Nadie nace aprendido, independientemente de las aptitudes o cualidades innatas que pueda llevar en su ADN, por lo que la formación o instrucción constituye el principal elemento de aprendizaje de cualquier cosa, y el combate con armas de fuego o el tiro no iban a ser menos. Es ridículo pensar que se puede aprender una disciplina cualquiera contando únicamente con uno mismo y su experiencia personal. Eso no haría más que limitar considerablemente el resultado y poca evolución iba a existir.
Por tanto, es necesario recibir cierta formación o instrucción para aprender el arte del combate con armas de fuego. Sin embargo, no toda formación o instrucción resulta adecuada. No todo sirve. Solo aporta aquello que sea de la calidad suficiente, lo que no es fácil cuantificar, especialmente cuando no se tienen buenas referencias y referentes.
En realidad, no hace falta salir de España para recibir formación o instrucción en el arte del combate con armas de fuego o en tiro. Lo cierto es que en España se imparte formación o instrucción en esta materia. Ahora bien, ¿toda la formación o instrucción que se imparte en España ─o en cualquier otra parte─ tiene la suficiente calidad? Se trata de algo que depende del instructor, de los contenidos y de los recursos disponibles. ¿Y se puede encontrar mejor formación o instrucción fuera de España? Pues depende de lo mismo. Sin duda será mejor siempre y cuando instructor, contenidos y recursos disponibles sean mejores.
Dicho de otro modo, a base de analogía: ¿hace falta salir de España para aprender Inglés? ¿hace falta contar con un profesor nativo para aprender Inglés? ¿hace falta ir a Harvard para estudiar una carrera? ¿hace falta ir a un colegio privado para estudiar el Bachillerato? ¿hace falta lo que hace falta?
En primer lugar, la calidad de la formación o instrucción depende del instructor. No resulta nada fácil encontrar un buen instructor, ni en España, ni fuera de España. Uno o mil cursos ─incluidos los cursos de instructor de tiro─ no convierten a nadie automáticamente en instructor, mucho menos en uno bueno. Sin lugar a dudas el camino para convertirse en un buen instructor comienza con un arduo peregrinaje como alumno o aprendiz, tras el que una persona puede acumular una amplia experiencia y maestría, que en algunos casos podrían permitirle convertirse en un buen instructor.
Una persona no se convierte automáticamente en un buen instructor solo por acumular años de experiencia como profesional (aunque sea en unidades tipo acrónimo), con infinitos despliegues, misiones y operaciones, múltiples combates reales con cientos de muertes confirmadas, ni por llevar compitiendo toda la vida. Si eso fuera así se contarían por miles los buenos instructores y no es ese el caso.
Sin embargo, no es raro que un buen instructor ─al que se puede considerar maestro─ cuente con un buen currículum profesional o palmarés deportivo, pero sobre todo con una extensa formación o instrucción, junto con un adiestramiento personal concienzudo, no solo en el pasado, sino también en la actualidad y en el futuro, manteniéndose así al día en lo que a tácticas, técnicas y procedimientos (TTPs) se refiere. Algunos ejemplos de personas que podríamos considerar buenos instructores, o maestros, en esto del combate con armas de fuego o en tiro ─o en ambas cosas, según el caso─ son, entre otros, los que escribían habitualmente en El Momento del Combatiente con Armas de Fuego: Larry Vickers, Mike Pannone, Kyle Defoor, John McPhee, Pat McNamara; u otros conocidos por su prestigio y reputación como los difuntos Tiger McKee y Pat Rogers, Jason Falla, Bill Rogers, Paul Howe, Dave Spaulding, Scott Reitz, Louis Awerbuck, JD Potynski, Jon Canipe, Steve Fisher, y muchos más. No podemos olvidar tampoco a algunos patrios como Juan I. Carrión, Gabi Pitarch, o el difunto Jorge Ballesteros.
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