Mitos de Hollywood: la eficacia del fuego automático frente al fuego semiautomático.

Los mitos de las películas en cuanto a armas de fuego suelen distar mucho de la realidad. Tal es el caso del fuego automático, porque lo habitual es que en las películas todo fusil dispare en fuego automático sin que suponga un problema a la hora de impactar sobre el blanco ─por no hablar del consumo de munición, que en las películas no suele ser un problema─.

Comprobar que la realidad es bien distinta resulta tan sencillo como realizar la prueba en el campo de tiro. Más abajo tienes dos vídeos de ejemplo, uno de Larry Vickers ─de sobra conocido en el mundo de las armas de fuego─ y otro de Christian Wade  ─ahora en la reserva y hasta no hace mucho maestro armero de la 2ª División de Infantería de Marina estadounidense─. Las conclusiones saltan a la vista y se ajustan a lo lógico y razonable.

El fuego automático permite disparar rápido, muy rápido, del orden de varios cientos de cartuchos por minuto, lo que implica un consumo elevado de munición. Pero, al mismo tiempo, la dispersión del tiro se amplía considerablemente, de modo que después de dos o tres disparos los demás fácilmente se van fuera del blanco ─especialmente a poco que aumenta la distancia, digamos que más allá de 20 metros─. A cierta distancia, digamos más de 50 metros, no es fácil meter más de un impacto en el blanco con cada ráfaga, especialmente si se dispara de pie. Aún tratando de ajustar las ráfagas en fuego automático a 3 o 4 disparos, no es fácil controlar la reelevación de la boca de fuego que hace que los disparos vayan subiendo y saliéndose del blanco ─hacia la derecha o izquierda, según el tirador─.

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