooting to Provide Aid, New Video Shows. WTTW Chicago. 17 de abril de 2026.
- Man whose chase led to officer’s unintentional death gets 8 year sentence, but state drops most serious charges. CWB Chicago. Abril de 2026.
- ‘Shots Fired’ podcast: Breaking down the fatal shooting of Chicago officer by her colleague. Police1.




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