Acaba de llegarnos por correo una moneda de ACE Virtual Shooting con una frase grabada que resume bastante bien de qué va todo esto, «Earned Not Given», algo así como «ganado, no regalado». La entregan al pasar de los 500.000 disparos virtuales en el simulador, y te la envían junto con una tarjeta firmada por Conor Donahue, cofundador y gerente de ACE. No es la primera moneda que nos llega ni será la última, pero sí es la que cierra un ciclo que empezamos hace ya dos años y medio casi sin darnos cuenta.
Empezamos a entrenar con ACE en enero de 2024 y desde entonces han ido cayendo tres monedas, la de los 100.000 disparos, la de los 250.000 y ahora la de los 500.000. Las tres llevan grabada la misma frase, y las tres vienen a decir lo mismo, que aquí no hay atajos ni nada regalado, solo sesiones sumadas una detrás de otra. Nos ha parecido buen momento para hacer un poco de balance, no tanto por la moneda en sí ─que es lo de menos─ como por lo que hay detrás de esa cifra.
De los 100.000 al medio millón.
Si echamos la vista atrás, a los nueve meses de empezar ya llevábamos más de 210.000 disparos virtuales, como te contamos en su momento. Rebasamos los 250.000 unos días antes de cumplir siquiera el primer año, algo que recogimos junto a la explicación de Matt Little sobre cómo entrena él con el simulador en este artículo. Cerramos 2024 con 282.476 disparos virtuales, cifra que quedó reflejada en nuestro resumen del año. A lo largo de 2025 sumamos otros 178.209 disparos virtuales en 268 sesiones, como detallamos en el resumen de nuestra SIG Sauer P320XFive Legion, hasta que ya en 2026 hemos pasado la barrera del medio millón.
Puestos a traducir esos 500.000 disparos virtuales a dinero, el cálculo es sencillo. Contando el cartucho de 9mm Parabellum a unos 0,30€ ─que es más o menos lo que sale la caja de 50 repartida entre sus cartuchos─, medio millón de disparos con fuego real costarían alrededor de 150.000€ solo en munición. Y a esa cifra habría que añadirle todo lo que no aparece en ninguna factura, las horas de desplazamiento al campo de tiro, el tiempo de rellenar cargadores, el de parchear blancos y el de anotar impactos y tiempos. En el simulador todo eso se queda en nada, porque lo único que se paga es la suscripción y la munición virtual es gratis.
Una de las cosas que hace que estas cifras sean fiables, y no un cálculo a ojo, es que el propio simulador lo registra todo. Cada disparo, cada impacto o fallo, cada intervalo entre disparos, cada transición y cada desenfunde quedan anotados sin que uno tenga que hacer nada. Eso tiene dos ventajas. La primera es que sabemos exactamente cuántos disparos llevamos, de ahí que podamos hablar de 500.000 y no de «unos cuantos cientos de miles». La segunda, y más importante para el rendimiento, es que después de cada repetición tenemos delante el dato real de lo que ha pasado, sin margen para engañarnos a nosotros mismos sobre lo buena que era nuestra imagen de los elementos de puntería o sobre lo rápido que hemos presionado el disparador. En el tiro en seco convencional es demasiado fácil contarse una película, y en el simulador hay datos reales de disparos virtuales.
Lo que de verdad vale una moneda.
Ahora bien, hay una cosa que hemos repetido muchas veces y que conviene no olvidar por muchas monedas que lleguen. El simulador no sustituye al fuego real ni a la práctica en seco, sino que los complementa. No entrena el control del retroceso, que solo se consigue disparando de verdad, y no hay cifra ni moneda que cambie eso. Lo que sí entrena, y muy bien, es la parte visual del tiro, las transiciones, el disparador, la previsualización del escenario [stage] y la toma de decisiones bajo la presión del cronómetro, que es justo donde se juega la mayor parte del rendimiento. Esa es la razón por la que lleva dos años y medio siendo el grueso de nuestro entrenamiento, y no un capricho ni una moda pasajera.
Que todo esto se traduzca en algo o no es una pregunta legítima, y la respuesta honesta es que sí, aunque con matices. A lo largo de este tiempo hemos visto mejoras medibles en velocidad y precisión con fuego real, y buena parte de ellas se las debemos al simulador. No porque haga magia, que no la hace, sino porque permite acumular una cantidad de repeticiones de calidad que sería imposible de conseguir de otra forma. Medio millón de disparos con fuego real en dos años y medio no está al alcance de casi nadie, por cuestión de logística y de dinero, y sin embargo en el simulador resulta perfectamente asumible.
En cuanto a la tarjeta que acompaña a la moneda, Conor Donahue felicita por el medio millón de disparos y recuerda que esa cifra deja a uno en un grupo bastante reducido dentro de la comunidad de ACE. Habla de dedicación y de constancia, y explica que la frase grabada en la moneda, «Earned Not Given», va precisamente por ahí, por el respeto que se gana con el esfuerzo y no se regala. Se agradece el detalle, faltaría más, aunque seamos los primeros en decir que lo que de verdad importa no es el metal de la moneda, sino lo que hay detrás, que son muchas horas repartidas en muchos días, que no sirven de nada si finalmente el rendimiento no se traslada al fuego real, que es lo que verdaderamente importa.
Y esto último es lo que nos parece que hay que subrayar, más allá de la anécdota. Medio millón de disparos no se hacen en una tarde ni con arranques de motivación de los que duran dos semanas, como pasa el primer día del año que todo son buenos propósitos e intenciones. Se hacen entrenando poco pero casi todos los días, llevando un registro de lo que se hace ─cosa que el propio simulador hace por uno─ y midiendo resultados en lugar de intenciones. Lo que cuenta no es lo que uno piensa entrenar, sino lo que efectivamente entrena, y eso solo se ve en las cifras. La moneda, al final, no es más que la forma que tiene ACE de ponerle número a esa constancia.
Para quien después de leer esto se plantee dar el paso y empezar a acumular sus propios disparos virtuales, en la web de ACE hay un 10% de descuento en la suscripción y en la réplica con el código «EBDT2». Más información en este artículo. Y para quien ya lo tenga, ahí queda el reto de la siguiente moneda, porque en cuanto se pasa una cifra ya está uno pensando en la próxima.




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