«Para enseñar no hace falta ser bueno», otra excusa de vendehúmos, impostores y mediocres.

Aun peor que la mediocridad son las excusas para no intentar acabar con ella. Y si hablamos de competencia con armas de fuego, las excusas no justifican el peligro que corren propios y extraños por la incompetencia de uno. Las excusas ─ni estrés, ni fisiología, ni amígdala, ni ná─ no eximen de responsabilidad al mediocre o incompetente, aunque él crea que sí. El remedio es bien sencillo: un entrenamiento adecuado ─lo cual tiene un precio─. El caso es que parece que hay algunos que pretenden instaurar la mediocridad como excelencia, y al cúmulo de excusas de los mediocres, algunos instructores vendehúmos o impostores suman la de que «para enseñar no hace falta ser bueno». Por tanto, no solo no disparan bien, sino que ni siquiera disparan ante sus alumnos ─por miedo o vergüenza─ (alguno incluso llega a decir que «en combate no hace falta agrupar»). La realidad es tan sencilla como lo que me comentaba el otro día mi amigo Arturo San Martín: Conozco a unos cuantos que dicen que para enseñar no hace falta ser bueno (ni idea de práctica, solo teoría). Lo que no hace falta es ser el mejor, pero sí lo suficientemente bueno para que los alumnos tengan un referente para comenzar, ya que la primera forma que tiene el ser humano para aprender es visualmente. Arturo San Martín Cualquier instructor que se precie entrena, puede que más o puede que menos, pero entrena para no ser un mediocre y así llegar a ser lo más competente que pueda con las
Has alcanzado el límite de 1 artículo diario gratis. Para continuar leyendo sin límite, ¡suscríbete! ─por solo 15€ al año─. ¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí.