
Por supuesto, siempre habrá quien utilice la típica falacia del «yo esto lo apliqué en combates reales». Este es el contraargumento más frecuente y el más difícil de rebatir, porque viene protegido por un escudo afectivo muy potente. Nadie quiere ser el que le diga a un veterano de una unidad de élite que lo que enseña no está validado. Pero la lógica no cambia por respeto.
Lee antes la primera parte Cómo evaluar cursos e instructores (1 de 5): el problema que nadie quiere ver.
Haber sobrevivido haciendo algo de una determinada manera no prueba que esa manera sea la mejor. Prueba que fue suficientemente buena para ese contexto específico, en esas condiciones específicas, con esas variables específicas ─o simplemente fue suerte─. El combate real tiene demasiado ruido para aislar la técnica como factor determinante del resultado. Un combatiente puede haber hecho CQB de una manera cuestionable, haber sobrevivido por una combinación de superioridad numérica, sorpresa, errores de sus adversarios y mucha suerte, y haber salido convencido de que sus TTPs de CQB son las mejores. El problema no es que mienta: es que no tiene forma de saber qué produjo el buen resultado.
Además hay otro factor que se suele obviar: incluso en las unidades más activas en combate del mundo, la participación en acciones reales no es homogénea. La vida de un combatiente puede incluir ciclos de despliegue sin contacto, especialidades técnicas alejadas del combate directo, o simplemente mala ─o buena─ suerte geográfica. «Estuve doce años en una unidad especial» es compatible con haber estado en contacto directo en decenas de acciones y también con haber pasado esos doce años en funciones de apoyo o desplegado sin haber disparado un arma de fuego en condiciones reales. El currículum no distingue entre ambas cosas, y al que lo usa como argumento de venta no le interesa distinguir una cosa de otra.
Y lo más incómodo de todo: haberlo hecho, haber combatido en la realidad, no significa haberlo hecho bien. Ejecutar una TTP bajo estrés y sobrevivir no es evidencia de haber ejecutado la TTP correctamente. Es evidencia de haber sobrevivido. Son cosas distintas. El combatiente que bajo fuego real adoptó espontáneamente la postura más instintiva disponible, funcionó con ella, y luego la enseña como «técnica de combate probada», puede estar enseñando exactamente el defecto que aparece cuando la técnica entrenada se degrada bajo estrés, no la TTP óptima que debería haberse entrenado para evitar ese defecto.
La competición es precisamente el antídoto, porque es el único entorno donde puedes comparar métodos de forma controlada y repetida. No puedes comparar dos TTPs de CQB en combate real porque nunca tienes las mismas condiciones dos veces. Sí puedes comparar dos técnicas de desenfunde en las mismas condiciones, con cronómetro, durante cinco años, con miles de competidores. Eso es un laboratorio de pruebas. El combate real no lo es.

El coste oculto: los defectos de formación (deformación).
Hay un concepto que probablemente sea el argumento más sólido contra la mala instrucción, que se denomina training scars en inglés, que vamos a llamar defectos de formación (deformación): los malos hábitos no intencionados que el entrenamiento genera cuando lo que practicas no reproduce fielmente el contexto en que tendrás que aplicarlo.
El propio FBI lo ha documentado con datos duros. En un estudio de 2018 sobre 149 enfrentamientos armados protagonizados por sus agentes a lo largo de 15 años, descubrieron que en casi la mitad de los incidentes los agentes no impactaron ni una sola vez sobre la amenaza. El entrenamiento no estaba ofreciendo el rendimiento que la situación exigía.
El ejemplo más estudiado es la Masacre de Newhall de 1970, en la que cuatro agentes de la Policía de Tráfico de California murieron en un tiroteo. Uno de los agentes se acercó a dos delincuentes armados portando la escopeta en la posición exacta en que la llevaban en el campo de tiro «por seguridad»: con la culata sobre el cinturón y el cañón hacia arriba. Otro agente murió con la escopeta vacía en la mano tras expulsar cartuchos no disparados porque nunca había entrenado el tiro rápido. El entrenamiento había generado el defecto; el defecto fue letal.
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