A nadie se le escapa la utilidad que puede tener para un combatiente el camuflaje, especialmente si resulta realmente eficaz. La cuestión es que si no pueden verte no pueden dispararte. Tradicionalmente hablar del camuflaje del combatiente se reducía a los uniformes de campaña o camuflaje ─«mimetas», como se suelen conocer coloquialmente─. Posteriormente, sin que sepamos decir cuándo, los patrones de camuflaje también se extendieron al equipo individual ─mochilas, sacos de dormir, todo tipo de prendas de vestir (botas incluidas), chaleco táctico o chaleco blindado─. Lo que antaño tenía un uso limitado hoy se ha convertido en norma y ya nadie concibe que ni un solo elemento del equipo del combatiente no esté disponible con el patrón de camuflaje utilizado por las Fuerzas Armadas correspondientes.
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