Hoy día la etiqueta de «Perro Pastor» [Sheepdog] se convierte muchas veces en un refugio para el ego frágil, en una una forma de decir «yo soy superior a ti porque yo puedo hacer violencia y tú no». Sigue leyendo antes de discrepar y ten en cuenta que esto lo hemos escrito nosotros, pero con la ayuda de las IAs Grok y Gemini, que no tienen pelos en la lengua.

La falacia de la «oveja» o el «borrego» no hace más que despreciar a las personas, personas que a las que alguno incluso decidió voluntariamente servir (policías y militares, por ejemplo). La premisa fundamental de esta metáfora es un insulto al asumir que el ciudadano medio es una oveja o un borrego por considerarle pasivo, tonto, incapaz de ver el peligro y que solo sabe comer y balar hasta que aparece el lobo. No solo es mentira, sino también elitismo barato.
La Sociedad no está compuesta por ganado, sino por personas como cirujanos que salvan vidas bajo presión, ingenieros que diseñan las infraestructuras que usamos todos los días, madres y padres que sacan adelante familias y profesionales que mantienen el mundo girando.
Que a una persona no le gusten las armas o las artes marciales, o que no se considere o quiera ser un guerrero o un combatiente, no la convierten en una criatura inferior, sino que simplemente ha firmado un contrato social donde delega el uso de la fuerza en profesionales, a los que sí les gustan las armas o las artes marciales, que se consideran o quieren ser guerreros o combatientes. Y el hecho de considerar a las personas en general como «ovejas» o «borregos» no es instinto de protección, sino soberbia. Considerarse «Perro Pastor» es síntoma de narcisismo.
¿Por qué a algunos les gusta tanto esta metáfora de las ovejas o borregos y los perros pastores? Porque es un bálsamo para la inseguridad, dice Gemini. El trabajo de seguridad es ingrato: turnos rotos, sueldos mejorables, estrés y riesgo. Ante esto, el cerebro busca una compensación emocional. Autodenominarse «Perro Pastor» otorga un estatus místico. Ya no eres un funcionario público, sino un miembro de una casta biológica superior.

Esta etiqueta oculta un profundo miedo a la irrelevancia. Si dejas de ser el «guerrero», ¿quién eres? Si aceptas que las «ovejas» o «borregos» son en realidad adultos competentes que simplemente tienen otros trabajos, ¿dónde queda tu superioridad moral? Quien necesita creer que sus vecinos son inútiles para sentirse valioso, no tiene vocación de servicio, sino un Complejo de Mesías.
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