La instrucción y/o adiestramiento en el combate con armas de fuego comprende aprender y practicar tácticas, técnicas y procedimientos (TTPs). Teniendo en cuenta que puede haber tantas TTPs como puntos en una recta ─es decir, infinitas─ y que, además, la teoría de la evolución (que no involución) también resulta aplicable a las TTPs, es decir, que con el paso del tiempo se quedan como están o cambian para mejor (no van a cambiar para peor) ─porque hoy no se sabe ni se dispone de los mismos medios, conocimientos y experiencia que ayer─, hay que optar por unas u otras TTPs. Sería absurdo e imposible pretender quedarse con todas las TTPs.
Entonces, ¿con qué TTPs te quedas? Pues, como es evidente, con aquellas que sean las mejores, con las más buenas. Se trata de elegir muy especial y concretamente aquellas TTPs que sean «las mejores para nada, pero las más buenas para todo», es decir, las más polivalentes, las que me permitan un mayor rango de aplicación a las múltiples situaciones cambiantes de la realidad del combate con armas de fuego, ¡ahí es nada! Y esas TTPs serán seleccionadas entre todas las de cada momento, de tal forma que unas prevalecerán como las actuales y vigentes (como la isósceles moderna o modificada) y otras quedarán obsoletas (como la californiana o la yaqui).
¿Y cuáles son las TTPs mejores o más buenas? Pues las que le ofrezcan mejores resultados a cada uno, aunque normalmente coincidirán para casi todos y serán populares. Por falta de recursos y tiempo no es práctico aplicar el método de ensayo y error a todas las TTPs conocidas del presente, pasado y futuro. Por lo tanto, hay que confiar en otros, pero no todos ni cualquiera, y analizar sus resultados como un posible elemento de juicio y valoración.
Parece bastante razonable que aquellos que se coronan como los mejores en una determinada disciplina, por obtener los mejores resultados, sean quienes utilicen las mejores TTPs. Dicho de otro modo, las mejores o más buenas TTPs suelen ser aquellas que utilizan los mejores. Y los mejores no son aquellos que lo parecen, sino aquellos que lo demuestran con sus resultados, por ejemplo, en el tiro deportivo los mejores son aquellos que compiten al más alto nivel y obtienen los primeros puestos de la clasificación, no los que mejor disparen entre un selecto grupo de malos tiradores.
Por ejemplo, el salto de altura es una prueba de atletismo que lleva siendo olímpica desde los primeros juegos de Atenas en 1896. La TTP utilizada inicialmente por todos los atletas consistía en la tijera, posiblemente porque no se conocía otra TTP que diera mejores resultados. No obstante, en 1968 Dick Fosbury se alzó con el título de campeón olímpico utilizando una TTP, por aquel entonces extravagante e innovadora, que consistía en saltar de espaldas, algo que a primera vista parecería absurdo. A la vista de los resultados todos los atletas adoptaron esa TTP y a fecha de hoy es la actual y vigente, habiendo quedado la de la tijera obsoleta desde entonces.
Evolución de la TTP del salto de altura.
Ahora bien, ¿en el combate con armas de fuego a quiénes podemos considerar los mejores a los que imitar? Por una parte, a aquellos con más experiencia exitosa en la materia, lo cual es difícil de cuantificar. Y, por otra parte, teniendo en cuenta que el combate con armas de fuego implica disparar (aunque NO consiste únicamente en disparar), a aquellos que mejor disparan, es decir, campeones de tiro deportivo. Puede que los mejores tiradores deportivos no puedan enseñarte a combatir, pero casi seguro que pueden enseñarte a disparar. Disparar mejor se traduce en combatir mejor con armas de fuego, al menos en lo que respecta a la parte del tiro, que no es poco, sino una parte bastante importante. De esta forma, por ejemplo, Rob Leatham, uno de los mejores tiradores del mundo de todos los tiempos, que lleva acumulando campeonatos desde principios de los años 1980, ha entrenado tanto a policías como a militares, miembros de las unidades de operaciones especiales más elitistas del mundo.
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