Experiencia versus Maestría.

¿Es lo mismo experiencia que maestría? ¿qué diferencia hay entre un experto o un especialista y un maestro en una determinada materia?

Quizás todos estos términos puedan utilizarse indistintamente, pero creo que existen matices entre ellos que merece la pena apuntar y que estoy seguro que te harán recapacitar sobre tu propia conceptualización de estos términos, abriéndose un interesante y útil debate en la comunidad profesional.

Tiger McKee, maestro del tiro táctico sin experiencia policial ni militar

Tradicionalmente al hablar de experiencia en cualquier ámbito profesional se suele relacionar el grado de experiencia con el tiempo que se lleva ejerciendo la profesión. De este modo, se considera que un militar, un policía, un escolta, etc…, tienen mucha experiencia cuando llevan muchos años a sus espaldas en el ejercicio de su profesión. Asimismo, de todos es conocido el dicho «la experiencia es un grado», que le confiere a la experiencia una gran importancia en cualquier ámbito profesional. En nuestra sociedad la experiencia supone el reconocimiento automático del mérito y la capacidad personal, es decir, se considera que una persona con mucha experiencia en determinada profesión constituye de por si un buen y gran profesional. Es más, habitualmente la experiencia así entendida (tiempo ejerciendo la profesión) se emplea como dato a destacar en cualquier presentación para ensalzar la valía de un profesional y ganarse el favor de la audiencia.

Unas personas tienen 22 años de experiencia y otras tienen 22 veces un año de experiencia. (Claude Werner)

Creo que definir experiencia simplemente como tiempo de ejercicio y a su vez establecer una relación directamente proporcional entre experiencia y mérito y capacidad personal supone un error. Si se asume que un profesional con mucha experiencia es aquel con muchos años de ejercicio y se considera que el mismo es un buen y gran profesional sólo por ello, se está afirmando que cualquiera por el mero hecho de dejar pasar el tiempo se convierte en un buen y gran profesional. Del mismo modo, se niega la posibilidad que un profesional con poco tiempo de ejercicio, y por tanto poca experiencia, pueda ser un buen y gran profesional.

Pat Rogers, maestro del combate con armas de fuego con experiencia como Infante de Marina y como agente de policía de Nueva York

En base a lo anteriormente expuesto se podría afirmar que todo médico, profesor, ingeniero, arquitecto, policía, militar, escolta, vigilante, etc…, con muchos años de experiencia (entendiendo como tal el ejercicio de su profesión) es un buen y gran profesional. Sin embargo, resulta evidente que la mera experiencia no define a un buen y gran profesional si ésta no viene acompañada de otras cualidades tales como el buen hacer, la profesionalidad, la aptitud, la habilidad, los conocimientos, la formación continua, etc… Por el contrario, posiblemente una persona con poca experiencia pueda ser un buen y gran profesional si dispone de todas esas cualidades que se acaban de enumerar.

Por ejemplo, un médico no se convierte en un buen y gran profesional porque haya dedicado más de 30 años al ejercicio de la medicina. Quizás haya atendido a un gran número de pacientes y haya realizado con éxito innumerables operaciones quirúrgicas, lo que supone que tiene mucha práctica en el ejercicio de su profesión, pero ello no quiere decir que se encuentre al día de los últimos avances en la medicina que permiten abordar una dolencia o enfermedad con una técnica quirúrgica o un fármaco más efectivo. Cuando hemos de buscar un buen médico no nos guiamos únicamente por el criterio de la experiencia, sino todo lo contrario, éste es un dato que prácticamente nadie conoce; es el prestigio y la reputación del médico lo que nos lleva a ponernos en sus manos y no los años de ejercicio de la medicina.

Esto mismo es de aplicación a cualquier ámbito profesional. Un profesor sin la debida aptitud pedagógica nunca podrá ser buen profesor aún con el paso de los años salvo que la práctica de su profesión le permita adquirir dicha aptitud. Un policía, un militar, un escolta, …, no se convierten en buenos y grandes profesionales por el mero hecho de haber ejercido su profesión durante los últimos 30 años.

En resumidas cuentas, creo que no es la experiencia el criterio que determina el carácter de buen y gran profesional de una persona sino la maestría con la que desarrolla su profesión, la cual no guarda necesariamente una relación directamente proporcional con la experiencia. Es decir, existen buenos y grandes profesionales con poca, alguna o mucha experiencia y malos profesionales con poca, alguna o mucha experiencia, pero no por tener mucha experiencia se es buen profesional.

Si prestamos atención a las propias definiciones que contiene el diccionario de experiencia/experto y maestría/maestro podemos concluir que efectivamente no se trata de sinónimos y existe una clara distinción que destaca el valor del maestro frente al experto y la maestría frente a la experiencia.

La experiencia se define como la «práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo», o bien «el proceso por el que se adquiere un conocimiento o habilidad por medio de hacer, ver o sentir algo». Mientras que la maestría consiste en el «arte y destreza en enseñar o ejecutar algo», es decir, «si alguien tiene una maestría en algo es porque es tremendamente hábil en eso». Del mismo modo, un experto se define como aquella persona «práctica, hábil, experimentada», o bien «aquella persona con un alto nivel de conocimiento o habilidad, un especialista». Mientras que un maestro es aquella «persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura» y «de mérito relevante entre las de su clase», es decir, «una persona que tiene mucha habilidad en un trabajo o en una actividad en particular».

Mi interés al escribir este modesto artículo es despertar la conciencia de los lectores, profesionales, a la hora de decidir quién resulta válido para enseñarles y, por tanto, en qué personas van a depositar la garantía suficiente como para confiar su vida a las enseñanzas que éstas puedan enseñarles. Si cuando visitamos el médico y nos ponemos en sus manos siempre buscamos el mejor médico que podamos encontrar y podamos permitirnos, no necesariamente el de mayor experiencia, cuando pretendamos mejorar nuestra formación como profesionales, ¿por qué no buscamos un buen maestro y nos dejamos llevar más por el «estuve allí, hice esto» o la experiencia?

Creo no equivocarme al afirmar que normalmente confiamos ciegamente en aquellas personas que muestran un currículum envidiable, abundante en cursos, diplomas, certificados, congresos, etc…, en materias de lo más rimbombante posible, con muchos años de experiencia en afamadas unidades de operaciones especiales, con múltiples misiones internacionales de alto riesgo a sus espaldas, con un elevado número de bajas en combates reales, etc…, sin pararnos a pensar si realmente se trata de un maestro. Una cosa no quita la otra, se puede ser un auténtico maestro con o sin un currículum envidiable, pero no por disponer de un currículum envidiable nos convertimos en maestros.

En mi opinión, en el futuro, antes de confiar a pies juntillas en alguien y en sus enseñanzas simplemente por hacer gala de un currículum envidiable, analicemos si realmente se trata de un maestro que sabe bien lo que dice, que sabe argumentar lo que dice, que tiene siempre una explicación, que dispone de la humildad suficiente para reconocer sus propios errores y que, en definitiva, dispone de aptitudes pedagógicas, cualidades y conocimientos suficientes para convertirse en nuestro maestro.

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