Da gusto comprobar cómo algo tan vanal como un simple partido de fútbol consigue unir a toda una nación e inhibe de cualquier perjuicio por sentirse español a todos sus ciudadanos provocando en ellos una merecida y admirable euforia colectiva que les hace lucir orgullosos la Bandera de su país y gritar a los cuatro vientos ¡Yo soy español, español, español!.



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