¡Pinta tus armas! El negro no es camuflaje.

Creo que a nadie se le escapa la utilidad que puede tener para un combatiente el camuflaje, especialmente si resulta realmente eficaz. La cuestión es que si no pueden verte no pueden dispararte. Tradicionalmente hablar del camuflaje del combatiente se reducía a los uniformes de campaña o camuflaje, «mimetas» como se suelen conocer coloquialmente. Posteriormente (no sabría decir cuándo) los patrones de camuflaje también se extendieron al equipo individual, tanto mochilas, como sacos de dormir, como todo tipo de prendas de vestir (botas incluidas), así como el chaleco táctico o el chaleco blindado. Lo que antaño podría parecer una osadía hoy se ha convertido en norma y ya nadie concibe que ni un sólo elemento del equipo del combatiente no esté disponible con el patrón de camuflaje utilizado por la fuerza armada correspondiente. Puede que algún visionario ya lo hubiera imaginado hace mucho tiempo pero no ha sido hasta hace relativamente pocos años cuando el camuflaje ha llegado también a las armas de fuego. ¿Por qué no preocuparse por el color de las armas y su camuflaje? ¿Qué sentido tiene tomarse tantas molestias en aplicar un determinado patrón de camuflaje a todo elemento del equipo individual si las armas de fuego conservan su característico color sólido negro? Algo tan simple como un objeto claramente ajeno a la naturaleza que
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