
Puede que estemos de acuerdo en que durante los últimos años se ha producido un fenómeno de proliferación de instructores y escuelas de formación, quizás en respuesta a la demanda de este tipo de servicios. Puede que tú mismo te hayas propuesto convertirte en instructor y abrir una escuela de ese tipo, o que te hayas planteado ponerte en manos de algún instructor o escuela. La cosa no es fácil, tanto si se trata de convertirte en instructor ─uno bueno, claro─, como si es cuestión de encontrar uno ─que sea bueno─. Hay instructores con vocación de servicio, pero también los hay con vocación de negocio; unos dan auténtica formación y otros se dedican a prostituir la formación. La clave es diferenciar entre lo que es un buen instructor y lo que es parecerlo, ¿pero cómo?
Hay que tener claro que un instructor en parte nace y en parte se hace, es decir, tiene que contar con unas cualidades, conocimientos y experiencia ─nada nuevo que no se haya dicho ya─. Esas cualidades, conocimientos y experiencia no se consiguen poniéndose todo lo que sea táctico (botas, pantalón, cinturón) y una camiseta que lleve el rótulo «instructor» en la espalda. Y no se trata de una cuestión de experiencia nada más, porque ni siquiera con muchos años de experiencia por sí solos, se adquieren las cualidades y conocimientos necesarios para ser un buen instructor. Cualquiera no puede decir que haya certificado sus técnicas con la experiencia, pero no es algo que sea imprescindible ni suficiente para convertirse en instructor.
Dicho esto, a priori no resulta nada fácil saber quién es instructor y quién no es más que un charlatán ─algún que otro farsante te puedes encontrar en cualquier ámbito─. Ayuda un poco conocer los motivos por los que evitar a algunos instructores, para descartar a otros que reúnan unas condiciones similares. Una pista te la puede dar el hecho de detectar en un instructor aquello de «oír campanas y no saber dónde», lo que puede ser indicativo de algunos defectos formativos que te podría transmitir y que es mejor evitar. Otra pista puede consistir en observar las apariencias, para tratar de detectar si se trata de un instructor que quiere parecer lo que no es a base de vestir «todo táctico nuevo a estrenar». Sin olvidarnos de los impostores que cuentan historias para no dormir que se acercan solo en parte a la realidad.
Comentarios recientes