Un instructor retirado mata a una alumna al «confundir» su pistola cargada con un arma de entrenamiento. Biblioteca de Anacostia, Washington D.C. (EE.UU.). 4 de agosto de 2022.

Hace más de diez años publicamos un artículo que se titulaba «Aberración de seguridad con las armas de fuego. ¡Vamos a apuntarnos unos a otros!», en el que explicábamos sin dejar lugar a dudas que ponerse en círculo y apuntarse unos a otros ─en seco, con el arma «descargada», con un dispositivo de bloqueo de la recámara, o con cualquier otra excusa─ es una aberración de la seguridad con las armas de fuego sin justificación posible. Por si alguno todavía tiene dudas sobre por qué ningún instructor con dos dedos de frente permite semejante cosa, el caso de Maurica Manyan es literalmente la crónica de una muerte anunciada.

El jueves 4 de agosto de 2022, a primera hora de la tarde, seis agentes asistían a un curso de bastón extensible ASP y técnicas de engrilletamiento en una sala de reuniones de la Biblioteca de Anacostia, en Washington D.C. (EE.UU.). Los alumnos eran policías [Special Police Officers] asignados a la división de seguridad pública de la red de bibliotecas públicas de la ciudad ─un tipo de agente certificado por el Distrito de Columbia para proteger instalaciones concretas, autorizado a portar arma de fuego en servicio─.

El instructor era Jesse Porter, de 58 años, inspector retirado de la Policía Municipal de [Metropolitan Police Department (MPD)] de Washington D.C., que se había jubilado en 2020 y estaba contratado para impartir este tipo de formación.

Entre los alumnos estaba Maurica Manyan, de 25 años, que llevaba menos de un año en el cuerpo.

El curso había terminado. Los alumnos se juntaron para hacerse una foto de grupo al finalizar la sesión. Manyan pidió un momento para quitarse la mascarilla ─era 2022, cuando el uso de mascarilla era habitual─. El grupo llevaba todo el día bromeando con ella sobre su pelo y sobre que «nunca estaba lista». Mientras Manyan se quitaba la mascarilla, Porter se apartó del grupo, se giró, sacó la pistola de la funda, apuntó y presionó el disparador una sola vez. La bala le dio a Manyan en el pecho.

Acto seguido Porter se llevó las manos a la cabeza y gritó «Pensé que llevaba la pistola de entrenamiento. ¿Por qué lo hice? ¿Está bien?». Se arrodilló e inició maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) junto a los presentes. Los servicios de emergencia trasladaron a Manyan al hospital, donde se confirmó su muerte.

Hay tres factores de este caso a tener muy en cuenta que lo convierten en una negligencia enorme y no en un accidente fortuito:

  • En la sala había varias pistolas de entrenamiento de plástico de colores vivos ─el típico naranja y azul eléctrico─, que no pueden disparar nada. Los alumnos declararon que, a lo largo del día, vieron a Porter cambiar en varias ocasiones la pistola real de la funda por una pistola de entrenamiento.
  • Antes del disparo mortal, ese mismo día, Porter ya había apuntado a Manyan con una pistola de entrenamiento naranja «simulando dispararle» en respuesta a una broma. Según uno de los alumnos, Porter solía hacer este tipo de cosas «para que la formación no fuera aburrida».
  • Un testigo declaró que, justo antes del disparo, Porter levantó las manos y dijo algo como «vamos otra vez» antes de oírse el disparo.

La cámara de vigilancia de la biblioteca grabó toda la secuencia. El vídeo se hizo público en septiembre de 2023, tras la sentencia.

El caso vulnera simultáneamente las cuatro normas de seguridad con las armas de fuego de Jeff Cooper, que ya tratamos en detalle en este artículo. Volvamos a explicarlo por si hay alguna duda:

  1. Trata toda arma de fuego como si estuviera cargada. Porter tenía en la funda una pistola real con munición real. A lo largo del día había estado cambiando la pistola real por una de entrenamiento y viceversa. En el momento de presionar el disparador creía ─según dijo─ que tenía la de entrenamiento. Trató la pistola como si no estuviera cargada porque asumió que no lo estaba. Precisamente por eso es importante hacer extensiva esta norma a cualquier cosa que pueda parecer un arma de fuego, aunque no lo sea, como si es una pistola de chocolate.
  2. No dirijas la boca de fuego hacia nada ni nadie sobre lo que no pretendas disparar. Porter sacó la pistola, apuntó al grupo y, más concretamente, a Manyan. No había ningún motivo para dirigir la boca de fuego hacia nadie si no pretendía dispararle.
  3. Mantén el dedo fuera del disparador hasta que los elementos de puntería estén alineados sobre el blanco y hayas decidido conscientemente disparar. Porter colocó el dedo en el disparador y lo presionó sobre una persona a la que no pretendía disparar.
  4. Asegúrate de cuál es tu blanco y de lo que tiene delante, detrás y a los lados. El blanco era una compañera, acompañada por otras cinco personas.

Estas cuatro normas están diseñadas para reforzarse entre sí, precisamente porque un error humano que implique la vulneración de una norma se compensa con las otras tres para evitar ocasionar daños personales. Cuando se vulneran las cuatro simultáneamente no hay ninguna capa de seguridad que evite una tragecia. El resultado es el que cabía esperar.

En el mundo anglosajón existe un concepto sencillo y ampliamente utilizado en el ámbito de la formación para garantizar la seguridad que se llama «entorno estéril». En cualquier lugar donde se utilice material de entrenamiento ─réplicas de armas, armas simuladas [Red Gun], pistolas de plástico de colores vivos, munición de fogueo, munición marcadora UTM o Simunition, etc.─ no puede haber ningún arma real ni munición real. No hay excusas. Ni en las fundas, ni en las mochilas, ni en los chalecos, ni «de reserva». Se accede al lugar sin nada real, dejando antes el arma real y la munición real en un espacio físicamente separado, se verifica cada arma y cada cargador y solo entonces comienza el ejercicio.

No es una manía de personas paranoicas. Es el único procedimiento que elimina de raíz la posibilidad de que un arma real acabe disparándose creyendo que es de entrenamiento. En las instrucciones de cualquier ejercicio de doble acción [force-on-force] medianamente serio se incluye un protocolo de verificación en el que participan varias personas independientemente, precisamente porque confiar en la memoria de una sola persona no es una garantía de seguridad, sino tener fe en que no va a pasar nada.

En la Biblioteca de Anacostia no se aplicó ningún protocolo de entorno estéril. El instructor iba armado con su pistola real cargada, había pistolas de entrenamiento de plástico sobre las mesas, y durante la sesión se intercambiaron armas reales e inertes en varias ocasiones. La demanda civil posterior interpuesta por la familia de Manyan señala explícitamente que la presencia de un arma real cargada en una sala de formación con armas de entrenamiento constituye, por sí sola, una violación flagrante de protocolos básicos de seguridad.

Aquí es donde conviene volver a aquel artículo sobre la aberración de apuntarse unos a otros y recordar el fondo de la cuestión.

Las excusas más socorridas cuando se vulnera alguna norma de seguridad, sin necesidad, son «pero es que estábamos en broma», «pero es que era para enseñar», «pero es que era con el arma de entrenamiento», «pero es que las armas estaban comprobadas». Las excusas son como el culo, que todo el mundo tiene uno. La respuesta es evidente, al igual que las consecuencias. La gracia de las normas de seguridad con las armas de fuego está en cumplirlas, sobre todo cuando se está aprendiendo y entrenando. Se aplican siempre, independientemente del arma que se tenga en la mano, porque el hábito se entrena haciéndolo siempre, no cuando a uno le parece.

El caso Manyan es la demostración en carne y hueso de por qué no hay excusas que valgan. Porter, un inspector retirado con 30 años de servicio, había normalizado a lo largo del curso dos conductas prohibidas: apuntar a una alumna con lo que él creía que era el arma de entrenamiento «en broma», y alternar entre su arma real y la de plástico dentro del mismo entorno. Una vez que alguien se acostumbra a apuntar a una persona porque cree que el arma es inofensiva, es cuestión de tiempo que se equivoque una vez. Y una sola vez basta.

Este es precisamente el motivo por el que ningún instructor «serio» permite jamás que sus alumnos se apunten unos a otros. No es paranoia ni exceso de celo. Es que ya saben cómo acaba esto. Ya han visto, o han leído, o conocen personalmente casos como el de Manyan. Cualquier instructor que te diga que «en esta parte del ejercicio vamos a apuntarnos entre nosotros porque en realidad no hay riesgo» te está diciendo, con otras palabras, que ha decidido por su cuenta que las normas no se aplican cuando a él le conviene. Eso no es una opinión ni una metodología alternativa. Es incompetencia técnica.

Siguiendo con el desarrollo de este caso en concreto, Porter fue detenido al día siguiente y acusado inicialmente de homicidio involuntario. En mayo de 2023 la acusación se amplió a homicidio doloso [second-degree murder], así como posesión ilegal de arma de fuego durante la comisión de un delito violento y descarga ilegal de arma de fuego ─signifique lo que signifique en la legislación penal estadounidense─. En junio de 2023 llegó a un acuerdo con la fiscalía y se declaró culpable del cargo original de homicidio involuntario. En agosto de 2023 el juez le condenó a tres años de prisión más cinco años de libertad vigilada. La familia y la fiscalía consideraron la pena insuficiente ─la fiscalía había pedido siete─.

La familia de Manyan interpuso además una demanda civil multimillonaria contra el Distrito de Columbia, la red de bibliotecas y la empresa de formación contratada, señalando como causa un «fallo total de los protocolos de seguridad». Entre otras cosas, la familia denuncia que Porter accedió al edificio con un arma real cargada, que no fue detenido inmediatamente tras los hechos y que los responsables de la biblioteca habían recibido quejas previas sobre métodos del instructor que no fueron atendidas.

La excusa de que «Porter dijo que creía que tenía la pistola de entrenamiento» convierte el homicidio en «accidente» y reduce la pena en el ámbito jurídico. Sin embargo, la realidad es que murió una persona por culpa de la decisión de un instructor que tenía que saber que no se apunta a nadie con ningún arma, bajo ningún pretexto, bajo ninguna excusa. Este incidente es incompatible con una conducta mínimamente profesional.

El caso Manyan, como otros similares no se explica por «mala suerte» ni «fallo puntual». Se explica por un modelo mental equivocado que aplican algunos ¿instructores? ─más bien vendehúmos─, que consiste en creer que las normas de seguridad se pueden relajar cuando uno sabe lo que hace ─eso se cree─ o cuando las condiciones «parecen» seguras.

Pues no. Es al revés. Las normas de seguridad están diseñadas para aplicarse precisamente cuando uno cree que está todo controlado. Si las normas solo se aplicasen en situaciones que se perciben como peligrosas, no harían falta normas. Porque el peligro que mata no es el que se ve, es el que no se ve: el cargador que uno creía que no estaba, la pistola que uno creía que era la de entrenamiento, el arma que uno creía que estaba descargada, el compañero que uno creía que no estaba delante. Este tipo de accidentes con armas de fuego comparten el hecho de suponer cosas que no eran. Las normas de seguridad son el seguro contra las suposiciones.

Por eso nadie en su sano juicio se pone a hacer un círculo con sus alumnos para que todos se apunten unos a otros. No porque el arma esté cargada ─que puede no estarlo─, sino porque la única forma de garantizar que ningún alumno se apunte con un arma cargada es no apuntarse nunca con ninguna ─aunque no esté cargada─. El hábito se construye a base de repetir.

Y por eso el único instructor que vale la pena es aquel que ni apunta a nadie ni permite que nadie lo haga en sus clases y cursos, que no mezcla armas reales con armas de entrenamiento, que supervisa de cerca todo lo que sucede y no transige ni lo más mínimo en cuanto a normas de seguridad, sin inventarse excusas. El resto es venta de humo con víctimas mortales por el camino.

 

Fuentes:

  • ‘Thought I Had My Training Gun’: Ex-Cop Charged in Special Officer’s Killing in DC Library. NBC4 Washington. 5 de agosto de 2022.
  • Retired officer fatally shoots woman during police training exercise at D.C. library. NBC News. 6 de agosto de 2022.
  • ‘I thought I had my training gun. Why did I do this?’ Retired officer charged in library shooting. WTOP News. 5 de agosto de 2022.
  • Retired MPD lieutenant charged in fatal shooting of officer during training at DC library. WJLA/7News. 5 de agosto de 2022.
  • Former cop sentenced to 3 years for deadly shooting of Special Police Officer Maurica Manyan during training session. WJLA/7News. 25 de agosto de 2023.
  • Surveillance video shows deadly shooting of special police officer during training session in DC. FOX 5 DC. 13 de septiembre de 2023.
  • Surveillance video of Anacostia Library shooting released. WUSA9. 13 de septiembre de 2023.
  • WATCH: Surveillance video released of Anacostia Library Shooting. DC News Now. 13 de septiembre de 2023.