Competencia, tiro práctico y errores de enfoque.

Es matemático. No falla. En cuanto se habla de tiro práctico y competición enseguida aparecen los aludidos para desviar la atención con la típica excusa de que «tiro práctico y competición no es lo mismo que combatir», como si hubiera alguna duda al respecto. La excusa se repite aún más cuando se habla del tiro práctico y la competición como herramienta de entrenamiento para profesionales armados, como cuando republicamos este artículo ─los comentarios en redes sociales nunca defraudan cuando hay aludidos─. El artículo no solo no dice ni cuestiona en ningún momento que «deporte y combate son cosas diferentes», sino que lo que dice es perfectamente compatible, como ahora veremos.

El planteamiento es muy sencillo y evidente: tiro práctico y competición (IPSC/USPSA) son un entrenamiento y evaluación especialmente eficaces para entrenar y poner a prueba el uso y empleo de la pistola bajo presión o estrés ─y no vamos a entrar en que la presión o estrés de la competición no es la misma que la del combate, porque no lo es aunque se puedan acercar─.

Se puede decir que un combate es una competición en la que te juegas la vida, aunque deporte y combate evidentemente no son lo mismo.

Por lo tanto, el artículo no dice que la competición sea la realidad de un combate, ni que sustituya el entrenamiento táctico, ni que convierta a nadie en mejor policía o militar por sí sola, ni que el tiro sea lo único importante en estas profesiones. Habla literalmente de una herramienta concreta aplicada a una habilidad concreta. Nada más.

Un comentario habitual cuando sale este tema es que «un policía o militar no solo dispara, sino que su trabajo incluye muchas más materias: derecho, psicología, trato con el ciudadano, táctica, preparación física, primeros auxilios, etc.», lo cual es cierto, pero irrelevante en cuanto al tema que nos ocupa. El hecho de que un policía o un militar hagan muchas otras cosas no reduce la importancia de saber usar y manejar correctamente el arma de fuego cuando tenga que hacerlo. Así no sirve de excusa para un pobre rendimiento con el arma de fuego.

Otra excusa, digamos, que se puede escuchar de vez en cuando es que «la mayoría de policías o militares no utilizan el arma de fuego en toda su carrera». Si bien estadísticamente puede ser cierto, el dato es engañoso. La baja frecuencia en cuanto a la necesidad de usar el arma de fuego no reduce la importancia de dominarla, sino que la aumenta. Precisamente porque no es habitual, cuando hace falta no hay margen para improvisar ni para buscar soluciones.

A nadie se le ocurre consentirle una menor preparación a un piloto de líneas aéreas solo porque la mayoría de vuelos no tienen emergencias, o a un cirujano porque la mayoría de operaciones no se complican. Que algo no suela pasar no sirve de excusa para la mediocridad a la hora de tener que resolverlo o intervenir.

Vamos con otra excusa típica, que consiste en negar que la competición genere cierto estrés relevante, solo porque no es el mismo estrés de un enfrentamiento armado o un combate real, como es evidente. Pero que no sea el mismo, no quiere decir que no tengan similitudes de utilidad, hasta el punto de creer que es el estrés solo se entrena viviéndolo en su forma final ─algo difícil si lo que se supone que genera ese estrés es enfrentarse a una situación de vida o muerte que, por obvias razones, no se puede reproducir en un entrenamiento─.

Hay que tener en cuenta que el entrenamiento humano funciona por exposición progresiva y controlada. La competición introduce presión temporal, evaluación pública, consecuencias visibles al error y carga cognitiva sostenida. No es estrés de combate, pero sí es estrés, y desde luego muy superior al de un entorno cómodo, repetitivo y no medido. No tiene sentido no aprovecharlo.

También es habitual que se ponga como excusa que en competición se hacen cosas que no ajustan a lo que se debería hacer en una situación real desde un punto de vista táctico. Aquí hay una confusión de base. El tiro práctico no pretende enseñar o entrenar táctica, sino tiro: control del arma, eficiencia de movimiento, control del disparador, toma de decisiones bajo presión y tiempo. Confundir lo que se ve en un ejercicio de tiro práctico con táctica policial o militar es no entender para qué sirve la herramienta del tiro práctico y la competición.

Por terminar con las excusas, los hay que cuestionan que el tiro práctico y la competición «solo entrenan velocidad y precisión», como si fuera poco. Sin embargo, velocidad y precisión son las primeras habilidades que se degradan bajo estrés, las únicas que se pueden medir objetivamente y las que condicionan todo lo demás cuando se hace uso de un arma de fuego. No lo son todo, pero sin velocidad y precisión todo lo demás pierde eficacia. No son opcionales, sino imprescindibles.

Para concluir, si reunimos todas las excusas que incluyen los comentarios cada vez que sale este tema, aparece un problema de fondo. El tiro práctico y la competición introducen algo muy incómodo para cualquiera que no esté en condiciones de rendir decentemente: evaluación objetiva de su competencia y la posibilidad de compararse con los demás. Aquí no importan el rango, el puesto, la unidad especial o no, las intenciones, las historias de guerra. No hay excusas que justifiquen u oculten un pobre rendimiento. Y ahí está la resistencia, que implica desplazar el debate hacia «esto no va de ganar una competición en la que los cartones no devuelven los tiros», «la realidad es más compleja», «el tiro no lo es todo», etc. Todo eso es verdad, pero no invalida la utilidad del tiro práctico y la competición como herramienta.

Curiosamente, el tiro práctico no nace como un deporte lúdico desvinculado de la realidad. Surge precisamente del entorno profesional, con la intención de mejorar el uso de la pistola en condiciones exigentes, y durante décadas ha sido utilizado como banco de pruebas. Adivina quién fue uno de sus creadores: Jeff Cooper. Que con el tiempo haya evolucionado y se haya deportivizado no elimina su valor como entrenamiento, al igual que sucede con otros deportes que han servido históricamente para entrenar habilidades sin ser «la realidad».

En resumen, el tiro práctico no es combate y la competición no es la realidad de la calle. Nadie ha dicho lo contrario. Pero entrenar bajo presión, con tiempo, con evaluación objetiva y con consecuencias por cada error mejora habilidades fundamentales que sí aparecen cuando la pistola sale de la funda en la realidad. Negarlo carece de argumentos sólidos más allá de la incomodidad y resistencia de una práctica que no da lugar a excusas, que no se adapta al nivel más bajo y que no protege el ego profesional.

La realidad es compleja y precisamente por eso cuantas más herramientas honestas de entrenamiento tengamos, mejor. Y la competición, exigente e incómoda, es una de ellas.

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