Madre mía, este fusil contracarro finlandés era gigantesco. El L-39 pesaba 50 kilos.

Habrá fusiles grandes y pesados, pero desde luego este fusil contracarro finlandés se lleva la palma, con sus más de 2 metros de largo y 50 kilos de peso. ¡Madre mía! Seguramente que te asignaran semejante bicho era una auténtica tortura, porque cargar con eso en el campo de batalla tiene pinta de no ser nada fácil. Aunque su munición resultaba relativamente eficaz contra los blindajes de los carros de combate de la época, algo que puede resultar de gran utilidad.

(Reproducción del artículo en español publicado en War Is Boring con fecha 16 de octubre de 2017, traducción del original en inglés escrito por Matthew Moss)


Madre mía, este fusil contracarro finlandés era gigantesco

El L-39 pesaba 50 kilos

El descomunal fusil contracarro Lahti L-39, diseñado por Aimo Lahti ─el mayor diseñador de armas de Finlandia─, les prestó un buen servicio a los finlandeses durante los años 1940. Solo el cañón del fusil contracarro semiautomático de 20 milímetros ya medía 130cm de largo, y todo el arma pesaba 50 kilos.

A lo largo de los años 1930, las Fuerzas Armadas finlandesas le estuvieron dando vueltas a la idea de cuál sería el calibre ideal de un arma para atravesar blindajes. Los oficiales apuntaron a los calibres 12,7, 13,2 y 20 milímetros ─y pretendían utilizar el mismo calibre tanto para atravesar blindajes como para derribar aeronaves─.

En 1935, el fabricante nacional finlandés de armas Valtion Kivääritehdas, o VKT, preparó un prototipo ─el L-35/6─ que disparaba el cartucho de 13,2 milímetros.

El propio Lahti prefería el cartucho de 20 milímetros, porque creía que tenía una mayor capacidad de penetración de blindajes. En 1939 VKT fabricó dos prototipos del L-39 en calibre 20 milímetros y el Ejército de Tierra finlandés los utilizó junto a algunas armas en calibre 13,2 milímetros durante la Guerra de Invierno contra la Rusia soviética.

En un informe sobre la eficacia de las armas L-35 de 13,2 milímetros se afirmaba que resultaban «inútiles como armas contracarro. Suelen tener interrupciones y se congelan fácilmente». La experiencia de combate demostró que la munición de 20 milímetros del L-39 resultaba más eficaz que la de 13,2 milímetros.

Los finlandeses iniciaron la fabricación en serie del L-39 de Lahti. El Ejército finlandés cambió el calibre del L-39 de 20×113mm a 20×138mm ─el mismo calibre que la ametralladora L-34─.

En la cabecera, sobre estas líneas y más abajo, fusiles contracarro Lahti L-39. Fotos vía Historical Firearms.

Las armas empezaron a entrar en servicio a finales de 1940 después del final de la Guerra de Invierno. El mayor uso del L-39 se dio entre 1941 y 1944 durante la Guerra de la Continuación. Los finlandeses utilizaron el L-39 en muchos cometidos además de contracarro. Se utilizó como cañón antiaéreo. Se montaron unos cuantos en embarcaciones.

Su peso descomunal y los 230 cm. de longitud total del L-39 complicaban enormemente su transporte, incluso cuando se llevaba con su bípode de esquíes ─que se cambiaba por uno de patas al ocupar una posición de tiro─. En su mayor parte los finlandeses utilizaron el L-39 desde posiciones fijas frente a las propias posiciones defensivas y vehículos de los soviéticos.

VKT fabricó unos 1.850 fusiles L-39 entre el final de la Guerra de Invierno y el principio de la Guerra de la Continuación. Aún después de la aparición de nuevos carros de combate soviéticos con un blindaje más grueso, el L-39 continuaba siendo eficaz en manos de un buen tirador ─hasta cierto punto─.

Al verse reducida su eficacia como arma contracarro en 1944, los finlandeses modificaron alrededor de 240 fusiles para utilizarlos como armas meramente antiaéreas, convirtiéndolos en armas automáticas de funcionamiento con recámara abierta y aguja percutora fija.

Además los finlandeses desarrollaron un cargador de 15 cartuchos para su uso antiaéreo, que sustituía al cargador anterior de 10 cartuchos.

Este último modelo L-39/44 demostró demasiada fragilidad en ráfagas sostenidas. En 1956 las Fuerzas Armadas finlandesas reconvirtieron las armas de vuelta en semiautomáticas.

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