Nuevos estudios: La velocidad a la que se levanta un sospechoso tendido boca abajo, más el impacto del esfuerzo físico sobre el rendimiento en el tiro. Force Science News. 20FEB18.

Detenido tendido boca abajo en el suelo

En los análisis preliminares de dos nuevos estudios realizados por el Force Science Institute (FSI) están surgiendo algunos resultados sorprendentes.

Un estudio se refiere a la velocidad con la que un sospechoso puede levantarse desde una posición de tendido boca abajo hasta una posición de huída o enfrentamiento. Los resultados indican que el tiempo invertido en ello es mucho más corto de lo que se pueda pensar, a pesar de los ajustes de la posición que normalmente los policías creen que impedirá un movimiento repentino peligroso del sospechoso.

El otro estudio analiza el impacto del esfuerzo físico y el estrés sobre el rendimiento en el tiro. Aquí la sorpresa radica en si el esfuerzo físico de perseguir y forcejear con un sospechoso que se resiste influye en la toma de decisiones respecto al uso de la fuerza letal.

Aún se están procesando los datos de la investigación, pero ya están surgiendo resultados que pueden repercutir en un mejor entrenamiento.

Este artículo es una traducción ─por Jorge Tierno Rey─ de su original en inglés NEW FORCE SCIENCE STUDIES: The stand up speed of proned-out suspects, plus the impact of physical exertion on shooting performance, publicado en el boletín Force Science News [Noticias Ciencia de la Fuerza] número 357, con fecha 20 de febrero de 2018. La traducción y publicación de este artículo cuenta con la autorización de Scott Buhrmaster, vicepresidente del Force Science Institute [Instituto Ciencia de la Fuerza].

(Artículo publicado en el número de MAR18 de la revista gratuita Tactical Online)

 

Estudio 1: la velocidad para ponerse de pie desde una posición de tendido

Tender boca abajo en el suelo a un sospechoso es algo ampliamente aceptado por los policías como una táctica que les proporcionará algo de tiempo de reacción en caso de que el sujeto decida lanzarse contra ellos o intente escapar. Pero, ¿cuánto tiempo de margen aporta esa táctica en realidad?

En una academia de Policía del Medio Oeste de EE.UU., un equipo de investigadores dirigido por el Dr. John O’Neill, científico del comportamiento de la plantilla del FSI, reunió a un grupo de aspirantes a policía para averiguarlo. La media de los participantes se ajusta a las características físicas de los sospechosos que suelen agredir a los policías, según determinó un estudio anterior dirigido por el Dr. Anthony Pinizzotto, antiguo instructor de Force Science: varón, de unos 25 años de edad, poco menos de 180 cm. de estatura y un peso de unos 80 kilos.

CUATRO POSICIONES, UNA ORDEN: Se grabaron en vídeo uno por uno 89 aspirantes a policía que actuaban como sospechosos partiendo de dos posiciones de tendido boca abajo que se suelen utilizar en la calle: 1) con las manos metidas debajo del pecho (una posición que los delincuentes pueden asumir directamente como resistencia a las órdenes de los policías de adoptar otra posición); 2) con los brazos abiertos a los lados en una posición en forma de T con las palmas hacia arriba.

Posteriomente se evaluó a 66 de esos mismos voluntarios partiendo de dos posiciones más de tendido boca abajo: 3) con los brazos abiertos y las piernas cruzadas por los tobillos; 4) con los brazos abiertos y las piernas cruzadas por los tobillos y flexionadas hacia atrás.

Con la cámara grabando se le daba a cada «sospechoso» una misma orden simple: «ponte de pie lo más rápido que puedas».

RESULTADOS «MUY SORPRENDENTES». «Nos esperábamos encontrar mucha diferencia» entre las posiciones, comentó O’Neill al boletín de noticias Force Science News. Pero cuando se analizaron las secuencias de vídeo fotograma a fotograma con su código de tiempo con la ayuda de un programa de ordenador que permite medir tiempos en milisegundos, se hicieron evidentes unos «datos muy sorprendentes».

«Desde las cuatro posiciones de tendido boca abajo», dice O’Neill, «los sujetos se pusieron de pie en un segundo o menos». Se levantaban de diferentes maneras, pero en no más de un segundo ─más rápido de lo que nos esperábamos─ estaban de pie con las manos despegadas del suelo y todo el peso del cuerpo descansando sobre los pies en una especie de posición de cuclillas desde la que podrían lanzar una agresión o iniciar su huída.

«De las cuatro posiciones, la mayor diferencia entre el tiempo más lento y el más rápido para ponerse de pie fue de menos de dos décimas de segundo». Normalmente la diferencia era de menos de una décima de segundo.

Según los datos obtenidos los sospechosos podían levantarse más rápido desde la posición con las manos metidas debajo del pecho. La posición más lenta era con las piernas flexionadas hacia atrás.

«Desde un punto de vista analítico, estas mínimas diferencias tienen cierto sentido estadístico», dice O’Neill, «pero desde un punto de vista práctico no parecen suponer mayores consecuencias».

DEDUCCIONES. «Nuestra conclusión es que la posición de tendido boca abajo, incluso con presuntos obstáculos tales como cruzar las piernas, no resulta tan segura ni tan restrictiva para un sospechoso como creen muchos policías», dice O’Neill. «Un sospechoso boca abajo no deja de suponer un grave peligro potencial y los policías han de estar alerta».

Si bien los resultados de la investigación no se prestan a recomendar una posición de tendido preferible, O’Neill espera que futuros experimentos conduzcan a mejoras tácticas. «Si los lectores tienen alguna otra variante de la posición de tendido que les gustaría que pusiéramos a prueba, estaremos encantados de escucharles», dice.

Mientras tanto, cuando se terminen de analizar los actuales resultados, os informaremos con más detalle sobre estas pruebas.

Puedes contactar con el Dr. O’Neill en: john.oneill@forcescience.org

 

Estudio 2: esfuerzo físico, estrés y la opción de usar fuerza letal

Al igual que el estudio anteriormente mencionado, se cree que este proyecto de investigación es el primero de este tipo.

Un equipo de investigadores del Force Science Institute dirigido por la Dra. Dawn O’Neill, científica del comportamiento de la plantilla del FSI, monitorizó el comportamiento de 30 aspirantes a policía mientras realizaban un ejercicio integrado de tácticas defensivas y tiro con pistola desarrollado y habitualmente utilizado por los instructores de la Academia de la Policía Local de Kansas City (Missouri, EE.UU.).

PERSEGUIR, FORCEJEAR, ABATIR. Con un pulsómetro de banda de pecho y equipo completo de dotación, se le decía a cada voluntario que fuera a la carrera al aire libre en un clima frío durante unos 100 metros cuesta abajo desde un edificio de entrenamiento para realizar una «comprobación de una persona». El aspirante a policía se encontraba con un figurante inicialmente tirado en el suelo. Pero cuando el aspirante se le acercaba, el hombre se levantaba de un salto y salía corriendo, tirando una bolsa a un lado mientras corría.

Mientras el aspirante le perseguía a pie «rápido de verdad» alrededor de tres lados del edificio de entrenamiento, de repente le interceptaban dos «colegas» del sospechoso que intentan detener la persecución. Uno le atacaba y «con realismo» forcejeaba con el aspirante hasta llevarlo al césped tratando de quitarle los grilletes y la pistola, lo cual requería que el aspirante aplicara enérgicamente tácticas defensivas y técnicas de retención del arma durante un período de tiempo de aproximadamente cuatro minutos. En última instancia, el aspirante ganaba y lograba engrilletar al adversario.

Tras una rápida comprobación de seguridad, se trasladaba inmediatamente al aspirante hasta una galería de tiro para realizar un ejercicio de tiro de precisión en condiciones de poca luz.

Al principio de su periodo de formación, todos los aspirantes a policía habían superado ya las pruebas de evaluación de tiro con pistola. «Ahora desde una distancia de 4’5 metros [5 yardas] cada aspirante tenía que realizar 10 disparos en siete segundos sobre un blanco giratorio de un hombre joven que les apuntaba con un arma», comenta O’Neill. «El objetivo del ejercicio de tiro era impactar dentro de un rectángulo de 12’5 por 18 cm. situado en la parte alta del centro de masas y lo ideal era impactar repetidamente en un cuadrado negro pequeño dentro de ese rectángulo».

Inmediatamente después, el aspirante era sometido a un ejercicio de toma de decisiones bajo presión. Mientras registraba tácticamente una serie de calles simuladas en las que se le decía que podía haber «hostiles» escondidos, se forzaba al aspirante a reaccionar ante una rápida secuencia de nueve blancos giratorios, que le presentaban aleatoriamente amenazas que justificaban el uso de fuerza letal o imágenes sin amenazas a las que no debía disparar.

Por último, en un aula independiente, cada aspirante era sometido a una pequeña prueba de memoria a corto plazo. «Esta prueba implicaba la capacidad de recordar y repetir una serie hablada de hasta nueve números tanto hacia delante como hacia atrás», dice O’Neill.

RESULTADOS. Cinco días antes se habían comprobado los ritmos cardíacos en reposo de los aspirantes a policía en un ambiente sin estrés y se les había sometido a las mismas pruebas de tiro y memoria pero sin haber realizado esfuerzo físico previo alguno. «Su rendimiento en ese momento se convirtía en el dato de “control” respecto al cual medimos los efectos de la actividad física intensa del forcejeo y la persecución a pie», explica O’Neill.

«Fisiológicamente encontramos una gran diferencia», dice O’Neill. «Durante la fase de forcejeo las frecuencias cardíacas de todos los aspirantes subieron más de 100 latidos por minuto respecto a la lectura normal de control, llegando un aspirante a alcanzar los 216 latidos por minuto».

«Además del esfuerzo físico, el aspirante a policía estaba sometido a mucho estrés psicológico al encontrarse solo, ser atacado, verse superado en número, que intentaran arrebatarle su arma, y demás. La mayoría dijeron que estaban “muy cansados” física y mentalmente después del forcejeo».

En la galería de tiro, con las frecuencias cardíacas aún considerablemente altas, «observamos cierto detrimento del rendimiento que creemos que era resultado del agotamiento», comenta O’Neill. «Tendían a disparar más rápido y más veces de lo que lo hicieron en las pruebas de control ─pero disparaban con menos precisión─». Todos los aspirantes fueron capaces de impactar en los blancos el 100% de las veces ─sin fallos─. Pero fueron muchos menos los impactos que entraron dentro del rectángulo y el cuadrado pequeño ─las ubicaciones ideales previstas de los impactos─.

«No fue algo que nos sorprendiera», explica O’Neill. «Lo que no esperábamos fueron los resultados de la prueba de toma de decisiones de disparar o no disparar al blanco».

«Básicamente no observamos detrimento en el porcentaje de decisiones correctas tras el esfuerzo físico respecto a los datos de control. En ambas condiciones, los aspirantes a policía estuvieron acertados en sus decisiones más del 80% de las veces».

Algunos de los blancos a los que disparar o no disparar incluían fotografías de policías de paisano en las que se podía ver la placa u otra cosa que los identificara como policías en lugar de armas en actitud amenazadora. Normalmente estos blancos supusieron el número más significativo de errores de decisión tanto en las condiciones de control como en las de esfuerzo físico, señala O’Neill.

No obstante, curiosamente en estos enfrentamientos policía contra policía los resultados de los aspirantes con estos blancos mejoraron al realizarlos bajo el estrés fisiológico y psicológico del esfuerzo físico previo, pero aún así esa mejoría no implicaba una puntuación «de aprobado» en la mayoría de los blancos de policía contra policía, dice O’Neill.

Otro descubrimiento sorprendente se refería a la memoria. Como grupo, la capacidad de los aspirantes a policía para recordar una serie hablada de números no variaba entre las condiciónes de control y las de esfuerzo físico.

MÁS TRABAJO POR DELANTE. Actualmente O’Neill y su equipo están «analizando los datos más a fondo» para entender mejor estos resultados y, con suerte, aportar «aplicaciones» prácticas con las que mejorar el entrenamiento y rendimiento de los policías.

«Este estudio está abriendo nuevos caminos en cuanto a la relación entre el esfuerzo físico y el rendimiento en el tiro», dice O’Neill. «La única investigación previa que sepamos sobre este tema supuso poner a prueba el rendimiento en el tiro de policías después de pedalear en una bicicleta estática durante 60 segundos ─para nada comparable a medir el rendimiento en condiciones realistas─».

La Dra. O’Neill agradece al sargento Ward Smith, analista en el uso de la fuerza certificado por Force Science [Force Science Analyst], y al sargento Kurt Schmidt, ambos instructores de la Policía de Kansas City, por sugerir la idea de un estudio basado en sus ejercicios de esfuerzo físico, y a la capitán Stephenie Price por su apoyo a esta investigación. O’Neill insta a contactar con el Force Science Institute a otros instructores y policías que tengan alguna propuesta para un estudio.

El Police Research Laboratory [Laboratorio de Investigación Policial] de la Universidad de Carleton, en Ottawa (Canadá), colaboró con el FSI en el desarrollo de este estudio. Este laboratorio aportó dos de los miembros del equipo de investigación, el Dr. Craig Bennell del departamento de psicología de la universidad, que fue el investigador principal, y Simon Baldwin, especialista en ciencia de la fuerza certificado por Force Science [Advanced Force Science Specialist] que también trabaja como analista de datos de uso de la fuerza para la Royal Canadian Mounted Police [Real Policía Montada de Canadá].

Puedes contactar con la Dra. O’Neill en: dawn.oneill@forcescience.org

Acerca de Jorge Tierno Rey

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