
El tema de la seguridad siempre se encuentra al frente de la conciencia de cualquier individuo e institución. Obviamente la principal preocupación radica en garantizar que nadie resulta herido o muerto durante la realización de un ejercicio de adiestramiento, pero ya hace años que la seguridad ha tomado un giro para alejarse del sentido común y limitarse al cumplimiento de memoria del protocolo. Habitualmente se confunde el protocolo del campo de tiro con la seguridad del campo de tiro.
El protocolo del campo de tiro es aquel que determina lo que se les permite y lo que no se les permite a los individuos y los grupos que hagan uso del campo de tiro, así como los procedimientos y medidas de control específicas definidas, a los ojos de aquellos que las crearon, para minimizar los riesgos. Esto resulta contraproducente para el aprendizaje y el buen entrenamiento porque no requiere que los individuos piensen y en muchas ocasiones supone violar principios tácticos. Están diseñados para reemplazar el raciocinio y la competencia del individuo. El cometido implícito en todo entrenamiento es la seguridad y eso se traduce directamente en seguridad operativa.
Algunos ejemplos:
• «Apunta hacia los blancos», cuando realmente quieres decir «apunta en una dirección segura».
Hacia los blancos es una zona delimitada administrativamente donde se pretende que impacten los proyectiles. Las circunstancias y el estado del campo de tiro determinarán si es una dirección hacia la que se puede o no se puede apuntar y disparar un arma con seguridad.
Una dirección segura, por definición, implica una decisión consciente de apuntar y manipular un arma hacia una dirección en la que una descarga negligente, accidental o por un fallo mecánico no pueda producir daños ni a personal ni a material.
Hacia los blancos no siempre es una dirección segura, así que independientemente de la norma oficial, estate atento. ¡Eres el responsable de lo que hace tu arma!
• No permitir que nadie recoja un cargador que haya sido expulsado y caiga 15 cm más allá de la línea de tiro establecida.
Si resulta tan inseguro adelantarse 15 cm. más allá de la línea de tiro (lo cual he presenciado repetidas veces en entrenamientos institucionales tanto del ámbito militar como policial), entonces probablemente no sea ni siquiera seguro estar de pie cerca de los tiradores a tu izquierda y derecha. Estadísticamente más personas reciben un disparo en los aparcamientos de los campos de tiro que en la línea de tiro.
• Exigir que los tiradores dejen caer el cargador al suelo para descargar. La explicación es que «si en el campo de tiro dejas caer el cargador en la mano también lo harás en un combate con armas de fuego».
Si no eres capaz de diferenciar entre estar en un combate con armas de fuego y tener que recargar el fusil/la pistola, frente a descargar el arma al terminar un ejercicio de tiro en el campo de tiro, entonces realmente no deberías tener un arma en las manos si alguna vez puedes necesitarla bajo presión.
El protocolo le roba al individuo la autoridad para pensar y al hacerlo las personas no pensarán porque sus acciones les vienen impuestas. No hay una persona más peligrosa para sí misma y para otras que aquella en posesión de un instrumento letal que no sólo no piensa en su uso sino que no se le permite pensar, sólo seguir instrucciones.
He presenciado varias descargas negligentes, algunas de las cuales han provocado heridas, y siempre las primeras palabras que salen de la boca del tirador son una de estas tres cosas:
«No ví que…»
«No sabía que…»
«No pensé que…»
La última es la única que cuenta y la causa del fallo catastrófico. ¡NO PENSASTE!
¡No confundas protocolo con seguridad! El protocolo puede o no mejorar la seguridad pero la seguridad constituye un concepto independiente por sí mismo. Existe entrenamiento seguro, entrenamiento seguro de alto riesgo y entrenamiento inseguro.
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