
Hacerse con una pistola no es lo mismo que sacar la espada proverbial de su lecho; no invoca nada más que lo que es: un dispositivo de diferente calidad y facilidad de uso que utiliza un mecanismo para iniciar una reacción química que impulsa un proyectil. El control de ese proyectil y cualquier otro que pueda ir a continuación no se hereda, no se aprende por ósmosis, ni se lo puedes pedir prestado a otro. Ese control, que se suele llamar habilidad, se tiene y se mantiene de forma personal e intransferible [AVISO: quedan excluidos de la necesidad de tal habilidad aquellos que confían en el método rociar y rezar].








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