Sí, la CIA voló aviones espía U-2 desde portaaviones. Hubo una época en la que aviones espía de alas largas operaban desde los barcos de cubierta corrida de EE.UU. ─pero no fue fácil─.

Cuando surge alguna crisis como la pasada de las armas nucleares de Corea del Norte, los aviones espía se convierten en un importante herramienta para controlar los pasos de Kim Jong-un y sus huestes. No hay que alarmarse, pero mejor observarlo muy cerca. Entre los aviones espía tripulados más famosos se encuentra el U-2 y resulta sorprendente que semejante pájaro pudiera volar desde un portaaviones, pero ahí está la historia de la solución al problema de cómo poder operar este avión en cualquier lugar del mundo.

(Reproducción del artículo en español publicado en War Is Boring con fecha 5 de septiembre de 2017, traducción del original en inglés escrito por Steve Weintz)


Sí, la CIA voló aviones espía U-2 desde portaaviones

Hubo una época en la que aviones espía de alas largas operaban desde los barcos de cubierta corrida de EE.UU. ─pero no fue fácil─

El 1 de mayo de 1960, la Unión Soviética derribó un avión espía U-2 de la CIA y capturó al piloto, Francis Gary Powers. El incidente supuso una crisis internacional para la agencia de inteligencia estadounidense.

La cumbre que estaba previsto que mantuvieran el presidente Dwight Eisenhower y el primer ministro Nikita Khrushchev se fue al traste, en gran medida por lo embarazoso de la situación para Eisenhower y el enfado de los paquistaníes, desde cuyo territorio había despegado el avión.

El avión a reacción U-2 ─que voló por primera vez en 1957 y con una longitud de poco menos de 20 m. (63 pies) puede volar a una altura de más de 20 km. (70.000 pies)─ todavía vuela con el Ejército del Aire estadounidense. Pero después del incidente de Powers, operar este avión desde bases en el extranjero se convirtió en algo problemático. Su mera presencia provocaba acidez en el ámbito diplomático. Una larga negociación para poder operar desde una base en el extranjero podía suponer perder la oportunidad de observar blancos que requirieran actuar con urgencia.

Una solución consistió en embarcar el U-2, apodado «Dragon Lady», en un portaaviones. Al fin y al cabo, como suele decir la Armada estadounidense, un portaaviones son 16.000 metros cuadrados (4 acres) de territorio soberano estadounidense disponibles en cualquier parte del mundo por la que navegue.

De hecho, la idea de desplegar aviones U-2 desde un portaaviones ya se había planteado allá por el mes de mayo de 1957, tan solo un año después del secreto debut del propio avión. No obstante, el desarrollo y las misiones del U-2 eran un esfuerzo conjunto de la CIA y el Ejército del Aire, y la idea de operar desde un portaaviones fue descartada por el Ejército del Aire porque ya disponía de bases adecuadas en tierra.

No está claro por qué tardaron tres años desde que Francis Gary Powers fuera derribado para retomar la idea de lanzar el U-2 desde un portaaviones. Durante ese tiempo, los U-2 se mantuvieron ocupados espiando a la Unión Soviética, China y Cuba.

Documentos desclasificados en la última década nos permiten tener cierta idea sobre el proyecto. El 25 de mayo de 1963, el teniente general Marshall Carter, subdirector de la CIA, recibió una información que le había pedido a James Cunningham, director de la secreta División de Actividades Especiales [Special Activities Division] de la CIA, sobre las operaciones del U-2 desde un portaaviones.

Aunque destacaban las ventajas de tales operaciones ─nada de líos con otros países y un despliegue sigiloso a su debido tiempo─, los problemas eran considerables.

En primer lugar, ¿era siquiera posible lanzar y recuperar un avión de tal envergadura desde la ventosa cubierta en constante movimiento de un portaviones? Segundo, ¿con qué facilidad podía integrarse un avión tan grande en las actuales operaciones de la Armada? Tercero, ¿podía garantizarse la confidencialidad de estos aviones y misiones tan secretas frente a la dotación del portaaviones?

Para abordar el primer problema, Carter acudió directamente a la fuente, el hombre que diseñó el U-2. Clarence «Kelly» Johnson aseguró a Carter que se podía modificar el avión de forma relativamente sencilla y barata para operar desde un portaaviones ─reforzando el tren de aterrizaje e instalándole un gancho de frenado, entre otras modificaciones─.

Las condiciones de vuelo desde y en torno a la cubierta de un portaaviones, aunque muy exigentes, no parecía que presentaran una gran barrera para los pilotos de U-2, y los comandantes de los portaaviones estaban seguros de que sus buques podían maniobrar para adaptarse a las características de vuelo del avión. No obstante, los pilotos de la CIA tenían que prepararse para operar desde un portaaviones y eso implicaba muchas prácticas y entrenamiento por parte de la Armada.

Has leído el 40% de este artículo

Este artículo requiere registro gratuito

Solo te pedimos un email para mantenerte informado ─no vamos a enviarte chorradas─. Regístrate en unos segundos y sigue leyendo.