
Al contrario de lo que se pueda pensar, la Ley respecto al uso de la fuerza letal en EE.UU. no dista en esencia de la de cualquier otro país con un sistema de Derechos y Libertades, como España. La gran diferencia radica en la aplicación de la Ley a la hora de interpretar una determinada situación táctica, por ejemplo, cuándo se entiende que se trata de una amenaza inminente que justifica el uso de la fuerza letal. De este modo, no se puede aplicar la fuerza letal sobre un delincuente en huida, independientemente de sus fechorías previas, salvo que realmente constituya una amenaza inminente, como cuando en su huida te dispara o te apunta con un arma de fuego. En esta situación táctica en concreto, aunque el chaval apuñala al policía en el cuello, este no puede utilizar la fuerza letal contra él cuando se da a la fuga y ya no constituye una amenaza inminente.
No vamos a meter el dedo en la llaga, así que no vamos a citar casos en concreto, pero situaciones en las que se usa la fuerza letal contra un delincuente en huida que no constituye una amenaza inminente se han dado también en España.
Aunque podríamos vernos abocados a justificar el uso de la fuerza letal contra un delincuente en huida, si previamente acaba de apuñalar y matar a nuestro compañero o familiar, lo cierto es que legalmente no hay justificación, en tanto en cuanto no haya una amenaza inminente en el momento de hacer uso de la fuerza letal.
La situación es aún peor si al hacer uso de la fuerza letal sobre un delincuente en huida, que no constituye una amenaza inminente, ocasionas daños personales ─o incluso la muerte─ a terceros, como fácilmente puede ocurrir ─y así ha ocurrido─ en la calle. Si es que aún en el caso de una amenaza inminente no es fácilmente admisible que ocasiones daños personales a terceros. Vamos, que independientemente de la legalidad del uso de la fuerza letal, si se trata de disparar un arma de fuego, hay que darle al blanco, como es lógico y evidente. ¡Y hay excusas que no sirven!
Al hacer uso de la fuerza se exige «que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar». Por lo que, si para evitar la huida de un delincuente se ocasionan lesiones a terceros, podría ser más adecuado permitir la huida, especialmente si eres uno de esos terceros que sufre los daños.
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