
Durante la feria Modern Day Marine 2026 (MDM), celebrada en Washington D.C. del 28 al 30 de abril de 2026, la empresa estadounidense Creare expuso un nuevo casco diseñado expresamente para reducir la sobrepresión de la onda expansiva a la que se ve sometido el usuario de un arma de fuego cuando dispara. Existen evidencias suficientes que acreditan el grave problema de las lesiones cerebrales por la onda expansiva de los disparos que sufre el propio tirador del arma de fuego. Veamos de qué se trata y por qué es relevante.

De dónde sale este casco: el HGU-99/P
Empecemos por el origen de este nuevo concepto de casco de protección frente a la sobrepresión de los propios disparos. Creare lleva más de una década desarrollando para la Armada estadounidense [US Navy] el casco de protección auditiva [Hearing Protection Helmet (HPH)] HGU-99/P, dirigido al personal de cubierta que trabaja en torno al F-35 Lightning II y a otras aeronaves embarcadas. Hablamos de un entorno acústico extremo, con niveles de ruido a los que ningún protector auditivo convencional ─tapones o cascos─ es capaz de hacer frente con garantías.
Las cifras que da el propio fabricante son 34dB de atenuación con el casco solo y 39dB cuando se combina con tapones de espuma. Para hacerse una idea hay que tener en cuenta que la escala de decibelios es logarítmica. Cada 3dB adicionales duplican la intensidad sonora y cada 3dB menos la reducen a la mitad. 40dB de atenuación es muchísimo. Se debe a años de trabajo en investigación y estudio de la propagación, conducción ósea y sellado del oído. El programa PMA-202 de la Armada estadounidense lleva entregando estas unidades desde 2023 a portaaviones, buques de asalto anfibio y unidades de F/A-18, EA-18G y F-35.
Lo que tiene este casco que no tienen otros son, fundamentalmente, dos cosas: una carcasa rígida con sellado en los bordes del casco, que reduce la conducción ósea del sonido ─el ruido que entra por el cráneo, no por el conducto auditivo─ y un altavoz dentro de la copa que permite hablar por radio sin perder atenuación. La forma se parece más a la de un casco de vuelo que a la de los cascos clásicos de cubierta de vuelo. No se trata de algo estético, sino que la propia geometría y rigidez del casco forman parte del sistema de atenuación acústica.

El casco de protección frente a la sobrepresión de la onda expansiva
Lo que Creare presentó en la feria MDM 2026 es el Blast Overpressure Protection Helmet, una variante del HGU-99/P optimizada para proteger frente a la sobrepresión de la onda expansiva asociada a los disparos de armas de fuego, no frente al ruido de los motores de las aeronaves en la cubierta de vuelo.
Según el propio fabricante Creare, con el Integrated Head Protection System (IHPS) [Sistema Integrado de Protección la Cabeza] ─el casco de combate actualmente en servicio en el Ejército de Tierra estadounidense─ el usuario obtiene una reducción del 15% de la sobrepresión sobre la cabeza. Con el Blast Overpressure Protection Helmet de Creare, la reducción declarada es del 71 %.
Para conseguirlo el nuevo casco de Creare va muy ceñido y ajustado a la cabeza, perfectamente sellado en torno al borde de la cara, incorpora amplificación auditiva direccional para mantener la consciencia del entorno y un micrófono compatible con sistemas de comunicaciones. En esencia se basa en lo mismo que el HGU-99/P ─sellado mecánico, atenuación por desajuste de impedancia acústica, electrónica para no perder ni la audición útil ni la transmisión por radio─, pero ajustando el diseño al espectro de presiones que genera el disparo y no al de los motores de aeronaves militares.
Sin embargo, ten en cuenta que el Blast Overpressure Protection Helmet presentado en la MDM no es un casco de combate. No hay datos de protección balística ─ni V50, ni rendimiento frente a fragmentación, ni nada similar─, ni ofrece en su forma actual montura para sistemas de gafas de visión nocturna, raíles laterales, protección mandibular, etc. Es, en esencia, una herramienta de protección frente a la sobrepresión y al ruido para personal expuesto continuamente al ruido de los disparos propios de su arma de fuego o de otras cercanas, no un sustituto del casco de combate. Ya veremos si lo aquí aprendido se integra en un casco de combate para ofrecer tanto protección balística como auditiva y frente a la sobrepresión.


Efectos de la sobrepresión de la onda expansiva generada por los disparos sobre el cerebro
Desde hace años se habla de los traumatismos craneoencefálicos [traumatic brain injury (TBI)] generados por la onda expansiva de la explosión de IEDs en Irak y Afganistán. Ese problema es de sobra conocido. Lo que se ha puesto de manifiesto más recientemente es que la onda expansiva generada por los disparos del propio arma de fuego del usuario también lesiona el cerebro.
Los grupos en mayor riesgo, según los datos que se van publicando, se pueden adivinar fácilmente:
- Tiradores y dotaciones de armas pesadas: morteros, obuses, cañones de carro de combate, ametralladoras de grueso calibre.
- Tiradores de armas contracarro y lanzadores del tipo Carl Gustaf, AT4, M72 LAW, Spike, Javelin.
- Encargados de la apertura de brechas [breachers] con cargas explosivas, expuestos repetidamente a explosiones controladas a corta distancia.
- Tiradores de fusiles de grueso calibre o de armas con frenos de boca y silenciadores que redirigen el gas hacia el tirador, especialmente en espacios cerrados.
La literatura a este respecto es ya bastante extensa. El estudio del Sahlgrenska Academy sueco demostró daños cerebrales leves en animales tras la exposición a disparos de obús (Haubits), Carl Gustaf y fusil automático, suficiente para que las Fuerzas Armadas suecas establecieran límites máximos de exposición diaria para su personal. El propio New York Times documentó cómo las dotaciones de artillería estadounidenses que bombardearon al Estado Islámico entre 2016 y 2017 regresaron con cuadros que se diagnosticaron inicialmente como TEPT, ADHD o depresión, y que más tarde resultaron ser TBI por sobrepresión repetida del propio arma de fuego. Lo que se ha llamado en inglés breacher’s brain [cerebro del encargado de la apertura de brechas].
La explicación ─todavía sin demostrar del todo─ es que la onda de sobrepresión, al pasar por el cráneo, genera ondas reflejadas de impedancia acústica diferente y, posiblemente, cavitación intracraneal: la formación y el colapso de microburbujas en los tejidos blandos del cerebro, con el consiguiente daño celular acumulado. Se trata de una acumulación de exposiciones por debajo del umbral de la conmoción cerebral clásica.
El programa PANTHER del Ministerio de Defensa estadounidense lleva años trabajando en esto, y el Center for New American Security lleva desde 2018 reclamando medidores de sobrepresión en el equipo individual y un registro sistemático de la exposición acumulada en el historial médico del personal. La dirección está clara, aunque el ritmo institucional sea el que es.
Lo que ya sabíamos sobre cascos y onda expansiva
Hace ya unos años traducíamos en este blog el estudio de Op’t Eynde et al. (2020), publicado en PLoS ONE, que comparaba la protección frente a la sobrepresión que ofrecen los cascos de combate modernos ─el Advanced Combat Helmet (ACH) estadounidense─ frente a los cascos de la Primera Guerra Mundial ─el Adrian francés, el Brodie angloamericano y el Stahlhelm alemán─. La conclusión fue que los cascos modernos no protegían más de la onda expansiva que los cascos de hace cien años, e incluso en algunas mediciones el Adrian francés daba mejor resultado en la corona del cráneo. La razón es sencilla: los cascos modernos están diseñados para detener fragmentos y proyectiles, y la protección frente a la onda expansiva nunca ha sido un objetivo de diseño explícito ─aparte del hecho mismo de tener algo rígido sobre la cabeza─.
Lo que aporta el casco de Creare, dando por buenas las cifras del propio fabricante, es un salto de la órdiga: del 15% del IHPS al 71% declarado. Y lo hace, según se desprende de la descripción, mediante el mismo principio que ya conocíamos por los estudios académicos: desajustes de la impedancia acústica en una estructura multicapa, sellado mecánico en el borde de la cara y sobre las orejas, y evitar trayectorias de propagación tanto por la vía aérea como por la conducción ósea.
Consideraciones
Hay varias cuestiones a tener en cuenta que necesitan más desarrollo. La cifra del 71% la aporta el propio fabricante. Hace falta una publicación independiente revisada por pares que la respalde. No quiere decir que sea falsa ─es perfectamente posible según el diseño─, pero tiene que corroborarla una entidad independiente del fabricante. Además, no se especifica por el fabricante la metodología de medición, en cuanto a arma que genera la onda, a qué distancia, si es sobrepresión incidente o reflejada, en qué punto de la cabeza se mide.
Por otra parte, no hay protección balística asociada al casco de Creare. El uso típico será como complemento ─o sustituto, en entornos no balísticos─ del casco de combate, no como casco único.
En cuanto a protección frente a la sobrepresión, el casco de Creare no resuelve el problema del torso. El cerebro también recibe sobrepresión a través del flujo sanguíneo cuando la onda expansiva golpea la cavidad torácica. Un casco, por bueno que sea, no protege ese vector de ataque.
Aun con esas pegas, el casco de Creare va en la dirección correcta. El propio Ejército de Tierra estadounidense reconoció, en su Request for Information del IHPS Generación III publicada a finales de 2025, que el sensor de sobrepresión forma parte de las capacidades requeridas para la siguiente versión del casco de combate. El problema está identificado y se está trabajando en ello.
La realidad es que el problema no se resuelve únicamente con un casco, por bueno que sea. Se resuelve con una combinación de medidas: límites de exposición diaria como los que aplica Suecia, registro acumulado en el historial médico individual, sensores de sobrepresión personales, rediseño de las casas de tiro [shoot houses] y de los procedimientos de instrucción para reducir la exposición innecesaria, y equipos de protección como el de Creare cuando la exposición sea inevitable.
Referencias
- ARIOSTO, David et al. Military hunts for answers to mysterious brain injuries among troops. ABC News. 12 de noviembre de 2024.
- CENTER FOR NEW AMERICAN SECURITY. Protecting Warfighters from Blast Injury. Mayo de 2018.
- CREARE LLC. HGU-99/P Hearing Protection Helmet. Información del fabricante (Hanover, NH, EE.UU.).
- DEPARTMENT OF THE ARMY. Integrated Head Protection System Generation III (IHPS GEN III) Request for Information. Diciembre de 2025.
- HAMILTON, Doug. Creare – Blast Overpressure Protection Helmet. Soldier Systems Daily. 4 de mayo de 2026.
- HAMILTON, Doug. Navy to start fielding new hearing protection helmet this month. Navy Times. 26 de septiembre de 2023.
- OP’T EYNDE, Joost et al. Primary blast wave protection in combat helmet design: A historical comparison between present day and World War I. PLoS ONE 15 (2): e0228802. 2020. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0228802
- PANTHER PROGRAM. Low-level blasts from heavy weapons can cause traumatic brain injury — 2 engineers explain the physics of invisible cell death. The Conversation. 2026.
- PHILIPPS, Dave; CALLAHAN, Matthew. A Secret War, Strange New Wounds, and Silence From the Pentagon. The New York Times. 2023.
- SÄLJÖ, Annette et al. Blast Overpressure Is Generated From The Firing Of Weapons, And May Cause Brain Injury. Sahlgrenska Academy, University of Gothenburg. ScienceDaily. 2009.
- TIERNO, Jorge. La protección frente a la explosión primaria (onda expansiva) en el diseño de cascos de combate: una comparación histórica entre la actualidad y la Primera Guerra Mundial. El Blog de Tiro Táctico. 15 de marzo de 2021.
- U.S. NAVY. Navy to field new hearing protection helmet for extreme noise environments improving safety, readiness. NAVAIR. 2023.




Comentarios recientes