Los 12 sesgos o prejuicios cognitivos que te impiden ser racional. Por George Dvorsky.

Esto no solo tiene que ver con los temas tratados en el blog, sino también con cualquier otro tema. No es raro que sesgos cognitivos y falacias nos impidan razonar correctamente. Se trata de algo completamente humano que queramos que no a veces nos afecta inconscientemente. La mejor forma de «combatirlo» ─sin garantías de éxito, pero algo es algo─ empieza por conocer de qué se trata. La cuestión es saber cómo razonar sin que se presenten sesgos cognitivos ni falacias. En este artículo el autor aborda una docena de los sesgos o prejuicios cognitivos que nos pueden llevar a sacar conclusiones erróneas ─al mismo tiempo que lees piensa cómo se traslada a nuestro ámbito─.

Existen algunos cursos muy buenos donde se tratan estos temas, mismo algunos cursos a distancia como los de la plataforma de cursos masivos abiertos en línea (MOOC) Coursera. Aunque sobre todo se utiliza el inglés, también hay cursos en español, o al menos con subtítulos en español.

Sin llegar a convertirme en ningún gran pensador o razonador ─porque sigo siendo el mismo impertinente de siempre, sobre todo para algunos─, me resultaron de gran utilidad los ahora cuatro cursos más cortos Think Again: How To Reason and Argue [vuelve a pensar: cómo razonar y debatir]: I: How to Understand Arguments [cómo entender argumentos], II: How to Reason Deductively [cómo razonar deductivamente], III: How to Reason Inductively [cómo razonar inductivamente], IV: How to Avoid Fallacies [cómo evitar falacias]. No te pierdas la oportunidad de hacer estos cursos gratuitamente, porque si no me equivoco puedes ver todos los vídeos con subtítulos en español.

Más recientemente, también me resultó muy útil e interesante el curso sobre Humildad Intelectual, dividido en tres partes: Theory [teoría], Practice [práctica], Science [ciencia]. Eso de la humildad intelectual consiste básicamente en no sobrevalorarse ni subestimarse, en reconocer y aceptar virtudes y defectos, lo cual parte nace y parte se hace, es decir, se puede aprender.

En fin, te dejamos con la lectura de hoy.


Los 12 sesgos o prejuicios cognitivos que te impiden ser racional

(Traducción del original The 12 cognitive biases that prevent you from being rational, por George Dvorsky, 9 de enero de 2013)

El cerebro humano puede realizar 1016 procesos por segundo, lo que lo hace mucho más potente que cualquier ordenador existente actualmente. Pero eso no significa que el cerebro no tenga importantes limitaciones. Una simple calculadora puede realizar cálculos matemáticos miles de veces mejor que nosotros y muchas veces nuestra memoria no sirve de nada. Además, estamos sujetos a sesgos o prejuicios cognitivos, esos fastidiosos fallos técnicos en nuestro razonamiento que nos hacen tomar decisiones cuestionables y alcanzar conclusiones erróneas. Aquí tienes una docena de los sesgos cognitivos más habituales y perniciosos que tienes que conocer.

Antes de empezar, es importante distinguir entre los sesgos cognitivos y las falacias lógicas. Una falacia lógica es un error de argumentación lógica (por ejemplo, ataque ad hominem, pendiente resbaladiza o efecto dominó, argumento circular, apelación a la fuerza, etc.). Por otra parte, un sesgo cognitivo es una auténtica deficiencia o limitación en nuestro razonamiento ─un error de juicio que surge a partir de errores de memoria, atribuciones sociales y errores de cálculo (tales como errores estadísticos o una falsa sensación de probabilidad)─.

Algunos psicólogos sociales creen que los sesgos cognitivos nos ayudan a procesar la información de una forma más eficiente, especialmente en situaciones peligrosas. Aún así, nos llevan a cometer graves errores. Aunque tendamos a cometer tales errores de juicio, al menos podemos tenerlos presentes. Aquí tienes algunos sesgos importantes a tener en cuenta.

Sesgo de Confirmación

Nos encanta estar de acuerdo con quienes estén de acuerdo con nosotros. Por eso solo visitamos páginas web que expresan nuestras mismas opiniones políticas, y por eso nos arrimamos sobre todo a quienes tengan opiniones y gustos similares. Los individuos, grupos y fuentes de información que nos hacen sentir incómodos o inseguros respecto a nuestras opiniones tienden a generarnos rechazo ─lo que el psicólogo conductual B. F. Skinner denominó disonancia cognitiva─. Esta forma de comportamiento preferencial es lo que nos lleva al sesgo de confirmación: acto normalmente inconsciente de considerar solo aquellas perspectivas que alimenten nuestras opiniones preexistentes, al mismo tiempo que ignoramos o descartamos aquellas opiniones ─sin importar lo válidas que sean─ que amenacen nuestra visión del mundo. Y, paradójicamente, Internet no ha hecho más que empeorar esta tendencia.

Sesgo o Favoritismo Endogrupal

El sesgo endogrupal es algo parecido al sesgo de confirmación y consiste en una manifestación de nuestras tendencias tribales innatas. Y, curiosamente, gran parte de este efecto puede que tenga que ver con la oxitocina ─la llamada «molécula del amor»─. Este neurotransmisor, al mismo tiempo que nos ayuda a forjar vínculos más estrechos con personas de nuestro grupo, realiza exactamente la función contraria con los de fuera del grupo ─nos hace desconfiar de los demás, temerles e incluso despreciarles─. En definitiva, el sesgo endogrupal nos lleva a sobreestimar las habilidades y el valor de nuestro grupo inmediato respecto a personas que realmente no conocemos.

Falacia del Jugador o de Montecarlo

Se considera una falacia, pero es más un fallo técnico en nuestro razonamiento. Tendemos a darle muchísimo peso a hechos anteriores, creyendo que de alguna forma influirán en resultados futuros. El típico ejemplo consiste en lanzar una moneda. Después de salir cara, digamos que cinco veces consecutivas, nos inclinamos a pensar que hay una mayor probabilidad de que la próxima vez salga cruz ─y que por supuesto la suerte está a favor de la cara─. Pero en realidad las probabilidades siguen siendo mitad y mitad. Como dicen los estadísticos, los resultados de diferentes lanzamientos son estadísticamente independientes y la probabilidad de cualquier resultado sigue siendo del 50%.

Relacionado con este sesgo, también existe un sesgo de expectativa positiva, que suele alimentar las adicciones al juego. Consiste en la sensación de que al final nos tiene que cambiar la suerte y estamos a punto de ganar. También contribuye a la idea equivocada de la «buena racha». Se trata de un sentimiento parecido al que tenemos cuando empezamos una nueva relación que nos lleva a creer que será mejor que la anterior.

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