Hay muchísimos temas candentes motivo de debate ahí fuera en el mundo de las armas de fuego. Muchos de ellos se retoman repetidas veces a lo largo del tiempo y muchos continuarán siendo debatidos durante los años venideros.
Uno de mis favoritos es si un fusil colimado para mi está colimado para ti. Parte de la cuestión de este debate radica en la falta de entendimiento. Entender qué es colimar y cómo se hace.
Si estoy disparando con un fusil sobre un blanco de precisión al lado de un tirador que consistentemente le está dando al círculo del centro que lleva una X dentro, a una distancia de digamos 100 metros, y lo hace consistentemente, parece lógico pensar que no sólo su fusil está colimado para esa distancia sino que probablemente sepa lo que está haciendo y que lo está haciendo consistentemente. Su control del disparador es excelente, su unión entre la mejilla y la carrillera de la culata es auténtica para garantizar que está mirando directamente a través del centro de la abertura para mitigar cualquier paralaje. Termina de presionar el disparador justo con su pausa respiratoria.
Ahora bien, si estoy reproduciendo fielmente con mi propio fusil lo que él está haciendo con el suyo, lo mismo debería resultar para mi. Ambos tenemos colimado el fusil y ambos sabemos cómo dispararlo.
He pasado por esto docenas y docenas de veces; puedo cambiarme con él y obtener los mismos resultados. No obstante, existen algunos matices. Por ejemplo, si este tirador a mi lado está disparando sólo con alza y punto de mira, necesitaría saber su diferencia entre el punto de impacto y el punto de puntería.
Así que mi respuesta es «si, un fusil colimado es un fusil colimado».
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