
No sé a ti, pero a nosotros eso de la metáfora de las ovejas o borregos y los perros pastores nos aburre soberanamente. Raro es que no hayas escuchado más pronto que tarde la dichosa cita del Teniente Coronel Dave Grossman, que divide a la Humanidad en tres categorías biológicas: los lobos (depredadores malvados), las ovejas o borregos (la masa indefensa y negadora de la realidad) y los perros pastores (los guerreros elegidos para proteger al rebaño). Tanto es así que para algunos se ha convertido en un dogma de fe. La cita se puede leer en todas partes: en camisetas, en parches, en biografías de perfiles en redes sociales. Lo que se planteó puntualmente como una herramienta psicológica para preparar la mente ante el combate, parece que se ha convertido en algo tóxico.
Hoy día la etiqueta de «Perro Pastor» [Sheepdog] se convierte muchas veces en un refugio para el ego frágil, en una una forma de decir «yo soy superior a ti porque yo puedo hacer violencia y tú no». Sigue leyendo antes de discrepar y ten en cuenta que esto lo hemos escrito nosotros, pero con la ayuda de las IAs Grok y Gemini, que no tienen pelos en la lengua.

La falacia de la «oveja» o el «borrego» no hace más que despreciar a las personas, personas que a las que alguno incluso decidió voluntariamente servir (policías y militares, por ejemplo). La premisa fundamental de esta metáfora es un insulto al asumir que el ciudadano medio es una oveja o un borrego por considerarle pasivo, tonto, incapaz de ver el peligro y que solo sabe comer y balar hasta que aparece el lobo. No solo es mentira, sino también elitismo barato.
La Sociedad no está compuesta por ganado, sino por personas como cirujanos que salvan vidas bajo presión, ingenieros que diseñan las infraestructuras que usamos todos los días, madres y padres que sacan adelante familias y profesionales que mantienen el mundo girando.
Que a una persona no le gusten las armas o las artes marciales, o que no se considere o quiera ser un guerrero o un combatiente, no la convierten en una criatura inferior, sino que simplemente ha firmado un contrato social donde delega el uso de la fuerza en profesionales, a los que sí les gustan las armas o las artes marciales, que se consideran o quieren ser guerreros o combatientes. Y el hecho de considerar a las personas en general como «ovejas» o «borregos» no es instinto de protección, sino soberbia. Considerarse «Perro Pastor» es síntoma de narcisismo.
¿Por qué a algunos les gusta tanto esta metáfora de las ovejas o borregos y los perros pastores? Porque es un bálsamo para la inseguridad, dice Gemini. El trabajo de seguridad es ingrato: turnos rotos, sueldos mejorables, estrés y riesgo. Ante esto, el cerebro busca una compensación emocional. Autodenominarse «Perro Pastor» otorga un estatus místico. Ya no eres un funcionario público, sino un miembro de una casta biológica superior.

Esta etiqueta oculta un profundo miedo a la irrelevancia. Si dejas de ser el «guerrero», ¿quién eres? Si aceptas que las «ovejas» o «borregos» son en realidad adultos competentes que simplemente tienen otros trabajos, ¿dónde queda tu superioridad moral? Quien necesita creer que sus vecinos son inútiles para sentirse valioso, no tiene vocación de servicio, sino un Complejo de Mesías.
El problema real llega cuando esta fantasía se convierte peligrosamente en un «nosotros contra ellos» y alguien que se cree un perro pastor entre ovejas o borregos acaba desarrollando dos patologías operativas, dice Gemini:
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Aislamiento y resentimiento: empieza a odiar al ciudadano porque «no agradece lo suficiente» su sacrificio o «vive en los mundos de Yupi» y se crea una mentalidad de trinchera: nosotros (los pastores) contra el mundo.
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Escalada de fuerza: un perro pastor está entrenado para morder al lobo. Si divide el mundo en binario (o eres oveja o eres lobo), cuando un ciudadano le cuestiona, le graba o no obedece al instante, su cerebro táctico busca encasillarlo. Y si no bala como una oveja sumisa, empieza a tratarlo como a un lobo.
El resultado es un profesional amargado, hipervigilante y desconectado de la comunidad a la que sirve.
Una alternativa mucho más digna a esa etiqueta de «perro pastor» entre «ovejas» o «borregos» y «lobos» es la de «ciudadano especializado», sugiere Gemini. Hay que dejar atrás la vetusta tríada de Grossman porque somos personas y no animales, aunque haya veces que no lo parezca.

Al igual que se confía en un bombero para entrar en el fuego o en un oncólogo para luchar contra el cáncer, la Sociedad confía en profesionales para gestionar la violencia. No hay que ser de una especie diferente para ser un buen profesional. No es necesario deshumanizar al vecino para protegerlo. La verdadera autoestima no consiste en sentirse «pastor» que conduce al rebaño, sino de saberse un guardián competente entre iguales. En lugar de «perro pastor», se puede ser un luchador o combatiente que pelea codo con codo con la Sociedad, alguien echao palante que se come los marrones por los demás, o simplemente un servidor comprometido de la comunidad, términos que no requieren rebajar a nadie a animal de granja.
La metáfora de Grossman pudo servir en su momento para preparar mentalmente a soldados en guerra, pero en la calle, en la vida civil, se ha convertido en veneno, dice Grok. La Sociedad no necesita pastores que ladren y muerdan para sentirse importantes. Necesita profesionales adultos, equilibrados y técnicos. Si alguien necesita convencerse de que el resto del mundo es un rebaño débil, el problema no lo tienen las ovejas o los borregos, sino que el problema de autoestima lo tienes ese alguien.
Otra cuestión que habría que considerar es el porqué todavía hay quien tiene como referente a un autor sin base científica como Grossman. Dave Grossman no es científico, ni sus libros tienen rigor científico, ni su «Killology» es una ciencia, por lo que es un autor divulgativo y sus libros hay que considerarlos como tal, además de ya antiguos y superados.
Por supuesto, sus libros On Killing y On Combat fueron todo un éxito de ventas, pero teniendo en cuenta su contexto histórico. Grossman llenó un vacío en una época (años 90) donde casi no había libros específicos sobre psicología del combate, de forma que el éxito de sus libros se debió más a ser «el único que hablaba de esto» que no al rigor de su contenido o a que tuviera razón. En España tardó algo más en popularizarse porque sus libros traducidos al español Sobre el combate [On Killing] y Matar [On Combat] no estuvieron disponibles hasta mayo de 2020.
El problema es que aun hay quienes arrastran sus dogmas décadas después de la publicación de sus libros, a pesar de que la comunidad científica los ha desmontado repetidamente. Gran parte de las teorías de Grossman se basan en los estudios de S.L.A. Marshall sobre la tasa de disparos en la Segunda Guerra Mundial, cuyos datos han sido calificados por historiadores y estadísticos como fraudulentos o, como mínimo, carentes de rigor metodológico.
Por otra parte, Grossman se inventó su «Killology» en base a anécdotas y moralidad, y no a datos empíricos, psiquiatría clínica o neurociencia revisada por pares. Hay quien llega a decir que las teorías de Grossman no solo carecen de base, sino que «pudieron haber retrasado nuestro entendimiento real de la psicología de matar unos 20 años, desviando la atención hacia explicaciones simplistas (como la desensibilización por videojuegos) en lugar de estudiar los procesos neurológicos reales del estrés».
Décadas después de la publicación de sus libros, la Ciencia ha avanzado muchísimo. Hoy sabemos infinitamente más sobre la respuesta del sistema nervioso simpático, el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) y la gestión del estrés agudo gracias a estudios modernos con biometría real. Utilizar actualmente a Grossman como referencia «es como intentar navegar con un mapa de Ptolomeo teniendo GPS: tiene valor histórico, pero no práctico», dice Gemini.
En resumen, no se trata de criticar libremente al autor o sus libros, sino de entender que hay que basarse en la evidencia y no en la narrativa.
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Luis, creo que estamos mezclando conceptos distintos.
Que la ciencia avance no significa que todo valga o que lo de antes fuera igual de válido. La ciencia se corrige a sí misma basándose en evidencias. El problema de Grossman no es que su ciencia sea vieja, es que nunca fue ciencia. Se basó en los datos de S.L.A. Marshall, que se demostraron fraudulentos e inventados, y en opiniones personales. No es criticar por criticar, sino llamarle a las cosas por su nombre.
En cuanto al tiro, si no rindes en tiro práctico, difícilmente vas a rendir en FoF o en un enfrentamiento real.
El IPSC/USPSA (tiro práctico moderno) es un entorno con estrés alto: pitido, cronómetro, penalizaciones, público mirando, escenarios complejos con movimiento, obstáculos, blancos de todo tipo, incluidos rehenes (no-shoot), táctica, decisiones rápidas.
Por supuesto, no es real, los blancos no te disparan, pero el estrés de la competición está ahí e inocula adrenalina real, taquicardia, visión de túnel, sudoración de las manos, temblor de las manos, según la persona.
Quien falla en lo básico en un escenario de IPSC/USPSA (mal empuñe, mala presentación del arma, malos tiempos de split, no controla el retroceso, se olvida de recargar) va a fallar el triple en un FoF con simunition y el cuádruple en un enfrentamiento real donde hay sorpresa, miedo y consecuencias reales.
El que clava alfas a 25 m en movimiento, recarga en 1,2 segundos bajo presión y resuelve problemas complejos en 20-30 segundos tiene una base técnica y mental que se transfiere automáticamente a la realidad. No al 100%, pero sí mucho más que el que no tiene ese rendimiento.
Claro, y dentro de unos años habrá críticos con los estudios actuales …. La ciencia avanza y también retrocede en ocasiones, basta extrapolar los estudios a la alimentación o entrenamiento físico, a veces da la impresión que para querer avanzar es necesario destruir lo anterior, como un complejo de no ser innovador sino de desmantela otro punto de vista… yo no soy fanático de ninguna teoria o pseudo ciencia , me limito a intentar obtener las herramientas que aportan y adaptarlas a mi psicología y fisiología y por supuesto siempre abierto a evolucionar y más importante “desvolucionar” no siempre lo innovador es mejor y en no pocas ocasiones es peor, es el precio de intentar mejorar y no conformarse…
Y por otro lado ¿ cuantos son perfectos en entrenamiento y combate pactado o arbitrado y pésimos bajo actuaciones reales o enfrentamiento real ? Yo conozco unos cuantos…. El entrenamiento y conocimiento son fundamentales y mejoran claramente pero el factor personal de cada uno es fundamental! Lo extrapolo a los tiradores de recorrido y pruebas que lo clavan hasta que enfrente hay uno que lo frie a tiros ( fx simulation claro) y ni hace mejor tiempo ni coge la posición perfecta y ni atina ni un 50% de su entreno habitual…
Actualizo también el artículo, porque creo que también es importante tener perspectiva respecto a Dave Grossman y sus libros.
Otra cuestión que habría que considerar es el porqué todavía hay quien tiene como referente a un autor sin base científica como Grossman. Dave Grossman no es científico, ni sus libros tienen rigor científico, ni su «Killology» es una ciencia, por lo que es un autor divulgativo y sus libros hay que considerarlos como tal, además de ya antiguos y superados.
Por supuesto, sus libros On Killing y On Combat fueron todo un éxito de ventas, pero teniendo en cuenta su contexto histórico. Grossman llenó un vacío en una época (años 90) donde casi no había libros específicos sobre psicología del combate, de forma que el éxito de sus libros se debió más a ser «el único que hablaba de esto» que no al rigor de su contenido o a que tuviera razón. En España tardó algo más en popularizarse porque sus libros traducidos al español Sobre el combate [On Killing] y Matar [On Combat] no estuvieron disponibles hasta mayo de 2020.
El problema es que aun hay quienes arrastran sus dogmas décadas después de la publicación de sus libros, a pesar de que la comunidad científica los ha desmontado repetidamente. Gran parte de las teorías de Grossman se basan en los estudios de S.L.A. Marshall sobre la tasa de disparos en la Segunda Guerra Mundial, cuyos datos han sido calificados por historiadores y estadísticos como fraudulentos o, como mínimo, carentes de rigor metodológico.
Por otra parte, Grossman se inventó su «Killology» en base a anécdotas y moralidad, y no a datos empíricos, psiquiatría clínica o neurociencia revisada por pares. Hay quien llega a decir que las teorías de Grossman no solo carecen de base, sino que «pudieron haber retrasado nuestro entendimiento real de la psicología de matar unos 20 años, desviando la atención hacia explicaciones simplistas (como la desensibilización por videojuegos) en lugar de estudiar los procesos neurológicos reales del estrés».
Décadas después de la publicación de sus libros, la Ciencia ha avanzado muchísimo. Hoy sabemos infinitamente más sobre la respuesta del sistema nervioso simpático, el eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) y la gestión del estrés agudo gracias a estudios modernos con biometría real. Utilizar actualmente a Grossman como referencia «es como intentar navegar con un mapa de Ptolomeo teniendo GPS: tiene valor histórico, pero no práctico», dice Gemini.
En resumen, no se trata de criticar libremente al autor o sus libros, sino de entender que hay que basarse en la evidencia y no en la narrativa.
David, efectivamente lo del dichoso «perro pastor» se puede entender como actitud proactiva ante el peligro, no solo cuestión de profesionales, porque hay civiles que actúan y profesionales que miran para otro lado. Por esa misma razón la metáfora está fuera de lugar, al insinuar que esa proactividad es innata, propia de una «casta biológica», cuando en realidad es entrenable y situacional. Al final, dividir en tres tipos fijos simplifica demasiado y puede generar resentimiento. Mejor vernos como ciudadanos con diferentes roles, algunos especializados en el uso de la fuerza.
Por otra parte, si queremos darle otra vuelta a la metáfora, no hay perro pastor sin pastor, nada me falta, jajaja.
Gracias por el aporte.
De hecho son perfectamente compatibles, pero vamos todo evoluciona y todo tiene un perfil de adaptación particular y personal… nadie tiene la razón absoluta de algo y como muchos artículos de este blog lo que te dan son herramientas y cada uno debe saber utilizar las que mejor le vayan, tanto Grossman como Cooper son bastante buenos y dignos de tener en cuenta
No estoy de acuerdo. Como concepto amplio de perro pastor entiendo la actitud respecto a una situación o a la vida: como actuarían una serie de personas: policías, bomberos, sanitarios, civiles, etc
… cualquiera q no miraría hacia otro lado y haría lo q pudiese en una situación de conflicto. Es más: no lo da el vestir un uniforme ya que hay personas q lo visten y no lo merecen, sino la proactividad en una situación concreta.
Esa metáfora fuera del propio libro ya está fuera de contexto. Quizás en sus libros tenga su sentido, pero fuera de ellos no lo veo.
Por otra parte, los libros de Grossman libros son y recibieron críticas por no ser realmente científicos. A día de hoy puede haber algunos conceptos vigentes, pero ya hay mucha más literatura científica y conocimiento que en su época. Recuerdo haber leído alguna crítica que echaba en cara que Grossman escribiera sobre algo que él no había llegado a vivir porque se quedó en casa escribiendo sus libros mientras otros se iban desplegados a experimentar en sus carnes precisamente lo que él recogía en sus libros. Yo no veo el problema siempre que se documenten las cosas en evidencias con cierto rigor científico, que es algo que también se criticó de los libros de Grossman. Puede que sus libros sean interesantes como referencia de los que había en aquella época, siempre que se consideren como tal y no como una Biblia, que parece que es lo que ha pasado con esa metáfora poco afortunada.
Resulta mucho más práctico y acertado lo que explicaba Jeff Cooper con su código de colores.
Bueno como todo, si y no, si se saca del contexto de Grossman puede ser lo que intenta transmitir el artículo y algo de postureo o quizás necesidad de sentirse mejor… pero en los dos libros clave de Grossman ( Sobre el combate y matar) deja claro con esos ejemplos que no va en la profesión sino en el carácter, no se menos precia a nadie, pero deja claro que solo un pequeño porcentaje está predispuesto a combatir, y lo de los lobos ( para mi animal maravilloso) lo usa como metáfora del que tiene acometividad en pro de la maldad y el perro pastor el que es capaz de acometer pero lo haría en caso de ser atacado él u otras personas que sin desestimar sus virtudes éstas no serían capaces de enfrentarse al malo. Un saludo y buen artículo, y me gusta más la frases “ el lobo, el perro pastor y la oveja tienen conceptos distintos de lo que es la libertad, de ahí surgen muchos conflictos hoy día”