
Hay muchas cuestiones en las que podemos estar o no estar de acuerdo. Al final, podemos no estar de acuerdo, pero siempre estaremos de acuerdo en que no estamos de acuerdo. Después de semejante embrollo, igual importa poco lo que digamos, pero vamos a intentarlo.
Puede que estés de acuerdo con nosotros al leer el título de este artículo. Somos los primeros que nos quejamos de ─casi─ todo y de ─casi─ todos, pero tenemos muy claro que quejarse no sirve de nada y hay que tomar acción, lo cual puede consistir simplemente en intentarlo. Son múltiples las quejas que suelen escucharse al hablar de profesionales de las armas y el combate con armas de fuego. A ver si podemos enumerar unas cuantas:
- La formación de las academias es escasa y mala.
- Los instructores son malos.
- Los ejercicios de tiro reglamentarios son escasos y malos.
- La munición de dotación es mala y supone un serio peligro por rebotes y sobrepenetración.
- El estrés anula las habilidades motoras finas, la posibilidad de apuntar y la toma de decisiones, así que no se puede pretender darle al blanco.
- etc. (seguro que a ti se te ocurre alguna más)
Puede que algunas ─o todas─ las quejas estén justificadas, pero desde luego no solo no sirven de nada, sino que ni siquiera sirven como excusa, especialmente cuando lo que se pretende es justificar la incompetencia.
La mejor solución para la incompetencia radica en el entrenamiento, con el que se puede llegar a adquirir competencia en algo tan delicado como es el uso y manejo del arma de fuego, lo que permitirá afrontar con mayores garantías un combate con armas de fuego ─o un enfrentamiento armado, llámalo como quieras─.
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