Historia de la Balística de Heridas Militar. Por Dr. Gary K. Roberts.

En el siguiente artículo, el experto en la materia Dr. Gary K. Roberts aborda desde un punto de vista de la balística de heridas la evolución de la cartuchería militar desde el eficaz y poderoso calibre .577-450 Martini-Henry, que demostró su valía tumbando zulúes durante la Guerra Anglo-Zulú de 1879, hasta el menos eficaz y poderoso 5,56 NATO de nuestros días.

La clave de un calibre militar óptimo radica en lograr un adecuado poder de incapacitación del oponente con un peso del cartucho y un retroceso del arma adecuados. Se trata de una cuestión muy discutida y discutible que, por supuesto, está muy por encima de aquella pobre teoría de antaño que hablaba de «stopping power». Hoy día nadie en su sano juicio considera que el poder de incapacitación de un proyectil se pueda resumir estudiando la relación existente entre su calibre y velocidad, lo que no resulta en absoluto objetivo ni realista. El auténtico dilema radica en la búsqueda de una munición que logre la mayor incapacitación posible, para lo que es necesario que los daños ocasionados sean lo suficientemente severos (cavidad permanente y cavidad temporal).

 

(Es una traducción de su original en inglés autorizada por el autor)

 


 

Historia de la Balística de Heridas Militar

Por Dr. Gary K. Roberts.

 

Hasta finales de los años 1800 los fusiles militares disparaban proyectiles blandos de plomo, relativamente lentos, pesados y grandes que se deformaban al impactar e incapacitaban a sus oponentes de forma fiable. Desde finales de los años 1890 hasta principios de los años 1900 se desarrollaron nuevos fusiles militares que disparaban proyectiles blindados (FMJ) no deformables de menor peso y diámetro a velocidades mucho mayores. Inicialmente los nuevos proyectiles blindados (FMJ) tenían la punta redondeada pero en 10 años las puntas afiladas (spitzer) fueron el estándar. Aunque las velocidades de estos nuevos proyectiles militares blindados (FMJ) eran entre un 60 y un 100 % superiores a las de los antiguos proyectiles de plomo, los daños en los tejidos producidos por los nuevos proyectiles blindados (FMJ) a mayor velocidad eran tan reducidos que las heridas sobre tejidos blandos sin demasiadas complicaciones solían curar con un sencillo tratamiento a base de vendajes asépticos. Asimismo, comparado con la incapacitación segura producida por los antiguos proyectiles de plomo a menor velocidad, los nuevos proyectiles blindados (FMJ) a mayor velocidad se demostraron ineficaces para incapacitar de forma fiable a sus oponentes en combate, tal y como averiguaron para su desgracia  las tropas británicas en la Campaña de Chitral en 1895.

Cartucho .577-450 Martini-Henry (dcha.) y .22 LR (izq.)

En un intento por crear un proyectil blindado que reuniera el potencial de incapacitación de los antiguos proyectiles de plomo en calibre .577-450 de sus fusiles Martini-Henry, el arsenal británico de Dum-Dum, cerca de Calcuta, modificó el proyectil blindado (FMJ) Mk II para convertirlo en una variante semiblindada (JSP) más eficaz retirando 1mm de la envoltura metálica (camisa) de la punta del proyectil. Las tropas coloniales británicas confirmaron que este proyectil demostró ser eficaz durante la Campaña de Tirah en 1897-98. De vuelta en Gran Bretaña, el arsenal de Woolwich había estado trabajando simultáneamente en un proyectil expansivo de punta hueca blindada (JHP) en calibre .303.

A principios de 1897 se adoptó una serie de proyectiles basados en este diseño, los Mk III, IV y V. Estas balas mostraban una deformación razonable y una incapacitación mejorada respecto al proyectil blindado (FMJ) de punta redondeada Mk II al que sustituyeron, y demostraron ser eficaces en combate en la Batalla de Omdurman en 1989.

El sentimiento antibritánico llevó a otras naciones a reivindicar que los proyectiles expansivos del calibre .303 eran inhumanos y culminó en 1899 con la IV Declaración de la Haya en la que las naciones firmantes acordaron «…abstenerse de utilizar proyectiles que se expandan o se aplasten fácilmente en el cuerpo humano, tales como proyectiles con una envoltura dura que no cubra totalmente el núcleo o que se esté seccionada por incisiones». Téngase en cuenta que los EE.UU. no forman parte del tratado de la Haya de 1899, pero lo han cumplido en conflictos armados internacionales. La doctrina de la Justicia Militar ha establecido que el tratado no es de aplicación en determinadas misiones de policía militar o de operaciones especiales. El sustituyo británico para los proyectiles expansivos del calibre .303 prohibidos fue el proyectil blindado (FMJ) Mark VII adoptado en 1910. ¡Irónicamente, el temprano cabeceo del proyectil blindado (FMJ) Mark VII tipo spitzer line (punta afilada) produce una herida más grave que los proyectiles supuestamente inhumanos! Para obtener mayor información puedes leer el soberbio artículo al respecto de Daniel E. Watters, así como otro bien escrito artículo de Mike Waldron (enlace no disponible).

La IV Convención de la Haya de 1907 prohíbe el empleo de «armas, proyectiles o materiales que tenga como objetivo causar un sufrimiento innecesario». Los proyectiles que cabecean y se fragmentan en los tejidos no estaban específicamente prohibidos. Esta postura no fue cuestionada durante la Conferencia de la Convención de las Naciones Unidas sobre Ciertas Armas Convencionales [United Nations Convention on Certain Conventional Weapons (UNCCW)] de 1978 y ésta volvió a confirmarse durante su revisión de 1994-1996.

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