La Guardia Costera estadounidense neutraliza tres narcolanchas a 90 millas de Cartagena de Indias (Colombia). 2,7 toneladas de cocaína decomisadas y 45,8 millones de dólares en mercancía. A 90 millas de la costa de Cartagena de Indias (Colombia), el patrullero USCGC Tahoma de la Guardia Costera estadounidense [US Coast Guard (USCG)] ejecuta una intercepción simultánea de tres lanchas rápidas dedicadas al narcotráfico. Lo dicho, las tres a la vez. Dos se rinden de inmediato; la tercera intenta huir a toda velocidad.
Tras los disparos de aviso ─que no surten efecto─, un tirador de precisión embarcado en una aeronave neutraliza los motores fueraborda de la narcolancha en fuga mediante fuego selectivo. Los nueve narcos a bordo se tiran al agua y la tripulación de la aeronave pasa entonces a labores de rescate, lanzándoles dispositivos de flotación hasta que los rescatan las lanchas auxiliares. Detenidos los nueve sin heridos, 2,7 toneladas (6.085 libras) de cocaína decomisadas, 45,8 millones de dólares en mercancía intervenida y las tres narcolanchas hundidas como peligro para la navegación.
Hay un detalle importante en todo esto. Bajo la actual posición de la Administración estadounidense frente al narcotráfico, lo habitual no es interceptar a estas alturas, sino directamente atacar y destruir las narcolanchas desde el aire con fuego letal. Estos nueve, ni se imaginan la suerte que han tenido.
Ahora imagínate algo parecido en el Campo de Gibraltar, en las Rías Bajas o en cualquier punto del litoral español donde los narcos imponen su ley. Aquí las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FCS) saben hacer su trabajo, quieren hacerlo y, en gran medida, pueden hacerlo. Pero el marco político y legal no permite responder con la contundencia que la situación exige. El resultado lo conocemos sobradamente: narcolanchas con motores fueraborda más potentes que los de las patrulleras de la Guardia Civil o de Vigilancia Aduanera, abordajes y atropellos a agentes en puerto, pedradas a los GEAS, agresiones en muelle filmadas en directo y la sensación generalizada de que el narcotráfico se ha asentado como un poder paralelo con relativa impunidad.
No es ─únicamente─ cuestión de medios. Es cuestión de voluntad política y de un marco legal que permita actuar como corresponde. Mientras tanto, allá tienen «suerte» los nueve de la narcolancha. Aquí la tienen, todos los días, los que llegan a la playa. Y aquí dejamos el vídeo, para que cada uno saque sus conclusiones, sobre la forma de interceptar una narcolancha.




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