
Ante cualquier incidente, sea del tipo que sea, para conocer los detalles de lo sucedido y llegar a comprender todos los factores implicados, se suele acudir a los testigos, directos u oculares, para recabar su versión de los hechos. Dicha versión y la información vertida en ella van a depender de lo que recuerden esas personas (testigos) que han participado directamente en el incidente o lo han presenciado. Pues bien, parece ser (cosa que no resulta ningún secreto ni nada nuevo) que tales versiones han de considerarse con cautela dado que no siempre serán de fiar y pueden incluir datos poco o nada precisos y carecer de algunos detalles de vital importancia para esclarecer los hechos, aunque los testigos ni siquiera sean conscientes de ello. Pero es que además estas circunstancias se agravan especialmente en el caso de incidentes con una gran carga de estrés, como puede ser un enfrentamiento armado.
Esto quiere decir que durante la investigación de un enfrentamiento armado no siempre las versiones de los testigos, ni siquiera los directamente implicados, se ajustarán plenamente a la realidad. Posiblemente no recuerden todos los detalles y/o aquellos que recuerden no se ajusten con precisión a la realidad, por lo que si es posible se hace necesario contrastar a través de otros medios la información aportada por los testigos.
Entre los detalles de vital importancia que pudieran tergiversarse en las versiones de los testigos se encuentran aquellos relativos al arma portada por el agresor durante un enfrentamiento armado, lo cual podría ser determinante para el esclarecimiento de los hechos y la depuración de responsabilidades.

Asimismo, hay acciones que fruto del estrés se realizan sin tener plena consciencia de que se han realizado, por lo que difícilmente van a recordarse, menos aún con todo lujo de detalles. De esta forma, preguntas tales como el número de disparos realizados o si se han utilizado los elementos de puntería van a tener difícil respuesta o esta no se ajustará a la realidad. Precisamente el mismo estrés que parece justificar el hecho de que en un enfrentamiento armado no se pueda apuntar va a justificar el hecho de que no se pueda recordar con exactitud si se han llegado a utilizar los elementos de puntería.
Gracias a un estudio del Force Science Institute (FSI) [Instituto Ciencia de la Fuerza] se demuestra que la memoria es peor respecto al momento más crítico del enfrentamiento armado de un policía [Officer Involved Shooting (OIS)], sobre lo cual se publicó un artículo en el número 290, con fecha 25 de agosto de 2015, del boletín Force Science News [Noticias Ciencia de la Fuerza], que publica bimensualmente el Force Science Institute que preside el Dr. Bill Lewinski. A continuación se reproduce la traducción al español de dicho artículo.
La traducción y publicación de este artículo cuenta con la autorización de Scott Buhrmaster, vicepresidente del Force Science Institute.
La memoria es peor respecto al momento más crítico del enfrentamiento armado de un policía.
Un nuevo e importante estudio sobre el rendimiento humano bajo estrés, promovido por el Force Science Institute (FSI), revela una gran ironía.
Concretamente, que en el momento más crítico de un enfrentamiento armado (posiblemente el momento más importante que un policía ha de ser capaz de describir con mayor precisión) resulta bastante probable que la memoria del policía respecto a algunos detalles fundamentales sobre lo sucedido sea la menos fiable.
En particular, este estudio, el primero de este tipo, recoge que aquellos policías que se ven implicados directamente en un enfrentamiento armado suelen tener dificultades para responder con exactitud preguntas relativas al arma del agresor, tales como si pudo ver un arma en las manos del agresor, cómo sacó el arma el agresor, o incluso si el agresor llegó a disparar durante el enfrentamiento.
La prestigiosa revista Law and Human Behaviour [Derecho y Comportamiento Humano] de la American Psychological Association (APA) [Asociación Americana de Psicología] va a publicar un informe contrastado sobre este estudio. Con ésta serán ya once las revistas científicas reconocidas que hayan publicado algún estudio del Force Science Institute (FSI) relacionado con el trabajo policial.
La investigación fue llevada a cabo por un equipo internacional de profesionales entre los que se encuentra el Dr. Bill Lewinski, director ejecutivo del FSI. La Dra. Lorraine Hope, profesora de psicología cognitiva aplicada en la Universidad de Portsmouth (Inglaterra), es la autora principal de las conclusiones de esta investigación. (La Dra. Hope lideró hace varios años otro emblemático estudio del FSI en el que se puso a prueba la funcionalidad y la memoria de policías que fueron sometidos a ejercicio físico que llegaba hasta el punto del agotamiento. Haz clic aquí para mayor información).
REPARTO DE TAREAS.
En el presente estudio participaron como sujetos de prueba un total de 64 policías de una zona urbana de Canadá, con edades comprendidas entre los 22 y los 59 años y una experiencia profesional que iba desde los más novatos, recién incorporados, hasta los más veteranos, a punto de retirarse. Se les separó aleatoriamente en dos grupos, Policías Activos («operativos») y Policías Observadores, y se formaron binomios con un policía de cada grupo. Todos los participantes fueron pasando de binomio en binomio por un escenario que recreaba una situación violenta que les inducía estrés.
A medida que se desarrollaba el escenario, el Policía Activo, equipado con un arma de entrenamiento cargada con munición de fogueo, tenía que responder como si todo fuera real y estuviera de servicio, mientras el Policía Observador se limitaba a observar lo que sucedía sin hacer nada. Entre otras cosas, los investigadores pretendían comprobar qué diferencias había, si es que se daba el caso, entre las versiones de los hechos aportadas posteriormente por cada miembro del binomio.
El procedimiento del experimento, que comprendía varias fases, se prolongó a lo largo de casi una semana hasta finalizar la evaluación de todos los binomios.
Primero cada binomio tenía que ver un «vídeo de ambientación» de dos minutos que se suponía que había sido grabado con un móvil en una clase de la universidad. Durante una clase un alumno descontento entra en el aula y se pone a discutir con el profesor por las malas notas. El sujeto se pone muy nervioso, saca un cuchillo del bolsillo y toma como rehenes al profesor y a otro alumno, a los que amenaza con el cuchillo, mientras los demás escapan.
Después de eso, dentro del «aula», cada binomio de policías «desplazados» al lugar, se enfrenta al «escenario experimental», que dura cuatro minutos aproximadamente. En posiciones preestablecidas de pie uno al lado del otro, en un primer momento los policías pueden ver cómo el individuo ya fuera del aula amenaza al profesor y al alumno que toma como rehenes en las imágenes «en directo» del incidente «en curso» obtenidas por una cámara de videovigilancia ubicada en el pasillo, fuera del aula. Tras unos segundos, el individuo irrumpe en el aula donde se encuentran ambos policías, utilizando a uno de los rehenes como escudo mientras le amenaza con un cuchillo en el cuello.
Después de realizar varias demandas, libera al rehén, tira el cuchillo al suelo y vuelve al pasillo. Una vez allí, en las imágenes de la cámara de videovigilancia, se puede ver cómo «se mete una pistola en la cintura de los pantalones».
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