
El pasado 11 de agosto de 2026 abrimos la tercera edición del ranking de vendehúmos tácticos, esta vez a escala mundial y en español e inglés. La novedad de esta edición es que las propuestas ya no se justifican por escrito, sino seleccionando motivos concretos en una lista de 12 conductas conductas que convierten a alguien en vendehúmos, en lugar de dejarlo al criterio de cada uno.
Al comprobar esa lista se observa que ninguno de los 12 motivos habla de armas, de tiro ni de instructores. Hablan de currículums, de rendimiento comprobable, de promesas irreales, de huir del escrutinio y de vender la biografía en lugar del producto. Por lo tanto, son de aplicación a cualquier ámbito de mercado donde el cliente no puede medir por sí mismo lo que compra.
Así que vamos a aplicar este método a otro ámbito, concretamente al ámbito de la geopolítica, tomando como muestra a un supuesto analista de geopolítica muy popular de España, un hombre que vende libros a patadas y llena auditorios, y sobre el que hay opiniones muy encontradas. Para unos es el único que se atreve a contar lo que nadie cuenta. Para otros no es más que un charlatán aprovechando su empleo e historial militar. Vamos a ver qué dicen las evidencias, motivo por motivo, y lo que no dicen, que no es poco.
Los 2 primeros motivos no se cumplen.
Los 2 primeros motivos de la lista son los más graves y los más frecuentes. Vender formación o productos sin formación ni experiencia demostrable en la materia, y atribuirse méritos, destinos, unidades o experiencias que no se pueden acreditar. Analicemos los datos disponibles públicamente en este caso para comprobar si se cumplen estos 2 motivos.
Pedro Baños Bajo nació en León en 1960, es de la XL Promoción de la Academia General Militar y Diplomado de Estado Mayor. Coronel de Infantería del Ejército de Tierra, fuera del servicio activo desde 2012. Mandó unidades como teniente y capitán en Burgos, Bilbao, Almería y Toledo. Estuvo en tres misiones en Bosnia-Herzegovina. Entre 2001 y 2004 fue jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo. Entre 2004 y 2010 dio clase de Estrategia y Relaciones Internacionales en la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas, del CESEDEN. Su último destino, entre 2010 y 2012, fue jefe del Área de Análisis Geopolítico en la Secretaría General de Política de Defensa. Es magíster en Defensa y Seguridad por la Complutense.
Todo eso es real, está publicado, se puede contrastar y no lo discute nadie. Ni rastro de fraude en el currículum, ni de esos casos de «10 años de experiencia militar» sin un solo dato concreto, ni del anonimato usado como aval. Es un oficial superior con una hoja de servicios que cualquiera puede comprobar, y con destinos que además guardan relación directa con la materia sobre la que habla.
Así que queda claro que no se inventó el currículum y un vendehúmos con currículum de verdad es mucho más difícil de detectar que uno que se las inventa. Ese es justo el problema que viene ahora.
El prestigio real, que no es el que parece.
Antes de entrar en los motivos que sí se cumplen veamos qué consideración tiene realmente este señor entre los que saben del asunto, más allá de la popularidad.
En 2017, siendo ministra de Defensa María Dolores de Cospedal, se ordenó al Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas que analizara sus publicaciones y sus actos públicos. En junio de 2018 sonó su nombre para dirigir el Departamento de Seguridad Nacional y el nombramiento se cayó, con objeciones que no vinieron solo de partidos de la oposición, sino de distintos ámbitos del propio Estado. El puesto fue para el general Miguel Ángel Ballesteros. Y en abril de 2025, un reportaje de El Confidencial Digital describía la situación con claridad. No cuenta con el beneplácito oficial del Ministerio de Defensa y por eso no suele ser invitado a actos vinculados a órganos de Defensa, aunque sí tiene tirón entre parte de los oficiales y generales, y algunos de sus libros se recomiendan en centros de enseñanza militar.
Ese es el retrato exacto. Un hombre que llena auditorios y al que la institución de la que procede prefiere no poner en su escenario. Cuando alguien es muy popular fuera de su gremio, pero genera desconfianza dentro, se puede pensar que es porque le tienen manía, o porque nadie es profeta en su tierra. No obstante, puede tratarse simplemente de que en el gremio saben separar el trigo de la paja.
A eso se suma lo que dicen los especialistas. Juan Luis Cebrián reseñó el libro El dominio mental de este señor en El País en diciembre de 2020 y lo llamó empanada mental cruzada por todos los tópicos del conspiracionismo. José Ignacio Torreblanca, profesor de Ciencia Política en la UNED y director de la oficina de Madrid del European Council on Foreign Relations, lo comparó con Michael Flynn. Y un investigador universitario finlandés terminó dedicándole una ficha en un repertorio internacional de difusores de narrativas prorrusas.
Ninguno de los tres es un anónimo de Twitter. Y ninguno recibió una respuesta que discutiera sus argumentos, como vamos a ver enseguida.
Sin rendimiento documentado. El quinto motivo.
El quinto motivo de la lista habla de quien no tiene rendimiento real documentado en ninguna parte y evita cualquier situación en la que se le pueda evaluar en público con cronómetro y blancos. En el campo de tiro eso se ve enseguida. En un plató cuesta más, porque el mundo tarda meses o años en darle o quitarle la razón a nadie, y para entonces el público ya está en otra cosa.
Salvo cuando no. Un analista que dice qué va a pasar deja un rastro, quiera o no. Y hubo un caso donde el registro quedó muy limpio, porque lo que dijo era concreto, tenía fecha y el resultado llegó pocas semanas después.
Entre noviembre de 2021 y febrero de 2022, mientras Rusia juntaba tropas y material en la frontera de Ucrania, Baños repitió que no habría invasión. En noviembre de 2021 llamó belicismo a los avisos y describió la reacción ucraniana como el viejo truco de crear un enemigo fuera para tapar los líos de dentro. En diciembre de 2021, cuando la inteligencia estadounidense avisó de una ofensiva para principios de 2022, contestó que a quien le convenía la guerra era a Estados Unidos, por su situación económica y por su pugna con China, y apuntó al negocio del gas. Sugirió montajes de falsa bandera. En enero de 2022 llamó «analistas de salón deseosos de ver una guerra» a los que anunciaban el ataque, y se rio de los informes británicos.
El 30 de enero de 2022 dijo lo más concreto de todo. Que 100.000 soldados no eran nada, que aquello no bastaba para una invasión y que no se veía cadena logística preparada. Al día siguiente dijo que no creía probable la guerra. El 20 de febrero de 2022 seguía bromeando en redes con que igual Putin no invadía ese día para dejar en ridículo a Estados Unidos y a la OTAN, y proponía el 29 de febrero como próxima fecha ─un día que en 2022 no existía─.
Cuatro días más tarde, el 24 de febrero de 2022, empezó la invasión.
Los dos apoyos de aquello se podían comprobar, y se desmintieron. Rusia había tomado Crimea en 2014 con unos 25.000 hombres y había entrado en Georgia en 2008 con unos 20.000, así que decir que 100.000 eran pocos no se sostenía ni con datos rusos. Y la cadena logística que según él no se veía ─trenes, camiones de munición y de combustible─ salía en las fotos de satélite que publicaban medios de todo el mundo desde finales de 2021.
Por supuesto, fallar una predicción no es vender humo. Los pronósticos sobre guerras fallan a todas horas, y bastantes analistas serios tampoco creían en febrero de 2022 que Rusia fuera a atacar así. El error, por sí solo, no demuestra nada.
Lo que importa es lo que viene después del error. Y lo que vino después fue nada. El 24 de febrero de 2022 condenó el ataque y señaló a Putin como principal responsable, aunque repartiendo también con Biden y la OTAN. Añadió que, como casi todos los analistas, él no esperaba la invasión. Ni una palabra sobre los avisos concretos de los que se había reído durante 3 meses. Ningún repaso de los dos argumentos del 30 de enero de 2022. Ninguna explicación de por qué su modo de analizar había dado ese resultado.
Eso es exactamente el quinto motivo. No hay rendimiento documentado que consultar, y el único ejercicio cronometrado que existe se saldó sin repaso.
Huir del escrutinio. El noveno motivo.
El noveno motivo de la lista dice esto. Evita el escrutinio, no responde a preguntas técnicas con argumentos, descarta cualquier evidencia externa y su única respuesta es su propia anécdota, el desdén o el bloqueo. Aquí hay 4 casos documentados, y los 4 tienen la misma forma.
El primero es Torreblanca. En junio de 2018, cuando sonó su nombre para el Departamento de Seguridad Nacional, publicó un hilo con citas y fechas. Recordaba que Baños había cuestionado el informe de la comisión oficial holandesa sobre el derribo del vuelo MH17, y que había descrito la intervención militar rusa en Ucrania como prudente por considerar que ese país le corresponde a Rusia por razones culturales. Ninguna de las dos cosas era una opinión sobre Baños. Eran cosas que Baños había dicho, con enlace. Sobre el MH17, un tribunal de los Países Bajos condenó en noviembre de 2022 a 3 personas por el derribo y dio por probado que Rusia mantenía el control efectivo sobre los separatistas desde mediados de mayo de 2014.
El segundo es Nicolás de Pedro, investigador especializado en Rusia y en el espacio postsoviético, con años en el CIDOB antes de pasar al Institute for Statecraft de Londres. En 2021, tras publicarse en la prensa internacional que dirigentes independentistas catalanes se habían reunido con personas vinculadas a los servicios rusos, De Pedro escribió sobre el asunto. La respuesta de Baños no discutió ni un dato del artículo. Dijo que De Pedro trabaja en un falso laboratorio de ideas británico que sería una tapadera del MI6 y cuya misión sería desinformar sobre Rusia. Días después compareció en la Comisión de Seguridad Nacional del Congreso para hablar de desinformación.
El tercero es Jeremy Duns, escritor británico. En 2019 hizo algo que cualquiera puede repetir en una tarde. Puso la edición inglesa del libro Así se domina el mundo del señor Baños al lado de la española, y contó lo que faltaba. Faltaban unas 30.000 palabras, entre ellas pasajes sobre los Rothschild escritos en el tono habitual del conspiracionismo. Eso no es una interpretación ni una acusación. Es un recuento. La respuesta fue hablar de una campaña de desprestigio de «espías y adláteres» por ser un autor crítico con el poder.
El cuarto es el más claro de todos, y hay que contarlo entero porque enseña el mecanismo funcionando de principio a fin.
El 15 de febrero de 2023, Pekka Kallioniemi, entonces investigador posdoctoral en la Universidad de Tampere y especializado en redes sociales y desinformación, pidió ayuda a hispanohablantes para traducir un trabajo que preparaba sobre Baños. Un investigador diciendo en público que va a publicar un análisis sobre alguien, y buscando quien se lo traduzca.
La respuesta llegó 2 días después. Baños dijo que unos trolls al servicio de los anglosajones querían darle publicidad con vídeos y artículos viejos, inventando historias y creando deep fakes. Dijo que el meme NAFO ─una broma de internet en la que quienes apoyan a Ucrania se ponen fotos de perros de dibujos─ era una jugada de guerra informativa de los servicios de inteligencia de Occidente. Y señaló a la CIA, porque el perfil del finlandés tenía puesto Langley, en Virginia, como ubicación. Langley es la sede de la CIA y ponerla ahí es un chiste habitual entre la gente que se divierte con ese meme. O sea, un chiste evidente se leyó como confesión de trabajar para un servicio de inteligencia y se presentó como prueba.
Al día siguiente vino un vídeo de 2 minutos en TikTok. Allí, aquel trabajo aún sin publicar ya era una campaña montada para hundirle en público. Y entonces llegaba el giro más revelador, porque él no era el único objetivo, sino que la campaña iba contra todos los españoles que aman la paz, ya que el mundo anglosajón querría meter a España en una guerra mundial. Anunciaba además que la semana siguiente empezarían a soltar bulos en varios idiomas.
In today’s #vatnik soup, I’ll introduce a Spanish writer, colonel and attention-seeker,Pedro Baños. He’s best-known for his takes on «geostrategy» (his Twitter handle is @geoestratego), for his hate on «Anglo-Saxon» world and for his long-lasting, low-key support for Russia.
— Vatnik Soup (@P_Kallioniemi) March 4, 2023
1/24 pic.twitter.com/hJDkcVcVb5
El trabajo se publicó el 4 de marzo de 2023. Eran 25 mensajes. No había deep fakes, ni bulos, ni idiomas exóticos. Había su libro, el recuento de Duns, la comparación de Torreblanca, su propia acusación contra Nicolás de Pedro y sus propios mensajes de noviembre de 2021 llamando belicistas a los que avisaban de la invasión. Todo material público suyo, con fecha. Aquella campaña despiadada anunciada por adelantado resultó ser un hilo de Twitter con enlaces a sus declaraciones.
En los 4 casos alguien le contradice con datos concretos, y en los 4 la respuesta no toca ni uno de esos datos y explica en su lugar quién paga al que critica. Montado ese circuito, ya no hay evidencia capaz de tocar la tesis, porque todo lo que va en contra pasa a ser un dato más de la trama.
Y hay una táctica defensiva, la más eficaz de todas, que es anunciar el ataque antes de que llegue. Cuando alguien avisa de que van a atacarle con mentiras, cualquier crítica posterior queda anulada antes de existir, sea cierta o falsa. Ya no hace falta rebatir nada. La jugada se conoce bien a escala pequeña. Es el instructor que, antes de que salga la reseña mala del alumno descontento, avisa a los demás de que en el sector hay mucha envidia. Cuando sale la reseña ya no se lee como reseña, se lee como la envidia anunciada. Solo cambia el tamaño del público y la potencia de las palabras, que en el caso pequeño son envidias y en el grande son los servicios de inteligencia anglosajones.
La biografía como producto. Motivos cuarto, séptimo y octavo.
Tres motivos de la lista van juntos, porque describen 3 caras de lo mismo. Prometer resultados milagrosos o capacidades irreales. Basar el argumento de venta en la biografía y la imagen en lugar de en lo que el cliente va a conseguir. Y abusar de la grandilocuencia y los palabros para aparentar conocimientos.
Los títulos de los libros hablan por sí solos. Así se domina el mundo, El dominio mundial, El dominio mental, El manual del mañana. Un libro que promete desvelar las claves del poder mundial promete algo que ningún autor puede ofrecer, igual que un curso que promete pasar «de civil a Delta Force» en un fin de semana. Y la marca no es el contenido, es el rango militar. Es «el coronel Baños», y esa es la etiqueta que aparece en las portadas, en los rótulos de televisión y en los carteles de las conferencias.
Hay una diferencia importante entre una credencial y un aval universal. Haber sido jefe de contrainteligencia de un cuerpo de ejército y haber dirigido un área de análisis en el Ministerio de Defensa prueba que sabe de procedimientos, de estructuras y de cómo se hace inteligencia dentro de una casa. No prueba que sepa predecir lo que van a hacer los Estados, que es otro problema, mucho más duro, y sobre el que hay bastantes estudios con resultados poco halagüeños para quien se dedica a ello. Es la misma distancia que separa a un oficial de logística con veinte años de servicio de un instructor de tiro.
Y luego está el repertorio, que es donde la falta de límite se convierte en dato. Ha opinado sobre el asesinato de Kennedy, sobre las dudas del 11 de septiembre, sobre el origen de la pandemia, sobre el papel de la OMS, sobre la sucesión del Papa, sobre la fuga de científicos españoles, sobre política monetaria, sobre teología chií y sobre la producción de misiles balísticos ─vamos, que es un tertuliano en toda regla─. La lista no tiene final visible. Es el perfil del liendre, que de todo sabe y de nada entiende. Un especialista sabe dónde se acaba lo suyo.
Conceptos sin validación y material repetido. Motivos tercero y sexto.
El tercer motivo habla de enseñar o difundir conceptos inventados, sin fundamento ni validación. El sexto, de repetir contenido de otros sin entenderlo. Su clase de apertura en un programa de alta dirección de una escuela de negocios de Murcia, en marzo de 2026, sirve de muestra, porque en un solo acto sale mezclado todo lo que hace difícil juzgarle.
Hay ahí cosas ciertas y comprobables. Que China lidera desde hace años las patentes internacionales se ve en los registros de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Que la marina china pasa hoy a la estadounidense en número de barcos es un dato público. Que China concentra casi todo el refino mundial de tierras raras es cierto. Que hay una brecha brutal de coste entre un dron barato y el misil que lo derriba es real y lleva años discutiéndose. Nada de eso es humo. Igual que decir que en verano hace calor y en invierto hace frío.
Y en el mismo bloque, sin cambiar de tono ni avisar, salen cosas de otra clase. Que la guerra de Irak de 2003 se explica porque Sadam empezó a vender petróleo en euros, y que lo de Libia en 2011 se explica por un proyecto de moneda africana con respaldo en oro, son las dos piezas centrales de la tesis del petrodólar, que triunfa en internet y tiene un apoyo académico bajísimo. Irak sí pasó al euro en el año 2000, eso es cierto, pero hacer de ese hecho la causa de una guerra deja fuera todo lo demás que sabemos de cómo se tomó aquella decisión. Que Irán fabrica 100 misiles balísticos al mes y Estados Unidos ocho es una cifra sin fuente. Que los misiles hipersónicos iraníes vuelan a más de doce veces la velocidad del sonido y esquivan cualquier defensa sale sobre todo de fuentes oficiales iraníes, repetidas sin filtro, y choca con lo que se vio en las intercepciones de 2024. Y la desdolarización se presenta como inminente cuando el dólar sigue siendo cerca del 57 por ciento de las reservas mundiales, una cifra que baja despacio desde hace veinte años y que no describe ningún derrumbe a la vuelta de la esquina.
El problema no es que unas cosas sean verdad y otras no. Es que van sin etiqueta. Un dato del registro de patentes y una tesis sobre los motivos ocultos de una guerra salen con la misma cara y la misma autoridad, y el que escucha no tiene forma de saber que ha cambiado de terreno. Se lleva a casa un paquete cerrado en el que no puede separar lo bueno de lo malo, y como no puede separarlo, o se lo cree entero o lo tira entero.
Si alguien te dice que una de cada dos cosas que dice no es del todo verdad y te dice que si vas por el camino de la derecha llegas a tu destino y que si vas por el camino de la izquierda no llegas a tu destino, a ver por dónde coño vas ahora sin saber qué es verdad y qué es mentira.
Debajo de todo eso hay algo más profundo. En noviembre de 2017, en televisión, ató a Israel y a los Rothschild con el asesinato de Kennedy ─luego matizó que solo citaba una teoría entre muchas─. Un mes después, en una entrevista, habló de los Rothschild como los que en buena medida controlan la economía mundial. En febrero de 2022, en un podcast de mucha audiencia, volvió a darles el control de las 4 grandes agencias de calificación, de los principales medios y de los grupos editoriales, y dijo que el mundo está en manos de 10 o 12 familias que lo dirigen todo. Él mismo ha explicado que prefiere hablar de «realidades de la conspiración», porque cree que la etiqueta de teoría se usa para destruir a quien las señala.
Que los Rothschild controlen las agencias de calificación es un dato que se comprueba y ya está comprobado, y no es cierto. Pero lo que importa es cómo está montado el argumento. Un sistema donde un grupo pequeño y sin nombres dirige lo que pasa tiene una ventaja muy cómoda, y es que no puede fallar. Si los hechos encajan, confirma la tesis. Si no encajan, es que la jugada era más fina de lo que parecía. Si alguien lo desmiente con papeles, es que el que desmiente forma parte del asunto. En este blog se tradujo hace años un artículo sobre los 12 sesgos que nos impiden razonar bien, y este es el terreno donde todos trabajan a la vez y a favor del que habla. Una frase que ningún hecho posible podría desmentir no está diciendo nada del mundo.
El profeta que mira hacia atrás.
Queda por explicar de dónde sale la fama de acertar, porque es lo más difícil de ver desde el sofá.
Una predicción vale lo que valga su precisión. «Habrá un terremoto en una zona sísmica» no es una predicción, es una descripción de cómo funciona la corteza terrestre. «Algún verano habrá un gran incendio donde hay monte» tampoco. Son cosas que van a pasar tarde o temprano, y cuando pasan cualquiera puede decir que ya lo había dicho.
En noviembre de 2018 anunció que en 2 o 3 años podía venir una gran crisis mundial, y dio el motivo, que era la deuda enorme de familias, Estados y empresas. En 2020 llegó una crisis mundial enorme. Vino de un virus, no de la deuda. La fecha coló y la causa no tuvo nada que ver, pero el resultado se puede vender sin matices como un acierto y así se ha vendido.
El caso más claro es el de la pandemia. El 11 y el 25 de febrero de 2020, en Cuarto Milenio, una mesa en la que estaba Baños habló del coronavirus antes de que el tema llenara la conversación en España. Él dijo entonces que pudiera ser un virus con el que se estuviera experimentando. Es una frase en condicional, sin compromiso, que no afirma nada que se pueda comprobar. En septiembre de 2020, con la pandemia ya encima, el mismo programa juntó a aquellos 4 invitados y los presentó como los que habían anticipado la pandemia mundial.
Cuidado con lo que estamos diciendo y con lo que no. La hipótesis del escape de laboratorio no es ninguna tontería. Sigue abierta, las agencias de inteligencia estadounidenses no se ponen de acuerdo entre ellas y lo dicen con poca confianza, y defenderla no convierte a nadie en charlatán. Sin embargo, decir en febrero de 2020 que pudiera ser un virus de laboratorio no es predecir una pandemia. Es soltar una posibilidad entre varias sin mojarse. Convertir eso en profecía 7 meses después es lo mismo que hace el instructor que cuenta una anécdota y la vende como prueba de su método.
Y luego está el otro lado, el de las predicciones que sí eran concretas y sí fallaron. En septiembre de 2022 dijo que había que negociar con Rusia porque sin su gas podían morir de frío cientos de miles de personas en el invierno que venía. Aquel invierno fue suave, los depósitos europeos llegaron llenos, el consumo de gas de la Unión Europea bajó alrededor de un 13% y los precios se hundieron desde los máximos de agosto. No hubo cientos de miles de muertos por frío. Nadie repasó aquella frase.
El resultado de las dos cosas juntas es un historial que solo se recuerda por un lado. Las frases vagas que el tiempo acaba rozando se guardan como aciertos y vuelven al plató. Las concretas que el tiempo desmiente desaparecen. Cualquier tirador que puntuara así sus ejercicios ─apuntando los buenos y borrando los malos─ tendría una media espectacular y no serviría para nada.
El caso de Ceuta.
El último ejercicio disponible llegó hace unos días y lo hemos seguido de cerca en este blog, primero con el contexto, las causas y las soluciones y después con el argumento histórico sobre la soberanía. No vamos a enredarnos con los detalles, sino con el fondo de la cuestión que se refiere al señor Baños.
Recordemos que entre el jueves 30 y el viernes 31 de julio de 2026 entraron en Ceuta más de 60.000 personas en menos de 24 horas. Ceuta tiene 83.000 habitantes, así que hablamos del 70% de su población. La crisis de mayo de 2021, que hasta este verano era el episodio de referencia, se movió entre 6.000 y 10.000 personas.
El 1 de agosto de 2026, Diario de León publicó las valoraciones de Baños sobre lo ocurrido. Firma Cristina Fanjul, que es la misma periodista que le entrevistó el 30 de enero de 2022, cuando dijo que 100.000 soldados no eran nada. Cuatro años y medio después, en el mismo periódico y con la misma firma, sin una sola línea sobre aquello.
El contenido repite el reparto de siempre. Una parte es buena. Sostiene que un movimiento de esa magnitud no se explica solo como reacción espontánea y que Rabat lo aprovecha para pasarle costes políticos a España. Eso conecta con un concepto que lleva años en la literatura de estudios estratégicos, el uso de los flujos migratorios como forma de coacción, con precedentes muy citados como la frontera de Bielorrusia con Polonia o la presión de Turquía sobre la Unión Europea. Añade que Marruecos ha ganado posición gracias al reconocimiento estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, a los Acuerdos de Abraham y a su relación con Francia. Nada que objetar, y lo firman también otros analistas sin ninguna relación con él.
Y luego viene la otra parte. Dice que llega a pensar si el Gobierno español no estará de acuerdo con el marroquí. La idea sería crear un problema enorme, convencer a los españoles de que Ceuta y Melilla no compensan el gasto, pasar un tiempo de cosoberanía y entregarlas dentro de 30 años, cuando ya nadie recuerde qué era aquello. Y remata con 7 palabras que resumen el método entero, la de que «esto no es azar, ni mucho menos».
Dejando a un lado lo que no sabemos públicamente, Marruecos ha abierto una investigación sobre varios agentes de Castillejos por su posible implicación en el cruce masivo. La Guardia Civil tendrá que dar explicaciones ante la justicia. Ha habido informaciones periodísticas que sostienen que el CNI avisó al Gobierno del riesgo de una entrada masiva, cosa que el Ejecutivo niega. Todo eso es serio y, si se confirma, apunta a que aquello no fue del todo espontáneo y a que pudo haber negligencia grave.
Pero no hay que confundir dos cosas que no tienen nada que ver. Una es que el Gobierno tuviera avisos y no actuara, o que hubiera connivencia al otro lado de la frontera. Eso se investiga, hay indicios y un juez detrás. Se acabará sabiendo a ciencia más o menos cierta. Otra muy distinta es que exista un pacto secreto para entregar territorio nacional dentro de 30 años mediante una cosoberanía. De lo segundo no hay ni un documento, ni una fuente, ni un indicio. Y se lanzó con un «llego a pensar si», que es la misma fórmula condicional del «pudiera ser» de febrero de 2020, y que cumple la misma función. Permite soltar la acusación más grave que cabe hacerle a un gobierno sin cargar con la obligación de probar nada, y permite reclamar el acierto si algún día algo se le parece ─aunque ha dicho 30 años, quizás porque presume que por entonces no estará para que se lo echen en cara si no es para llevarse el mérito por haber sido Nostradamus─.
Un reloj parado da la hora bien dos veces al día. Eso no lo convierte en reloj.
Desde luego, lo que no hemos encontrado es que Baños dijera antes que esto de Ceuta iba a pasar, ni que después se atribuyera el aviso. Otros lo han hecho, él no. Dejémoslo claro para no cargarle con lo que no ha dicho.
Consideraciones y matices.
Al margen de todo lo que indican las evidencias anteriores sobre las características de un vendehúmos, hay cosas que no podemos afirmar y que no vamos a afirmar.
La primera es que cobre de nadie. En octubre de 2022, El Mundo publicó un reportaje que sostenía esa acusación apoyándose en sus propias declaraciones y tuits. Él lo negó rotundamente y dijo que, siendo militar, si eso fuera cierto estaría en una prisión militar. No conocemos ninguna prueba documental que lo demuestre. Coincidir con un relato no prueba estar pagado por él.
La segunda es el asunto del antisemitismo, que hay que dejarlo también claro. Después de que Duns publicara su recuento, Penguin encargó una revisión independiente dirigida por la rabina Julia Neuberger, con dos especialistas en antisemitismo. Aquella revisión concluyó que ni la portada ni el texto inglés eran antisemitas, aunque sí vio ecos de esas teorías en los pasajes quitados de la edición española y dijo que había preguntas que hacerse sobre esa supresión. Penguin dejó de imprimir la versión inglesa, y una de las expertas que participó consideró que esa decisión no era adecuada. La edición en castellano se sigue publicando con normalidad.
La tercera es que Baños ha sido víctima de bulos. En noviembre de 2020 circuló mucho una captura con unas frases despectivas hacia la Guardia Civil que se le atribuían. Newtral y Maldita.es lo comprobaron y concluyeron que era falso, que no había rastro de esas palabras y que él las negaba. A alguien hay que criticarle por lo que hizo y no por lo que otros le atribuyen sin ser cierto. Y hay una ironía aquí, porque quien ha sufrido una difamación real tiene motivos para desconfiar, aunque eso no convierta cualquier crítica posterior en parte de la misma campaña.
La cuarta es que no todo lo que dice es descartable, y ya lo hemos visto dos veces. Que los Estados van a lo suyo y no a la moral, que la pugna tecnológica con China marca el tablero, que Europa tiene un problema serio de dependencia energética, que la información es un campo de batalla o que la migración se usa como herramienta de presión, son ideas que defienden también analistas muy serios. Discrepar del consenso atlantista no es fraude, es una postura legítima que sostiene mucha gente con argumentos, que es donde está la gracia, en tener argumentos.
Y la quinta, quizá la más importante, es que nada de lo anterior permite decir que mienta a sabiendas. Es posible ─y bastante más habitual de lo que se pudiera pensar─ que alguien monte un sistema de creencias coherente consigo mismo, se convenza a sí mismo, y desde ahí pase cada dato nuevo por ese filtro de buena fe. Es lo que se explicaba aquí en su día hablando del efecto Dunning-Kruger. La sinceridad no valida nada. Uno puede creerse su propio humo, que no va a dejar de ser humo.
El recuento.
Teníamos 12 motivos en la lista. Este es el resultado.
No se cumplen el primero ni el segundo, que son los más graves. Tiene formación y experiencia reales en la materia y no se atribuye nada que no pueda acreditar. Tampoco hemos encontrado nada del décimo, el de expedir certificaciones o pertenencias a organizaciones creadas para validarse a sí mismo. Y el undécimo, el de la secta con jerga propia y palmeros, se queda a medias, porque hay palmeros y hay ataques a quien discrepa, pero no hay escuela ni discípulos a los que proteger. 4 motivos que no se le pueden reprochar, y uno de ellos es justamente el que más veces se le reprocha en internet.
Se cumplen el tercero y el sexto, por difundir marcos explicativos sin fundamento ni validación y por repetir material ajeno sin filtrarlo. El cuarto, por prometer en cada portada lo que ningún autor puede ofrecer. El séptimo y el octavo, por vender el empleo militar y la biografía en lugar del contenido. El quinto, sin discusión, porque no hay rendimiento documentado en ninguna parte y el único ejercicio con fecha y resultado se saldó sin repaso. Y el noveno, que es el más claro de todos, con 4 casos documentados en los que la respuesta a la crítica no fue un argumento sino una teoría sobre quién paga al crítico.
7 de 12, con un octavo a medias. Y entre ellos los 2 que definen el mecanismo, que son la ausencia de rendimiento comprobable y la huida del escrutinio.
Así que la pregunta del título tiene una respuesta que no es ninguna de las dos que ofrece. Ni héroe ni villano. Un profesional con una carrera real que ha construido, sobre esa carrera real, un producto que no puede fallar nunca. Y esa es exactamente la definición con la que trabajamos desde 2019, la de quien hace alarde de conocimientos, talentos o experiencias que no puede constatar. Da igual que parte de la mercancía sea buena. La mierda no hay que probarla para saber que es mierda, y un paquete que mezcla las dos cosas sin etiquetar cada una sigue siendo un paquete que no merece la pena abrir.
La prueba que proponemos para cualquiera es fácil, y no se aleja mucho de la que sirve para diferenciar a un instructor de un charlatán. No consiste en preguntarse si alguien tiene razón, porque eso casi nunca se puede valorar en directo. Consiste en preguntarse si nos enteraríamos de que se ha equivocado en caso de que se equivocara. Si lo que dice es lo bastante concreto como para poder fallar. Si separa lo que sabe de lo que supone, o lo suelta todo junto con el mismo tono. Si, cuando falla, lo reconoce y explica en qué falló su razonamiento. Si acepta que le lleve la contraria gente que sabe del tema, o solo gente que ya le da la razón. Si su respuesta a la crítica es un argumento o es una teoría sobre los motivos ocultos del que critica.
Quien pasa esos filtros puede estar equivocado, y lo estará muchas veces, pero se le puede leer con provecho porque su error se ve y se corrige. Quien no pasa ninguno puede acertar de vez en cuando por casualidad y seguirá sin servir como fuente, porque no hay manera de distinguir sus aciertos de sus fallos hasta que ya da igual.
Decía Tiger McKee, citando a Platón, que la opinión está a medio camino entre el saber y la ignorancia, y que «en mi opinión» es lo que dice alguien cuando no tiene datos para respaldar lo que afirma. La frase aparece en un texto suyo publicado aquí hace más de diez años. Vale para el campo de tiro y vale igual para la geopolítica de sobremesa.
Nadie está obligado a acertar. Todos estamos obligados a poder ser corregidos.
Por cierto, que la fase de propuestas de la tercera edición del ranking sigue abierta hasta el 11 de octubre. Y esta vez el ámbito es mundial y bilingüe.
Fuentes y referencias:
- Ficha biográfica y trayectoria profesional publicada por el propio Pedro Baños Bajo en geoestratego.com.
- Entrada «Pedro Baños Bajo» de Wikipedia en español, con la cronología documentada de declaraciones y controversias y sus referencias originales de prensa.
- «Un director general del Ministerio de Defensa asiste a una conferencia de Pedro Baños». El Confidencial Digital, 03ABR25. Recoge el análisis del CIFAS ordenado en 2017 y su situación respecto al Ministerio.
- «El coronel Pedro Baños acusa al CNI de permitir a espías extranjeros colaborar en medios españoles». El Confidencial Digital, 15OCT21. Recoge la respuesta a Nicolás de Pedro.
- José Ignacio Torreblanca. Hilo sobre el nombramiento de Pedro Baños para el Departamento de Seguridad Nacional, 07JUN18, recogido por StopFake.
- Pekka Kallioniemi. Ficha sobre Pedro Baños en Vatnik Soup, publicada el 04MAR23.
- Alison Flood. Serie de artículos sobre la revisión independiente encargada por Penguin y la retirada de la edición inglesa. The Guardian, junio de 2019.
- Bruno Pardo Porto. «El misterio que rodea la retirada del ensayo de Pedro Baños en Reino Unido por supuesto antisemitismo». ABC, 28JUN19.
- Juan Luis Cebrián. «En los dominios de la empanada mental». El País, 04DIC20.
- Carlos Barragán. «Baños, el profeta geopolítico de Íker Jiménez». El Confidencial, 28OCT19.
- Julio Valdeón. «El coronel Baños y el batallón pro Putin de los «Moscú Bizum»». El Mundo, 23OCT22.
- Gonzalo Araluce. «El coronel Pedro Baños advierte: nos estamos viendo abocados a una revolución en Europa». El Español, 05NOV18.
- David G. Maciejewski. Entrevista a Pedro Baños. El Español, 11SEP22.
- Cristina Fanjul. «Ceuta y Melilla: el control del Mediterráneo y las rutas energéticas». Diario de León, 01AGO26. Y entrevista a Pedro Baños en el mismo diario, 30ENE22.
- Cuatro. Programas de Cuarto Milenio de 11FEB20, 25FEB20 y 01MAR20, y reencuentro de la mesa de expertos de septiembre de 2020.
- ENAE Business School. «Anatomía del nuevo orden global», crónica de la clase magistral de Pedro Baños en la presentación de Magistrae 2026, 10MAR26.
- Newtral. «El fake sobre el coronel Pedro Baños y las supuestas críticas a los guardias civiles», 19NOV20. Y verificación de Maldita.es sobre el mismo asunto, 18NOV20.
- Sentencia del tribunal de los Países Bajos sobre el derribo del vuelo MH17, 17NOV22.
- Imágenes de satélite y análisis del despliegue ruso previo a la invasión publicados por The Washington Post (08DIC21) y Politico (23DIC21).
- Agencia Internacional de la Energía. Informes sobre el balance de gas natural de la Unión Europea del invierno 2022-2023.
- Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, estadísticas anuales de solicitudes internacionales de patente vía PCT. Y Fondo Monetario Internacional, base de datos COFER sobre composición por monedas de las reservas oficiales.





