
Por supuesto, siempre habrá quien utilice la típica falacia del «yo esto lo apliqué en combates reales». Este es el contraargumento más frecuente y el más difícil de rebatir, porque viene protegido por un escudo afectivo muy potente. Nadie quiere ser el que le diga a un veterano de una unidad de élite que lo que enseña no está validado. Pero la lógica no cambia por respeto.
Lee antes la primera parte Cómo evaluar cursos e instructores (1 de 5): el problema que nadie quiere ver.









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