El conocimiento es poder. El efecto del entrenamiento sobre las habilidades motoras. Por Mike Pannone.

Resulta habitual atribuir la capacidad o incapacidad de llevar a cabo una acción a las habilidades motoras finas o a las gruesas, cuando en realidad suele tratarse tanto de habilidades motoras finas como gruesas, ambas al mismo tiempo, junto con el entrenamiento repetitivo adecuado. Según mi propia experiencia en las unidades de operaciones especiales de más alto nivel, éramos capaces de realizar bajo estrés acciones de habilidad que desde fuera de nuestra comunidad profesional parecían prácticamente imposibles. Una de tales acciones de habilidad en concreto era el tiro.

Si bien existe un gran número de tiradores realmente buenos entre nuestros policías y tiradores civiles, ni por asomo existen tantos tiradores de combate de altísimo nivel como los que teníamos en nuestras unidades. Contábamos con tal cualidad como organización porque nos concentrábamos en realizar toda acción con máxima precisión hasta que llegaba a convertirse en algo intuitivo.

Esta naturaleza intuitiva, habitualmente denominada memoria muscular y formalmente denominada «patrón de respuesta aprendido», radica sencillamente en el ejercicio de ciertas conexiones neuronales hasta que se convierten en una especie de programa, de forma que posteriormente se ejecuta cuando pulsamos mentalmente la tecla «enter» o bien cuando afrontamos una determinada situación o sensación que se corresponde con el comando «ejecutar». Con esto quiero decir que cuando reconocemos una situación inmediatamente podemos encontrar psicológicamente la solución y ejecutar la técnica adecuada o notamos cierta sensación que se convierte en una señal física para ejecutar la solución.

Aquí tienes un par de ejemplos:

• Cuando decidimos desplazarnos de una posición a cubierto a otra, sabemos que hemos vaciado parcialmente el cargador del fusil y queremos encontrarnos en disposición de poder disparar durante el mayor periodo de tiempo posible cuando nos encontremos en la nueva posición a cubierto, así que realizamos una recarga o cambio de cargador antes de iniciar el movimiento.

• Cuando disparamos el fusil o la pistola sentimos la transferencia de energía atrás y adelante entre las partes móviles del arma hasta que el ciclo del disparo se ve interrumpido al quedar retenido atrás el cierre o la corredera. En ese momento la señal física planteada por esa alteración de la transferencia de energía en el arma la notamos en el hombro o en las manos y gracias al entrenamiento repetitivo adecuado se convierte en la señal para llevar a cabo una recarga o cambio de cargador.

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