«Zapatero, a tus zapatos»: intrusismo (profesional, táctico o de lo que sea), instructores y vendehúmos o cantamañanas.

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La imagen de portada la saqué en la consulta de un especialista en Fisioterapia. Me la guardé para la posteridad, porque basta cambiar algunas palabras para aplicar su contenido a cualquier campo o materia, incluido lo táctico, tanto lo que se refiere a combate con armas de fuego, como tiro, como la moda de la sanidad táctica, o lo que uno quiera. Fruto de una conversación me acordé que tenía la imagen guardada y «nunca es tarde si la dicha es buena».

Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre «instructores», sus cualidades, cómo elegirlos bien (te dejo al final unos cuantos enlaces por si quieres leer un rato). Como dice Tacho Carrión, «llueve sobre mojado». El tema se suele circunscribir a lo mismo y lo resume perfectamente el clásico refrán «zapatero, a tus zapatos».

Hay demasiados individuos con ganas de ser expertos y vender cursos, en lugar de ganas de convertirse en expertos a base de recibir cursos, a base de cultivar su formación y experiencia, y ya después si acaso poder impartirlos ellos. Pero claro, quieren estar vendiendo cursos desde el primer momento y no dedicar tiempo a formarse primero. Se meten en jardines que no son de su ámbito de conocimiento, por lo que abordan la materia desde una base muy limitada, tanto en formación como en experiencia.

Lo bueno de alguien con formación y experiencia en la materia es que más fácilmente te puede enseñar basándose en evidencias y darte una visión más realista de lo que se pretende. Muchas veces el que habla más claro no es el que tiene menos formación y experiencia, que los hay que se afanan en parecer expertos utilizando un lenguaje raro de cojones en lugar del habitual que entiende todo el mundo. Solo tienes que leer o escuchar a algunos que «escriben o hablan para impresionar en lugar de escribir o hablar para expresar», y se quedan más en el intento, porque más que impresionar acaban en sinsentidos.

Yo tengo un razonamiento muy sencillo. Si me van a dar clase de Matemáticas, prefiero que sea alguien cuya formación y experiencia sean las Matemáticas, aunque solo sea para aprender a sumar. Con el tema táctico, combate, sanitario, o lo que sea, me pasa lo mismo. Para lo más básico prefiero alguien de ese campo, que además sea bueno, claro, tanto en la materia como impartiéndola.

Por otra parte está el precio de la formación. La calidad hay que pagarla. La calidad que pueda tener un curso va a estar íntimamente ligada a quién o quiénes impartan el curso, concretamente a su formación y experiencia, así como a su aptitud pedagógica ─o más bien «andragógica», sin pretender resultar petulante─.

Y todo tiene un precio, máxime el tiempo de una persona. Ese precio no es raro que vaya ligado también a la mencionada calidad, es decir, a la formación y experiencia del que imparte el curso. Llamémoslo «caché».

Sin un precio, no hay negocio, y aunque la formación persigue como fin último eso mismo ─formar─, también es un negocio que prolifera por ser lucrativo, o una persona podría no dedicar su tiempo a enseñar a otros. Y es que una cosa no quita la otra, siempre que no se engañe y el «caché» sea ¿justo? ¿objetivo? ¿digno? ─no sé cómo llamarlo─.

No se trata de pagar lo que se pida, sino el caché que corresponda. Curiosamente, en el mundo de la formación también se aplica la «ley de oferta y demanda». Está claro que hay quien aprovecha para sacar tajada, como en cualquier otro ámbito comercial. No obstante, aún con un cierto caché, los más cualificados para impartir un curso no tienen por qué sacarte los ojos, y pueden llegar a resultar más baratos que algunos cantamañanas.

En fin, cada uno se supone que es suficientemente mayorcito para decidir en manos de quién se pone. Saber elegir bien referencias y referentes es más importante de lo que parece ─o acaba uno creyendo que «la Tierra es redonda»─. Un analfabeto, como puede ser un crío pequeño, puede que se maraville ante cualquiera que sepa leer y/o escribir, aunque lo haga de puta pena, y no sería de extrañar que pudiera ponerse en sus manos para aprender. No sé si me explico.

Aquí te dejo los enlaces que te comentaba al principio, que no hacen más que repetir lo mismo:


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