¿Tienes un segundo? El ciclo OODA de Boyd en el entorno de combate cercano (CQB). Por Ken J. Good.

Ciclo OODA

En los últimos tiempos en nuestro país parece existir un profundo interés por conocer la influencia del estrés o la tensión en el combate y sus consecuencias sobre el comportamiento del combatiente. De este modo, se puede comprobar cómo términos tales como amígdala, sistema límbico, habilidades motoras gruesas, exclusión auditiva, visión de túnel, adrenalina, … son utilizados como si se tratara de algo novedoso y desconocido hasta ahora.

Sería absurdamente atrevido por nuestra parte pensar que hasta hace bien poco el hombre no se había preocupado por conocer la influencia del estrés o la tensión en el combate y sus consecuencias sobre el comportamiento del combatiente. No hay ninguna duda que el combate es algo inherente al ser humano, que desde que existe ha luchado, tanto en guerras contra otros hombres, como en su vida diaria contra la naturaleza y sus animales. Es de suponer que ya el hombre de Cromagnon se vería influenciado de algún modo por el estrés o la tensión en el combate, por ejemplo, cuando tenía que hacer frente a un enorme mamut. Por tanto, resulta bastante razonable pensar que a lo largo de la historia muchos científicos y maestros se hayan preocupado por estudiar e investigar esto y que sus descubrimientos se hayan ido aplicando a la instrucción y adiestramiento de los guerreros para combatir.

Cada día se sabe más y mejor al respecto, y esto es de aplicación al combate con armas de fuego, tanto en lo que al  desarrollo de tácticas, técnicas y procedimientos (TTPs) se refiere, como a la metodología de instrucción y adiestramiento del tirador o combatiente. Existe una amplia bibliografía sobre este asunto, que continúa creciendo día a día, y que en muchas ocasiones pasa desapercibida, posiblemente por no encontrarse disponible en español, sino habitualmente en inglés.

El hecho por el que tanta bibliografía pasa desapercibida supone que en ocasiones se malgasten esfuerzos en reinventar la rueda. Por ello, es importante prestar la debida atención a todos aquellos documentos de autores reconocidos que puedan resultar de interés y utilidad para la tarea que nos ocupa (el combate con armas de fuego), aunque estos se hayan escrito en inglés. Y ahí es donde radica el motivo de nuestras traducciones; somos más partidarios de tomar lo que ya existe que no de crear por nosotros mismos algo nuevo innecesariamente.

Progressive Combat Solutions

 

En esta ocasión, hemos considerado sumamente interesante y útil un antiguo artículo que data del año 2000 y que guarda una especial relación con el control del estrés o la tensión en el combate. El autor de este artículo es el famoso Ken J. Good, actualmente director de Progressive Combat Solutions LLC. Ken explica detalladamente el Ciclo OODA, definido por el Coronel del Ejército del Aire estadounidense John Boyd, y su utilidad y aplicación al combate con armas de fuego. Este ciclo no resulta nada nuevo y mucho se ha hablado de él desde antaño, pero quizás en nuestro país no haya contado con la difusión suficiente y es casi obligado conocerlo –aunque solo sea para que no te vendan gato por liebre algunos inexpertos–.

Si te suena, te lo han contado, incluso te han aburrido hablando del ciclo OODA, pero no te han hablado de su artífice, el Coronel John Boyd, ¡mal empezamos! ¿qué puede salir mal? Hay que reconocerle a cada uno sus méritos. Por cierto, no es imprescindible que te follen la oreja durante horas hablando del ciclo OODA, especialmente si previamente no se han estudiado los trabajos originales de John Boyd al respecto.

A continuación se reproduce la traducción al español de este artículo. Puedes encontrar el artículo original en inglés aquí.

 


 

¿Tienes un segundo? El ciclo OODA de Boyd en el entorno de combate cercano (CQB)

Por Ken J. Good.

 

Prefacio.

Por Sid Heal, Policía Local de Los Angeles (con su permiso).

Dado que todas las operaciones tácticas tienen un carácter dinámico, también están supeditadas al tiempo disponible. Las decisiones y acciones que se retrasan en el tiempo normalmente resultan ineficaces debido a los continuos cambios de las circunstancias. Cuando además existe un adversario implicado la operación no sólo queda supeditada al tiempo disponible sino que también se convierte en una competición por el tiempo disponible. El tiempo u oportunidad que desaprovecha un adversario puede ser explotado por el otro. Siendo plenamente consciente de la importancia de esta cuestión, Napoleón dijo «puede ser que en el futuro pierda una batalla, pero jamás perderé ni un minuto».

El Ciclo OODA constituye una herramienta muy útil para comprender la importancia de este concepto. El Ciclo OODA, también llamado frecuentemente Ciclo de Boyd, es una creación del Coronel retirado del Ejército del Aire de los EE.UU. John Boyd. El Coronel Boyd fue un estudioso de las operaciones tácticas que descubrió que muchas batallas y campañas militares guardaban cierta similitud entre sí, observando que en muchos enfrentamientos uno de los bandos presentaba al otro una serie de situaciones amenazadoras totalmente inesperadas con las que este otro bando no había sido capaz de mantenerse a la par. El bando más lenta resultaba finalmente derrotado. Lo que averiguó el Coronel Boyd fue el hecho por el que los conflictos constituyen una competición por el tiempo disponible.

Según la teoría de Boyd un conflicto puede considerarse como una sucesión de ciclos Observación-Orientación-Decisión-Acción (OODA) compitiendo por el tiempo disponible. Cada bando de un conflicto empieza por observarse a sí mismo, observar sus alrededores físicos y observar a su/s adversario/s. A continuación se orienta a sí mismo. Esta orientación consiste en crear una imagen o diapositiva mental de la situación. La orientación resulta imprescindible porque, dada la naturaleza fluida y caótica de los conflictos, se hace imposible procesar toda la información tan rápido como podamos observarla. Esto exige aplicar el concepto de imagen congelada, que nos proporciona una perspectiva u orientación de la situación. Una vez se dispone de una orientación es necesario tomar una decisión. La decisión a adoptar tiene en cuenta todos los factores presentes en el momento de la orientación. Por último se implementa la decisión, lo que implica una acción. Hay un dicho táctico que afirma que «las decisiones sin acciones son inútiles y las acciones sin decisiones son temerarias». Acto seguido, como se supone que nuestras acciones habrán cambiado la situación, el ciclo empieza de nuevo. El ciclo continúa repitiéndose una y otra vez durante toda una operación táctica.

Aquel que logre constantemente completar el Ciclo de Boyd más rápido que su adversario adquiere una ventaja tremenda. Para cuando el adversario más lento reacciona el más rápido ya está haciendo algo diferente y la acción del más lento resulta ineficaz. Con cada ciclo que pasa la acción de la parte más lenta resulta ineficaz por un margen cada vez mayor. La resolución en conjunto de estos episodios determinará finalmente el resultado del conflicto. Por ejemplo, mientras las acciones de las autoridades continúen demostrándose eficaces un sospechoso permanecerá en una postura reactiva al mismo tiempo que el comandante conserva la libertad de acción. No importa lo mucho que se esfuerce el sospechoso por conseguirlo, cada acción que realice resultará más inútil que la anterior. Como consecuencia el sospechoso se queda cada vez más atrás, lo que demuestra que la iniciativa es para el adversario más rápido.

 

Introducción.

El entorno actual, en el que continuamente y a gran velocidad se producen importantes descubrimientos científicos y avances tecnológicos, proporciona al usuario final equipo y material cada vez mejor. En este clima es fácil pasar por alto, e incluso abandonar, la base fundamental de cualquier sistema de armas: la interacción y percepciones de la mente humana en una situación de combate.

Una de las personas que comprendió esta cuestión mucho mejor que la mayoría fue el Coronel John Boyd. Al Coronel Boyd se le encomendó que determinara por qué los pilotos estadounidenses en aeronaves aparentemente inferiores aventajaban sistemáticamente a sus homólogos coreanos. El combate aire-aire tiene lugar en los 360º de una esfera y representa el pináculo de la relación hombre y máquina además de la dinámica hombre contra hombre con la que sueñan los guerreros.

Boyd fue un notable y consumado piloto que mantenía una apuesta constante con todos aquellos alumnos a los que tutelaba. $40 – 40 segundos. Al alumno se le permitía empezar en una posición ventajosa y si el Coronel Boyd no podía maniobrar ese mismo tipo de aeronave hasta una posición ventajosa en menos de 40 segundos, el alumno cobraba $40. No creo que alguien haya cobrado ni una sola vez.

El Coronel Boyd desarrolló e impulsó un simple, aunque sumamente profundo, modelo que actualmente se conoce como el Ciclo OODA o, como también se suele llamar, el Ciclo de Boyd. El ciclo de Observar, Orientar, Decidir y Actuar constituye la esencia del combate y se encuentra presente en cualquier conflicto humano.

El Coronel Boyd consideró y definió la naturaleza del combate en términos de tiempo. Todos los enfrentamientos constituían una competición por el tiempo disponible, un valioso artículo al que ningún bando renunciaba voluntariamente. El Coronel Boyd comprendía la importancia y las ventajas de forzar implacablemente al adversario a enfrentarse con una rápida serie de acontecimientos para desorientarle e infiltrarse en su ciclo OODA.

Una vez dentro el tiempo para el infiltrado juega a su favor. Un acontecimiento da paso al siguiente de una forma previsible y el resultado es prácticamente seguro. Por otra parte, la víctima se atasca en el tiempo. No dispone de oportunidades claras para Observar y Orientar con sentido los acontecimientos. Sus Decisiones y Acciones resultan ineficaces. Se desploma y cae en una espiral mortal irreversible. Por alguna extraña razón parecen haberse alterado las leyes del Universo. De algún modo se ha detenido el tiempo como si de un mal sueño se tratara en el que uno no puede escapar de una terrible manifestación de la mente interior.

En la batalla por la mente-espacio el objetivo es bien sencillo: infiltrarse y quedarse allí.

 

Observar, Orientar, Decidir y Actuar (O.O. D.A.).

El acrónimo es fácil de recordar y el ciclo en sí mismo resulta absolutamente crucial comprenderlo si uno está expuesto al peligro habitualmente.

Para derrotar a cualquier oponente de forma eficaz y sistemática has de recorrer secuencialmente el ciclo OODA, tanto si eres consciente de ello como si no. Se trata de un modelo que puede utilizarse para analizar detalladamente periodos de tiempo muy limitados de una forma lógia y secuencial. Todo enfrentamiento, tanto si se trata de un combate aire-aire como si se trata de una pelea mano a mano y frente a frente, se ajusta a este sencillo, potente y perspicaz modelo.

Al estudiar y aprender a aplicar este ciclo me he dado cuenta que con éste uno dispone de una forma eficaz para segmentar, analizar y mejorar el rendimiento humano ante situaciones de combate.  Se trata de una piedra preciosa a la que admirar y examinar constantemente.

 

Recalibrado del Reloj Interno.

Lo primero es nuestra percepción del propio tiempo.

Para ilustrar la percepción del tiempo de cualquier persona suelo utilizar un sencillo ejemplo. Mientras explico algún concepto táctico voy hasta el fondo de la clase y a continuación vuelvo a la tarima. Mientras los alumnos todavía están intentando digerir el concepto táctico que acabo de explicar les pregunto a varios de ellos ¿cuánto tiempo me ha llevado ir hasta el fondo de la clase y volver a la tarima? Normalmente obtengo muchas caras de extrañeza y desconcierto con las que no verbalmente me están preguntando ¿qué más da el tiempo que hayas tardado?

Normalmente las respuestas que me dan oscilan entre 2 y 10 segundos, lo que supone un amplio margen de diferencia. Hay quien alega que no le di ningún tiempo de preparación para activar su cronómetro interno. Pero esa no es la cuestión. En un enfrentamiento que se desarrolla rápidamente nadie se va a parar para recordarte que pongas a cero tu cronómetro. La cuestión radica en que, utilizando únicamente la memoria, un mismo acontecimiento presenciado por avezados observadores parece  como si hubiera tenido lugar en universos diferentes donde la realidad física avanza a velocidades diferentes.

Otra cosa interesante a tener en cuenta es que nunca me dan una respuesta del tipo 3,345 segundos.

¿Por qué esto es así? Cierto es que alguna vez obtengo una respuesta de 3,5 segundos, pero no se trata más que de un intento por afinar sin que ello suponga que se pueda. La inmensa mayoría de acontecimientos que se producen en nuestra vida diaria en términos de expresión oral (cuando hablamos sobre ello) no requieren realizar una división del tiempo más allá de segundos. Pero en el ámbito del combate cercano limitarse a utilizar sólo segundos completos para medir el tiempo es como utilizar un mazo para cortar con precisión un diamante.

En un segundo pueden producirse cambios enormes y muy significativos en cualquier situación. Un adversario competente puede realizar tres disparos con una escopeta semiautomática mientras atraviesa una puerta abierta, cambiando horizontal y verticalmente de posición respecto a ti, todo ello en menos de un segundo.

Durante mis clases en el aula, para ilustrar mejor a los alumnos respecto al punto de calibración, le pido a alguien que se ponga de pie y le entrego a este voluntario una «red gun», una réplica de pistola en plástico duro totalmente inoperativa. Le indico que se la coloque en la cintura y yo hago lo mismo. Le explico que ahora formamos parte de un nuevo juego futurista en un programa de televisión que nos enfrenta uno contra otro, separados un par de metros, en un combate con armas de fuego. Los participantes nos enfrentamos entre nosotros para ganar un premio que asciende a un millón de euros. Ambos contendientes vamos provistos de unos anillos metálicos en muñecas y tobillos que nos mantienen fijos mediante un fuerte campo magnético. Utilizamos armas de fuego reales totalmente funcionales. Cuando la luz se ponga verde ambos quedaremos libres del campo magnético y podremos echar mano de nuestro arma de fuego para batirnos en duelo y disparar según sea necesario.

Llegado este momento le doy una vuelta de tuerca a la situación. Le digo al alumno que él fue más inteligente y más astuto que yo y por eso le ofreció la mitad de sus ganancias al operario del campo magnético para que le liberara de su campo magnético un segundo antes que a mi. El operario le dijo que no porque un segundo era demasiado obvio y los productores lo habrían ejecutado por vulnerar las reglas del juego. Así que el alumno continúa las negociaciones con el operario.

¿Qué tal si en lugar de un segundo son 0,9 segundos? ¿y si son 0,8 segundos? ¿y 0,4 segundos? ¿y sólo 0,2 segundos? En última instancia el operario acepta anular el campo magnético de mi oponente 0,125 segundos antes que el mío. Llegado a este punto le pregunto al alumno, ¿aceptarías esta ventaja de tiempo si se te diera tal oportunidad aunque tuvieras que pagar 100.000 € por ello? ¡La respuesta es inevitablemente afirmativa! Cualquier persona en su sano juicio aceptaría cualquier ventaja de tiempo en un combate con armas de fuego sin importar lo pequeña que fuera esa ventaja de tiempo.

Pero volvamos al principio. ¿Qué importancia tiene el tiempo? ¿Qué importancia tiene aprender a percibir el tiempo? Qué importancia tiene recalibrar nuestro cronómetro interno? ¿Cómo consigue uno ser mejor y más eficiente en cualquier cosa?

El «El Presidente» constituye un típico ejercicio de tiro que muchos instructores utilizan para medir con cierta aproximación la competencia de un tirador.

El tirador inicia el ejercicio de espaldas a los blancos con una pistola cargada en la funda. A la pitada del cronómetro de tiro el tirador se da la vuelta para enfrentarse a tres blancos situados a una distancia de 10 metros y separados 1 metro entre sí. El tirador tiene que realizar 2 disparos sobre cada uno de los tres blancos, recargar y volver a disparar otras 6 veces, 2 sobre cada blanco, tratando de colocar los impactos sobre la zona «A» de un blanco IPSC estándar.

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