¿Seguro que el examen era difícil o es que no habías estudiado lo suficiente? ¿Seguro que ha sido el estrés y no ha sido tu incompetencia?(7 minutos de lectura)

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No sé si el examen es difícil o es que no he estudiado lo suficiente

Dicen que una buena forma de explicar las cosas son las analogías, así que antes de hacer amigos entre los que se puedan dar por aludidos, veamos si consigo explicarme medianamente bien.

Imagina que te juegas el puesto de trabajo de tu vida, haciendo algo que te apasiona y con un muy buen sueldo vitalicio con el que poder vivir más que holgadamente, tanto tú como tu familia ─mujer y cuatro hijos─. La asignación del puesto depende de un examen que solo tienes que aprobar con un 5 y eres el único candidato que se presenta al puesto. No solo tienes el puesto de trabajo de tu vida al alcance de la mano, sino que dependes íntegramente de ello para poder salir adelante, porque de lo contrario tú y tu familia os quedaréis en la calle, sin nada ni nadie a quien acudir, sin futuro ─digamos que se trata de un examen a vida o muerte─. Vamos, que tienes encima una gran presión ─llámalo estrés si quieres─ a la hora de realizar el examen. Tienes 100 días para preparar el examen.

Tienes una última cosa a tu favor: si el examen es «demasiado» difícil quedará invalidado y te asignarán el puesto automáticamente. Te dicen que basta con que estudies un par de horas diarias a la semana para superar el examen. Si aún así no lo superas, entonces se considerará demasiado difícil y te asignarán el puesto automáticamente. Lo que no te dicen es que para determinar si el examen es «demasiado» difícil, posteriormente realizarán ese mismo examen un total de 100 sujetos de prueba, seleccionados en virtud de unos test de personalidad e inteligencia para descartar aquellas personas que destaquen por arriba o por abajo ─muy o nada inteligentes─ y así garantizar que los sujetos de prueba tienen tus mismas características de personalidad e inteligencia. Los sujetos de prueba estudiarán un par de horas diarias a la semana para preparar el examen. A diferencia de ti los sujetos de prueba no se juegan nada e incluso les pagan por formar parte del experimento.

Ahora, la cuestión es ¿tú qué harías? ¿nada? ¿estudiar un par de horas diarias a la semana?  ¿una hora diaria a la semana? ¿cuatro horas diarias a la semana? ¿estudiar todo lo que pudieras más allá de las dos horas diarias a la semana?

Pues bien, llega el día del examen y no lo superas, así que invocas la eximente de «examen demasiado difícil». ¿Qué crees que va a pasar? Lo evidente es que acudan al experimento con los 100 sujetos de muestra para comprobar si efectivamente se acredita que el examen era demasiado difícil. Los resultados del experimento indican que el examen no era demasiado difícil, así que no se admite esa eximente. Sin embargo, tú acreditas que habías estudiado más de cuatro horas diarias a la semana, lo que es el doble de lo inicialmente exigido. Por ello, finalmente te aplican la eximente de examen demasiado difícil y te asignan automáticamente el puesto. Se dice que el estrés al que estabas sujeto tuviera algo que ver, por jugarte tanto en el examen, aunque también podría ser que no estudiaras adecuadamente. En cualquier caso, pusiste de tu parte según lo exigido dedicando más de dos horas diarias a la semana al estudio, así que parece justo aplicar la eximente de examen demasiado difícil.

 

Ahora bien, si no hubieras estudiado más que una hora diaria a la semana, ¿se te aplicaría la eximente de «examen demasiado difícil»? En este caso no puedes acreditar haber estudiado un mínimo de dos horas diarias a las semana, pero tú consideras que igualmente que en el caso anterior podría haber sido por cuestión del estrés y no por el  hecho de no haber estudiado lo suficiente, como determina el experimento. ¿A ti qué te parece? ¿puede ser el estrés o es que no has estudiado lo suficiente?

Lo cierto es que el experimento acredita que es necesario un mínimo de dos horas diarias a la semana para superar el examen y tú únicamente le dedicaste una, así que sabes de sobra que no habías estudiado lo suficiente tanto si el examen lo hubieras realizado sin estrés alguno o con el estrés con el que lo realizaste, ¿no te parece? Así que no hay forma de aplicar la eximente de examen demasiado difícil, sencillamente porque no pusiste lo que se exigía por tu parte.

Esa es la analogía. Ahora solo tenemos que trasladarla al ámbito de un combate con armas de fuego o un enfrentamiento armado. El examen es ese combate o enfrentamiento. El tiempo de estudio es el tiempo de entrenamiento para alcanzar un mínimo de competencia. El estrés del examen en este caso es el estrés inherente al hecho de jugarte la vida propio del combate. Superar el examen significa hacer uso del arma de fuego e impactar sobre la amenaza sin ocasionar daños a terceros. No superar el examen significa hacer uso del arma de fuego, fallar el blanco y ocasionar daños a terceros. La eximente de examen demasiado difícil en el caso de un combate puede ser la defensa, el estado de necesidad, u otra. ¿Crees que tiene sentido? ¿me he explicado bien? ¿ves a lo que quiero decir?

No cabe la menor duda que el estrés propio de un combate con armas de fuego en el que te juegas la vida tiene una repercusión en el rendimiento y puede suponer una merma, pero dicha merma será respecto a tu nivel inicial, a tu competencia, la que logras con tu entrenamiento. No puedes pretender lograr un buen rendimiento durante un combate cuando no entrenas lo suficiente y se te puede considerar incompetente.

Dicho de otro modo, el estrés es una putada que siempre va a estar ahí, pero no me digas que ha sido el estrés si cuando estás en el campo de tiro después de tomarte una tila con todo de tu parte no le das a un blanco a 3 metros.

Si suspendes un examen, no me digas que ha sido el estrés si no habías estudiado para el examen.

Si tienes un accidente de tráfico, no me digas que ha sido el estrés si ibas borracho conduciendo o si no sabes conducir.

Si tu paciente muere durante la operación, no me digas que ha sido el estrés si tú no aprobaste Medicina y no eres médico.

etc.

Dicho esto, a mi me parece muy peligroso y temerario ─y lo es─, incluso rastrero, «vender» el método de rociar y rezar [rociar de plomo a la amenaza sin tratar siquiera de apuntar y rezar para darle a la amenaza y no a cualquier otro], en lugar de apuntar y colocar [apuntar a la amenaza y colocar los impactos sobre su centro de masas], solo porque el estrés no te va a permitir apuntar, cuando en realidad no se demuestra ni un mínimo de competencia con el arma de fuego. No pretendas darle al blanco el día de la verdad, cuando ya de por si no le das en el campo de tiro. Puede que conseguirlo esté al alcance de la mano y consista en entrenar.

El que demuestra un mínimo de competencia sin estrés puede justificar su incompetencia en una situación de estrés. El que es un incompetente sin estrés, no tiene justificación y cabe esperar la misma incompetencia en una situación de estrés.

Para terminar, una reflexión:

¿tú permitirías a alguien que no sabe conducir llevar un autobús con 50 personas a bordo? ¿y a una persona que no demuestre ser lo suficientemente competente con un arma de fuego le permitirías llevar un arma de fuego?



Acerca de Jorge Tierno Rey

Infante de Marina desde 1999, Capitán desde 2007. Experto en nada. Siempre aprendiendo. Me encanta aprender. Sin experiencia real en combate. Traduzco decentemente textos del inglés al español. Fundé y escribo en El Blog de Tiro Táctico (tirotactico.net). Soy un profesor mediocre. Más de 2.500 horas de clase, más de 60 cursos, más de 1.200 alumnos me han sufrido.
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Este debate contiene 3 respuestas, tiene 3 mensajes y lo actualizó  Jorge Tierno Rey hace 2 meses, 2 semanas.

Viendo 3 publicaciones - del 1 al 3 (de un total de 3)
  • Autor
    Publicaciones
  • #16614

    Jesús *
    Participante

    El entrenamiento tiene su resultado, nos pone a un nivel y nos hace saber hasta dónde podemos llegar.

    Si entrenamos con un método, unos objetivos realistas, de forma sensata y eficaz creo que podemos saber cuales son nuestros límites, nuestros puntos fuertes y los vulnerables y ello nos permitirá resolver el incidente.

    Posiblemente lo podamos resolver con eficacia sin tener que llegar a disparar, ya que somos conscientes de que disparando no vamos a solucionar nada, si no más bien empeorar la situación.

    Un saludo

    Jesús*

    #16624

    Jenofonte
    Participante

    Muy buenas! Lo de «rociar y rezar» por desgracia es muy habitual. Estoy totalmente de acuerdo, al final lo de siempre… entrenamiento!.
    En el tiro, creo que hasta hace unos años se abusaba de la precisión en las unidades policiales realizando ejercicios muy alejados de la realidad, últimamente mejoró ese aspecto y se introdujeron nuevos conceptos y entrenamientos más acordes enfocados a un combate con armas de fuego en vez de para ganar apuestas de cervezas. El problema es que se ha desvirtuado todo y parece que el factor primordial es la velocidad de disparo, realizar una cadencia muy alta sin darle importancia a donde terminan nuestros proyectiles. Gran error. Mi opinión, primero la precisión, creo que es la base que debo dominar y mantener, pero eso sí, una precisión que huya de las posiciones de tiro meramente deportivo y se adapte a las que se deben tomar en situaciones reales de enfrentamiento. Una vez que soy preciso trabajo sobre mi cadencia manteniendo la precisión. Busco mi límite e intento alargarlo. Siendo preciso soy rápido ya que no se trata de darle primero al «malo», se trata de incapacitarlo lo más rápido posible y para ello necesito la precisión. Pongo un ejemplo sencillo, dispongo de una pistola y la amenaza también tiene una pistola, estamos a unos 30m el uno del otro sin obstáculos ni parapetos posibles, ambos partimos de arma en la funda y la extraemos a la vez pero yo soy muy rápido y comienzo a disparar antes que él, cuando llevo 3 disparos rapidísimos (he rociado) él realiza el primero suyo. Es posible que mis disparos le alcancen (rezo para ello), pero ¿eso va a lograr que lo incapacite y deje de ser una amenaza? dependerá de muchos factores. Pongamos que él si que me alcanza en la zona que ha elegido, en este caso pondremos el pecho, ha perdido unas décimas de segundo en tomar los elementos de puntería (0.30sg ¿aprox?) pero ya van 1-0 en su favor y cómo no es tonto sigue disparando con precisión hasta que me ve caer. Si en vez de al pecho me hubiera tirado a cabeza seguramente se acababa todo mucho antes… En definitiva, que primero debo ser preciso y eso me dará la velocidad de resolución de la situación. Buscar el equilibrio perfecto entre precisión y cadencia es uno de los objetivos que persigo en los entrenamientos de tiro.

    Cómo bien dice Jorge, si no soy capaz de dar dónde quiero en un campo de tiro teniendo enfrente un trozo inerte de papel, el día de mañana, cuando ese objetivo sea una amenaza real, en un escenario real con posibles terceras personas, con mi vida en riesgo, etc… mis probabilidades de neutralizarle bajarán muchísimo y entonces dependeré en exceso del fáctor suerte.

    Un saludo y gracias por el artículo.

    #16646

    Jorge Tierno Rey
    Jefe de claves

    Así de sencillo, Jesús y Jenofonte. No se puede pretender en la realidad lo que ni siquiera se intenta con el entrenamiento. Tan ridículo como presentarse a correr una maratón sin haber entrenado lo suficiente y no vale ir a andar un par de kilómetros una vez a la semana. Pues todavía hay quien se cree que su incompetencia en el campo de tiro siempre tendrá la excusa del estrés en la vida real, cuando lo evidente es que su incompetencia en el campo de tiro se manifestará igualmente en la vida real. Vamos, que sin estrés o con estrés, el deficiente va a ser deficiente.

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