El Francotirador [American Sniper]. La carta que Marc Lee, el primer SEAL fallecido en combate en la guerra de Irak, nunca pudo enviar.

Marc Alan LeeA raíz de la película El Francotirador [American Sniper], sobre la vida de Chris Kyle, Maya Elbaum ─esposa de Marc Lee, primer SEAL fallecido en combate en la guerra de Irak [Operation Iraqi Freedom]─, quiso que se conociera cómo era realmente su marido, porque cree que en la película se ofrece una imagen totalmente equivocada que no se corresponde en modo alguno con lo que Chris Kyle contaba en su libro.

Esta es la carta que Marc Lee les escribió a sus familiares y amigos, pero que nunca llegó a enviar, porque falleció el 2 de agosto de 2006, dos semanas después de escribirla.


La Gloria es algo que algunos hombres persiguen y con la que otros se topan, sin esperarlo. En cualquier caso, se trata de un noble gesto que se les concede. Mi pregunta es, ¿cuándo se difumina la Gloria y se convierte en una cruzada equivocada, o un medio injustificado por el que uno se consume completamente?

He visto la guerra. He visto la muerte, la tristeza que abarca todo tu ser cuando un hombre expira su último aliento.

Solo puedo rezar, con la esperanza que ninguno de vosotros tenga que experimentar jamás ninguna de las cosas que he visto y sentido aquí.

He sentido miedo y he sentido cómo la adrenalina se bombeaba por mis venas y me hacía parecer invencible. Seré sincero y diré que algunas de las cosas que he visto aquí están injustificadas y fuera de lugar. Sin embargo, en general, estamos ayudando a este país. Llevará más años de los que esperábamos, pero conseguiremos que Irak se mantenga en pie por sí mismo.

En realidad, nunca mencionaré o hablaré de gran parte de lo que he visto aquí, únicamente por la naturaleza de aquellos implicados. He visto a un hombre entregarle su comida a un niño famélico y a su familia.

Hoy vi un hospital en el que la mayoría de nosotros rechazaríamos recibir ningún tipo de asistencia médica. La suciedad y el pestazo no nos permitirían entrar siquiera a recoger un medicamento. Sin embargo, os aliviará saber que las fuerzas de la coalición han empezado a dar seguridad y entregar medicinas y equipos para ayudar a la causa.

Aquí he visto pasar cosas asombrosas; no obstante, también he visto la parte triste de la guerra. He visto los principios morales de un hombre al que no le importa nada la vida humana. He visto el odio hacia la gente de una nación, que no ha hecho nada malo salvo nacer en el tercer mundo, sin educación, ignorada por la civilización occidental. No todo el mundo lo siente de esta manera, son solo unos pocos, pero esto te trae preguntas a la mente. ¿Está bien que uno se crea superior a otra raza?

Sorprendentemente, no somos ajenos a esta clase de actitud. Lo que quiero decir es que en nuestro propio país discriminamos a las personas según de qué nacionalidad sean, según su nivel cultural, según su clase social. Identificamos nuestros modelos a seguir como héroes del deporte multimillonarios o actores y actrices de éxito, que se quejan por no ganar más millones de los que ganan actualmente.

Nuestro país es un gran país, no me malinterpretéis, de lo contrario, ninguno de nosotros viviríamos allí. La cuestión es, ¿cómo podemos venir aquí y ayudar a un país menos afortunado, sin despreciarles u odiarles, si ni siquiera somos capaces de hacerlo en nuestro propio país? Aquí intento hacer lo que puedo, pero la verdad está allí, en los Estados Unidos. Yo solo hago mi parte.

Preguntaos a vosotros mismos cuándo fue la última vez que donasteis ropa que no habíais usado. ¿Cuándo fue la última vez que invitasteis a café, a comer, o incluso quizás a un depósito de combustible, a un desconocido al azar? ¿Cuándo fue la última vez que ayudasteis a una persona a meter o sacar la compra del coche?

Pensad por un momento en cómo os sentiríais si cuando fuerais a pagar la cuenta de la comida os dijeran que ya está pagada. Más actos de generosidad como este cambiarían nuestro país y nuestra reputación como país.

Para la mayoría de nosotros no se trata de ningún secreto que el resto del mundo nos observa con recelo por nuestra humanidad y moral.

Pero no os escribo para sermonearos, ni para que os fijéis en mí, porque tengo tanta culpa como cualquier otro. He descubierto que estar aquí me ha hecho darme cuenta del gran país que tenemos y de la obligación que tenemos para que siga siendo así.

Acaba de pasar el 4 de julio y he recibido muchos correos electrónicos de agradecimiento por contribuir a mantener EE.UU. grande y libre. No tiene mérito, porque yo he escogido este camino; no puedo hacer otra cosa más que trasladaros ese agradecimiento a los que estáis leyendo esta carta, porque vosotros sois los que habéis contribuido a que yo sea quién soy.

Sin embargo, lo que hago aquí no es más que una pequeña parte de lo que hace grande nuestro país. Creo que la realidad de nuestra grandeza radica en cada uno de vosotros. Pureza, moral y generosidad se han transmitido de generación en generación a través del ejemplo. Así que, todos mis familiares y amigos, hacedme un favor y transmitid la generosidad, el amor, el precioso regalo de la vida humana, de uno al otro, de forma que cuando vuestros hijos se encuentren con un gran conflicto, como en el que estamos ahora mismo aquí en Irak, sean personas con humanidad, con motivos puros, con compasión.

¡Ese es nuestro auténtico papel para mantener EE.UU. libre! ¡FELIZ 4 DE JULIO!

Os quiere,

Marc Lee

 

PD: Todavía estamos a mitad de misión y ya estoy deseando veros a todos.

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