Ponerse delante del protegido y agarrarlo, esa técnica que venden como israelí que los condena a los dos.

No es raro ver esto mismo en vídeos diferentes con pequeñas variaciones. Aparece alguien que parece ser un escolta y ensaya su reacción ante una amenaza. La secuencia viene a ser la misma en este tipo de vídeos en plan show. Suena el estímulo, el escolta se cruza por delante del protegido, lo agarra con la mano izquierda ─normalmente por el hombro o el cuello de la ropa─ y tira de él para dejarlo detrás. Y ahí se queda la cosa. Los dos parados, uno detrás de otro, alineados con la amenaza, mientras el escolta intenta hacer algo con la pistola. Casi siempre lleva la etiqueta «israelí», que es un sello que últimamente vale para vender casi cualquier cosa «táctica» ─ya hablamos de ello a propósito del Krav Maga [1] y de aquella parodia que Masada Tactical presentaba como Tiro de Combate Israelí [2]─.

No lo vemos. Y no lo vemos por razones que se pueden explicar con números y con documentos, no con opiniones.

Empecemos por lo evidente. El escolta es la reacción y la amenaza es la acción, así que ya llega tarde antes de moverse. Esto no lo decimos nosotros, lo lleva explicando Tony Blauer desde hace décadas [3] y está en el fondo del ciclo OODA de Boyd. Cuando alguien te ataca, tienes que percibir, interpretar, decidir y ejecutar (Observar, Orientar, Decidir, Actuar), mientras el otro ya solo ejecuta porque lo decidió antes. Partiendo de esa desventaja, cualquier cosa que añadamos a la secuencia de respuesta cuesta tiempo que no tenemos.

¿Cuánto tiempo? El Force Science Institute midió lo siguiente. Un sospechoso al que se le permitía disparar cuando quisiera abría fuego 0,38 segundos después de empezar a mover el arma. El policía que tenía enfrente ─con su pistola ya desenfundada y apuntando al sospechoso, que es la situación más favorable imaginable─ respondía en 0,39 segundos [4]. En más del 60% de los casos el sospechoso disparó antes o exactamente a la vez. Bill Lewinski calcula que desenfundar de una funda de nivel I y colocar un disparo apuntado son alrededor de 1,5 segundos, y que en 1,7 segundos un atacante con una Glock coloca seis disparos de media [5].

Ahora pongamos esos números al lado de lo que dura un atentado real. A Reagan le dispararon seis veces en 1,7 segundos [6]. A Shinzo Abe le separaron 2,5 segundos entre el primer disparo, que falló, y el segundo, que lo mató [7]. Eso es lo que marca el cronómetro de la realidad.

Si el escolta gasta el primer medio segundo largo en percibir y decidir, luego otro tanto en cruzarse y agarrar, y después necesita 1,5 segundos para desenfundar y colocar un disparo, ya vamos por bastante más de dos segundos. El atentado a Reagan, entero, duró menos. Cuando el escolta del vídeo termina su preciosa secuencia, ya ha pasado todo, y si el malo no es tan malo será el que quede en pie.

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